Venezuela: Despolitización y la falta de una alternativa de izquierda

Por Lucas Koerner, Venezuela Analysis

Desde Caracas, Venezuela los compañeros de Venezuela Analysis están haciendo reportajes desde una perspectiva crítica del proceso bolivariano. A continuación compartimos la primera parte de una mini-serie que pretende dar a conocer las problemáticas reales de la Revolución Bolivariana.

A pesar de que Maduro retiene el apoyo de millones de chavistas de base, también se ha puesto muy evidente que sectores importantes de las clases populares venezolanas han perdido fe en el presidente y en su partido desde que movilizaron masivamente para reelegir a Hugo Chávez con más de ocho millones de votos en 2012. Años de profunda crisis económica, enfrentada con concesión tras concesión por una élite partidista devenida en reformista y burocratizada han cobrado un alto precio despolitizante, vaciando la amplia base popular del gobierno bolivariano. En vez de tomar la ofensiva con urgentes reformas al sumamente complejo y disfuncional sistema de intercambio de divisas que por mucho tiempo ha facilitado el saqueo de petrodólares estatales por parte de empresas transnacionales y sus aliados burocráticos corruptos, el gobierno por lo general se ha quedado con los brazos cruzados, optando al contrario por inadecuados aumentos salariales, el defacto abandono de controles de precio, y priorización de pago de deuda externa por encima de importes críticos. En resumen, como concluye el Partido Comunista Venezolana (PCV) en su análisis de la coyuntura actual, “[E]l gobierno del presidente Nicolás Maduro no ha concebido y, mucho menos, ejecutado políticas o planes que signifiquen una salida revolucionaria a la crisis capitalista venezolana, limitándose a gestionar la crisis sin afectar el dominio del capital.”

Las repercusiones de estas políticas se han medido en las urnas. Como bien apunta Ociel López, con la excepción de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de 30 de julio de 2017, el apoyo para el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se ha mantenido estancado desde diciembre de 2015 con aproximadamente seis millones de votos – un hecho extraordinario en vista de las circunstancias económicas, pero no obstante marca un fuerte declive del punto alto histórico alcanzado por el chavismo con más de ocho millones de votos en 2012. Encuesta tras encuesta demuestra la proporción creciente de independientes (ni-nis) que representan aproximadamente un tercio del electorado y que rechazan tanto al gobierno como a la principal coalición opositora de derecha, la Mesa de Unidad Democrática (MUD).* Mientras tanto, aunque la oposición ha perdido más de dos millones de votos desde su victoria parlamentaria de 2015 – lo cual se puede atribuir en gran parte a la incomparable incompetencia estratégica de su liderazgo – aquello triunfo aún persigue al PSUV en forma de una pesadilla recurrente, sirviendo de recuerdo del peligro grave representado por el descontento entre sus bases populares.

El panorama es incuestionablemente sombrío en vista de la ausencia de cualquier autónoma fuerza política de masas a la izquierda del PSUV que podría posiblemente canalizar el profundo descontento popular en una dirección revolucionaria, o en lo mínimo tiene el poder de obligar al gobierno a “mandar obedeciendo” frente las exigencias desde abajo. Hay algunos revuelos esperanzadores entre movimientos sociales y partidos de izquierda formalmente alineados con el gobierno – las candidaturas municipales de Ángel Prado, Eduardo Samán, entre otras – pero las condiciones organizativas entre los movimientos populares aún no están aptas para que se dé un verdadero desafío a la hegemonía del PSUV, el cual ha sido muy hábil en cooptar y reprimir sus aliados más radicales. Los dos partidos más grandes a la izquierda del PSUV – el PCV y el Partido Patria Para Todos (PPT) – ha señalado que apoyarían alternativos candidatos presidenciales revolucionarios si un acuerdo para una nueva alianza no se lograra con el PSUV. Sin embargo, el 21 de febrero, el PPT anunció que daría su respaldo oficial a Maduro, mientras que los comunistas hicieron lo mismo el 26 de febrero, firmando un acuerdo unitario con el presidente y el PSUV. En general, es probable que la mayoría de la izquierda le preste su firme pero ácidamente crítico apoyo a Maduro, con regañadientes, con el fin de mantener a raya la amenaza de restauración derechista.

Mientras tanto, la minoría de ultraizquierda que rompió con Maduro en respuesta a la ANC se encuentra totalmente aislada, atada a un discurso antipolítico que es prácticamente indistinguible de la derecha. Siguiendo a Lenin, esta desviación ultraizquierdista debe entenderse indudablemente como poco más de la “expiación de los pecados oportunistas” del liderazgo psuvista, es decir su burocratización corrosiva que lo aparta de las luchas cotidianas del pueblo y su cada vez más conservador reformismo que sólo aviva las llamas de la indignación popular. Esta degeneración no debería sorprenderle a nadie en vista de la lógica estructural del PSUV que casi desde su nacimiento se convirtió en un partido de ministros, gobernadores, y alcaldes, en lo cual altos cargos directivos se repartían entre atrincherados apparatchiks estatales, efectivamente descartando que el partido llegara a ser un vehículo semi autónomo para la transformación del Estado burgués.

Sin duda, la clase política chavista necesita una urgente renovación para recuperar la legitimidad de la revolución a los ojos del pueblo. Pero esta regeneración sólo puede venir desde abajo, desde las comunas, las organizaciones obreras y campesinas, las y los estudiantes, así como los movimientos feministas y de diversidad sexual. En este sentido, las elecciones de la ANC del julio pasado fueron una breve demostración de las posibilidades de radicalización desde abajo, con más de ocho millones de personas enfrentando condiciones de terror derechista para poder votar por más de seis mil candidatos, entre ellos, revolucionari@ trans Rummie Quintero, líder estudiantil comunista Vanesa Montero, y vocero comunero Ángel Prado. Lamentablemente, pero de ninguna forma sorprendente, el mejor organizado PSUV logró aventajar a sus rivales izquierdistas de base para garantizar la elección de la mayoría de sus candidatos. Aunque este resultado confirmó la subordinación de la ANC al gobierno y su consecuente incapacidad para servir como un pararrayos parcialmente autónomo para las demandas populares dentro del Estado, la movilización electoral masiva tiene que verse como un testamento de la actual vitalidad de las bases del chavismo y de su vocación verdaderamente hegemónica.

* Tanto Hinterlaces como Datanálisis llevaron a cabo encuestas realizadas en enero de 2017 que encontraron que independientes constituyen aproximadamente un tercio del electorado, un resultado que confirma la erosión de apoyo para los dos polos del espectro político venezolano. No ha habido encuestas más recientes que volvieran a tocar este tema, pero se puede especular que la proporción de independientes sólo ha aumentado en vista tanto de la implosión de la MUD después de su desastrosa campaña de violencia insurreccional y posteriores derrotas electorales como del fracaso del gobierno en cumplir con sus promesas económicas después de las elecciones de la ANC.