Volver a la calle

Por Damián Ignacio Brito

Llegado el primer año de gobierno de Sebastián Piñera y confirmándose el carácter conservador y derechista de su gabinete es que surgen las primeras preguntas en relación al rol de los movimientos sociales, en esta nueva arremetida de quienes han dejado claro no están dispuestos a generar cambios que mejoren las condiciones de vida y atiendan las reivindicaciones del pueblo.

Es más, llegan, en algunos casos, oponiéndose abiertamente a las paupérrimas reformas de corte social que realizó el gobierno de Michelle Bachelet y planteándose el desmontar leyes como la del Aborto en 3 causales, entre otras medidas. Esto supone un gran desafío para los movimientos sociales y organizaciones populares, que no sólo deberán enfocar sus esfuerzos en avanzar en sus reivindicaciones sino que, también, evitar cualquier privatización, flexibilización o neoliberalizacion de sus derechos. 

Los estudiantes 

En la actualidad, pareciera que sólo existen 2 movimientos sociales que están en condiciones o con la suficiente fuerza para enfrentar al gobierno y su parlamento. Estos son el Movimiento NO+AFP y el Movimiento Estudiantil, siendo este último actor clave en el anterior gobierno de Sebastián Piñera en poner en la palestra y forzar la discusión nacional sobre la gratuidad universitaria y el lucro, cosa que, en términos concretos, terminó por condicionar al pasado gobierno, ya que los «ofertones» de campaña estaban claramente determinados por la aparición de este movimiento social y sus demandas. 

Hoy, ya pasados varios años desde los acontecimientos del 2011, el Movimiento Estudiantil no es el mismo. Ha sufrido maduraciones propias de su ya larga existencia, pero también retrocesos preocupantes. Ejemplo de esto es que la demanda mas antagónica contra el sistema, que es el fin al lucro, terminó, a través de los años, diluyéndose y no instalándose al centro del debate. Lo esencial en esta discusión, es el sacar réditos económicos o montar negocios con los derechos sociales, centrando la discusión en la gratuidad universitaria y los distintos mecanismos para financiarla, dejando la deuda y la propuesta de nacionalización de los recursos naturales fuera. Pero, lo que es claro es que, en términos organizativos y de fuerza movilizadora, es el movimiento que mas condiciones tiene de ponerse a la cabeza de los movimientos sociales en oposición a la agenda neoliberal.  

Los trabajadores 

Por otra parte tenemos al Movimiento NO+AFP, que ha logrado movilizar a cientos de miles en torno a la problemática de las pensiones, pero que en sus formas de lucha no ha logrado poner en jaque a los gobiernos, mas allá de lograr masividad en las distintas movilizaciones o actividades que ha impulsado la coordinadora. Este movimiento a diferencia del estudiantil es un movimiento que tiene una gran presencia de trabajadores de distintos sectores, con una demanda que cala profundo en el sentido común de la clase trabajadora en Chile. Este es un potencial que las organizaciones sociales y populares deberían aprovechar para acercar a más franjas de pueblo a la lucha por conquistar nuestros derechos, teniendo en cuenta que el sistema de capitalización individual es uno de los pilares del sistema y con el cual los empresarios, en Chile, roban miles de millones de pesos al año a los trabajadores en ganancias, por las inversiones hechas con los dineros de los trabajadores, ganancias que no se han traducido en una mejora en las pensiones y que, al contrario, han gestado un sistema de pensiones de hambre y miseria. 

La única posibilidad real de resistir una nueva ofensiva neoliberal es generando organización y protesta social y ese es el camino que debemos tomar. Parece un cliché decirlo, pero no lo es. Hoy, más que antes, se hace urgente la construcción de organizaciones que sepan agitar y dirigir su intervención política y social hacia la calle. Este es el histórico espacio que ha tenido el pueblo para enfrentar a quienes quieren precarizar sus condiciones de vida y para que unas pocas familias se llenen los bolsillos y sigan perpetuando la explotación, el robo y la injusticia en contra de los trabajadores.