El VIH en Chile y la falta de salud preventiva

Por Catalina Fuentes

El incremento de los casos del VIH/SIDA en Chile en el último tiempo nos ha llevado a la alarmante cifra de 14 chilenos/as diagnosticados/as diariamente y 4900 casos nuevos en el año 2016, pero no se trata solo de cifras. Se habla también de epidemia –y de forma irresponsable- del descontrol y desenfreno sexual, e incluso se ha dicho en televisión que la enfermedad es un invento.

Lo cierto es que más allá de toda especulación, la causa no es azarosa. Claramente las medidas tomadas han fallado y el fracaso es multisectorial. No sacamos nada culpando al gobierno de turno o responsabilizando a los jóvenes, quienes – entre los 15 a 29 años – son foco de contagio. El mayor problema es el contexto social de nuestro país, que siendo uno de los más conservadores del mundo y supeditado a un estado que responde a esas lógicas, no ha podido desarrollar una educación sexual capaz de brindar a las personas herramientas para mantenerse saludables.

Más allá de ello, hay que mencionar que es en el sistema de salud, su estructura y funcionamiento, en donde podemos evidenciar el fracaso de las políticas públicas. Como es previsible, en el caso del VIH/SIDA también existe una enorme brecha y segregación entre el sector público y privado incluso desde su diagnóstico; el cual en el primero es burocrático, engorroso y lento, mientras que en el segundo (en donde, por su puesto, se paga) es informado, expedito y rápido. Esto no necesariamente se debe a un tema de recursos ni voluntad, si no que responde a una gestión ineficiente en el sector público, la desviación de esfuerzos hacia la atención secundaria y terciaria, la mantención de un sistema paternalista y el fortalecimiento del sector privado por parte del estado.

No es de extrañar que haya 32.500 personas infectadas sin diagnóstico, control ni tratamiento. No es de extrañar que tanto el virus como la enfermedad haya tenido un aumento de 66% en los últimos 7 años. No es de extrañar, si no tenemos un sistema de salud que responda a las necesidades del pueblo, si no tenemos una atención primaria dispuesta a otorgar herramientas de autogestión en salud, si no estamos dispuestos como profesionales y futuros profesionales a renunciar al paternalismo asistencialista y poder hacernos cargo de promover y prevenir antes que lamentar y buscar medidas desesperadas.

Pueden facilitar el acceso a los test del VIH, pueden aplicar todos los planes piloto que deseen, pueden incluso otorgar la píldora del día antes o el día después para evitar el contagio. Pero nada de esto sirve sin un giro dialéctico y estructural no solo en el sistema de salud y educativo, sino que en como comprendemos la organización política y social