El Sur rebelde y la lucha

Por Eduardo García Valenzuela, Araucanía Informa

Desde la llegada de los conquistadores a las Américas, vimos como la lógica de paz del cristianismo y la de espada de ejército venían a conquistar e incentivar una nueva cultura, a punta de matanzas sangrientas, con políticas de exterminio de una cultura y un pueblo que luchó, lucha y luchará para defender el futuro de sus hijos e hijas y el pasado de sus ancestros. Al paso de la historia, ya no eran los del viejo continente sino, ahora, serían los criollos y la burguesía local los que tomarían la misma senda e intentarían imponer sus poderes y lógicas estatales para así callar a los que entre bosques y ríos combatían y se organizaban. Junto con esto, los mapuches han ido creando diversas organizaciones pero manteniendo lo cultural al interior de éstas. En la segunda mitad del pasado siglo, este pueblo se acerca a organizaciones políticas chilenas. Una de las relaciones más concretas y tangibles la tuvo con el MIR, posterior a la creación y participación en un frente intermedio de este partido, el Movimiento Campesino Revolucionario —MCR—, en donde lo discursivo, junto al accionar político, iban de la mano. Es por aquello que las tomas de fundos, corridas de cercos y otras acciones de recuperación de tierras y de dignidad para ellos eran una meta a cumplir.

Posteriormente, la sangrienta dictadura del tirano acalla las tácticas usadas y asesina a bastantes mapuches. Persecución, tortura y muerte era lo cotidiano en diversas comunidades del Biobío, al sur de Chile.

La llegada de esta pseudo democracia, trae consigo diversas complejidades para evitar nuevos alzamientos de los golpistas, además de la idea del Estado, en su conjunto, de cortar todo tipo de organización de tendencia revolucionaria.

El avance de los años da la posibilidad concreta de volver a organizarse para combatir y para recuperar territorio anteriormente usurpado por la junta de Pinochet. Se crea la CONADI como forma institucional para lograr esto. Al paso, también, de los años y entre peleas dadas por los mapuches, comienzan a morir en manos de los guardianes del poder diversos guerreros de su pueblo, quienes reivindicaban sus luchas y demandas. Entre estos podemos nombrar, por ejemplo, a Matías Catrileo, asesinado por el cabo Walter Ramírez la noche del 3 de enero de 2008, cuando entraron al fundo Luchsinger y con piedras se defendían de la policía, hasta que se escucha la orden «métele un balazo»;y el caso de Víctor Mendoza Collio, quien fue asesinado frente su casa.

¿Paz en la Araucanía? Quizá esa es la consigna tras la cual los poderes empresariales intentan esconderse actualmente, siendo costumbre ver, diariamente, las miserables estrategias de parte del Estado chileno en su afán por defender los intereses de estos latifundistas en el sur del país.

Comprendemos que la dosificación de la violencia tiene que ser parte cotidiana de nuestra práctica revolucionaria, pero no vacilaremos en validar métodos de lucha fuera de los parámetros establecidos por la burguesía local. El llamado es a unificar las luchas entre pueblos y solidarizar entre explotados. Con la historia pasada y la del futuro, los/as explotados/as venceremos.