Universidad Iberoamericana: otra más a la lista

Por Ignacio Bustos, Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Central (Feucen)

Luego del bullado caso que terminó cerrando la Universidad del Mar, era posible pensar que los planteles de educación superior tomarían medidas para evitar la debacle  de sus instituciones.

Al poco tiempo, la opinión pública sabría de la insolvencia financiera que azotaba a la ARCIS y de su cuestionada intervención. Sorprendidos todos, era posible pensar que los directorios de aquellas Universidades “poco rentables” tomarían rápidas decisiones para mantener “el negocio” a flote. Algún alma ingenua habrá esperado nuevas y más duras exigencias en la regulación. ¡Nada de eso!.

Con profunda amargura nos enteramos recientemente que la Universidad Iberoamericana, cerrará sus puertas producto de una fuerte crisis económica. Se dice que adeudan casi cinco veces sus patrimonio. O sea, están absolutamente quebrados.

En Chile, cuando se abre una Universidad, la noble institución se somete a un período de supervisión durante seis años para que alcance ciertos estándares y así lograr la autonomía, categoría que les permite abrir nuevas sedes, carreras o ampliar matrículas, entre otras facultades que otorga la legislación. Luego de esto, es momento de que aparezca en escena la señora Comisión Nacional de Acreditación, institución autónoma del Estado que determinará si la reciente empresa es acreditada o no. Si la Universidad está dotada de buenos operadores, sus autoridades tienen buenos contactos o rara vez, han hecho un buen trabajo, serán acreditados por dos años y así comienza la vida y la carrera por la conquista de más y nuevos estudiantes que podrán ser beneficiados por becas estatales y/o el poco querido Crédito con Aval del Estado.

Así, se constituyen nuevas Universidades año a año en nuestro país. Algunas, están ahí, al 3 y al 4. Otras, ya no existen. Y las menos, compiten día a día por capturar nuevos matriculados que den sustento a sus proyectos. En ese círculo murió la Ibero. En el circo de la competencia, la desregulación, la ambición y la tierra de nadie.

Hay un problema, claramente, en los procesos de acreditación institucional. Desde la configuración de la C.N.A., hasta la forma en que deliberan los evaluadores que deciden respecto a la acreditación de las Universidades, pero la madre de todas las batallas en esta polémica, se aloja en la laxitud de la legislación que permite la creación de nuevos planteles, cobijados en principios neoliberales anquilosados en la Constitución, tales como la Libertad Económica y la tan manoseada Libertad de Enseñanza.

Desde el MINEDUC ya anticipan soluciones cómodas y conocidas; administrador de cierre durante tres años para la Iberoamericana y una nueva Beca de Traslado para aquell@s estudiantes que deseen olvidarse de la triste tragedia que significa ser una víctima más de la educación de mercado.