¡Sólo el pueblo ayuda al pueblo!

Por Ulises Gallardo

El año que comienza, lo hace bajo el signo de la mayor inestabilidad. El mundo se encuentra conmocionado por la elección de un perturbado fascista a la cabeza de una de las mayores potencias mundiales. El país, en plena crisis del bloque en el poder, se enfrentará a las consecuencias de una de las más graves y sospechosas catástrofes de su historia, en el contexto de un proceso electoral que no le ofrece solución a nada.

El escenario mundial merece una mirada atenta pues, su despliegue, ya está teniendo graves y directas repercusiones en la situación interna del país. Tras varios años de disputa entre entendidos, en organismos internacionales, bancos y grandes empresas, ha salido a la luz pública la existencia de dos propuestas diferentes de dominación imperialista. Este breve artículo no nos permite entrar en detalles, por lo que nos limitaremos a sus rasgos más gruesos, como son, generalmente, descritos por la prensa.

De un lado, el desgastado proyecto de la globalización neoliberal, que se nos vendió durante tantos años como el fin de la historia: Si no el mejor, al menos, el único y definitivo sistema político y económico para todo el planeta.

Ahora, aparece otra propuesta, sobre todo al interior de los Estados Unidos, de grupos de poder, nacionalistas y conservadores, que ven amenazado su poderío económico por el predominio del capital financiero globalizado. Éstos, utilizan el descontento creciente en ciudades con industrias abandonadas, desempleo y pobreza, con sectores sociales recelosos de quienes dirigen la economía y los han llevado a su precariedad actual y, de todo lo extranjero, que estaría robando sus industrias y los pocos empleos que existen. Blancos pobres, resentidos y racistas, han sido instrumentalizados por los sectores conservadores, que levantaron a Trump, un demagogo capaz de hacerlos votar por un proyecto proteccionista y nacionalista.

Como sabemos, una de sus primeras medidas fue la salida de su país de las negociaciones para el Tratado Trans Pacífico (TTP), lo que deja un momentáneo vacío en la política imperial para la región, que puede traducirse en conflictos entre, o al interior de, nuestros países. En Chile, se alteraron las perspectivas de inversión y crecimiento del empresariado local y sus alineamientos políticos; también, se ve debilitado el apoyo externo que tenían los sectores más liberales de la burguesía local, entre los que se encuentra el actual Gobierno. Al mismo tiempo, se ven legitimados los discursos más racistas y agresivos de la derecha chilena más conservadora, que ya no sólo aspira a una próxima elección más favorable, sino a una drástica vuelta atrás en todos los tibios procesos reformistas y modernizadores de los últimos años.

Junto a ello, el escenario político nacional tiene sus propios factores de inestabilidad. La crisis del bloque en el Poder, con sus continuas acusaciones mutuas de corrupción en el Gobierno y el Parlamento, se suma a escándalos, irregularidades y conflictos en otras instituciones del Estado, Fuerzas Armadas, Iglesia, Justicia, en la salud o las Universidades. En la Economía, no sólo indignan las colusiones de precios y otros delitos de las empresas y el comercio, sino también la impunidad de que gozan, con castigos ridículamente leves por delitos millonarios contra los consumidores más pobres.

La corrupción, la impunidad y la falta de participación han llevado a la mayoría de la población a no votar. Por eso, este año todos los discursos del Poder están centrados en convencer a los electores de asistir a las urnas. Más que el apoyo a uno u otro sector, cuestión que, de todas maneras, se decide en los pasillos y cocinas de los poderosos, lo que les interesa es legitimar sus corruptas instituciones con los votos.

Ahí está el verdadero conflicto político de este año: La confrontación entre una institucionalidad política podrida e irreformable, al servicio de los grandes empresarios locales y globales, y un movimiento social independiente, cada vez más combativo, que desde las calles reclama el fin de los abusos, los robos y las estafas que son la esencia del modelo chileno. A eso, apuntaba la lucha de los estudiantes contra la educación de mercado, las movilizaciones de trabajadores y trabajadoras contra el código laboral de la dictadura, y las movilizaciones, que continuarán, contra un sistema de pensiones que les roba sus ahorros para capitalizar a las grandes empresas.

Eso es lo que se medirá en este año de elecciones, la validación del sistema, o su cuestionamiento radical. Algunos sectores creen, ingenuamente, que la solución de la crisis pasa por un recambio de personas y nuevos intentos de reformas, y han abandonado la conducción de las luchas sociales; intentan capitalizar el prestigio ganado, en pugnas electorales que no acumulan fuerzas, ni educan al movimiento social para la defensa de sus derechos y la conquista de una sociedad mejor, dirigida por los trabajadores y el pueblo.

Esto es particularmente grave, en un año que comienza con un terrible golpe a los sectores más pobres de nuestra sociedad. La serie de incendios que asoló la zona central del país, sin duda, será aprovechada por el empresariado forestal y agrícola para aumentar sus ganancias, sin importarle la suerte de las poblaciones damnificadas. A la pérdida de cosechas, casas y puestos de trabajo, habrá que agregar el aumento del costo de bienes y alimentos en todo el país. La indiferencia de los empresarios y la inepcia de las autoridades prolongará la crisis y las dificultades para las familias pobres.

No fue el Estado el que primero reaccionó, ni el que más esfuerzos puso, en el auxilio a las poblaciones siniestradas. No es el Estado quien dará una solución definitiva a los hogares damnificados. Como siempre, el pueblo sólo puede confiar en la solidaridad y la ayuda del pueblo. Este año habrá que seguir manifestando el apoyo popular a las familias trabajadoras de las zonas siniestradas y hacer de esta solidaridad un modelo de participación popular:

  • Recuperar las tierras de las forestales para un modelo agrícola sustentable, que permita, primero, alimentar al pueblo.
  • Las comunidades deben ejercer control sobre los planes de recuperación de las tierras; los trabajadores, participar, directamente, en la implementación de cualquier proyecto de explotación agrícola en los territorios destruidos por la codicia de las forestales.
  • Debe haber control permanente de las comunidades en el desarrollo de todos los planes forestales, agrícolas, mineros o energéticos, que destruyen el medio ambiente y los recursos naturales y perjudican el modo de vida de los pueblos.
  • Participación directa y control permanente de trabajadores y trabajadoras en las grandes empresas y comercios, para impedir las colusiones, los robos y la evasión de impuestos.
  • Educación gratuita con control comunitario; un código laboral hecho por los trabajadores y trabajadoras; un sistema de pensiones de reparto solidario.

Todos los sectores del pueblo, organizados y movilizados, podremos exigir nuestros derechos, golpear hasta derribar este sistema podrido y criminal, construir una sociedad nueva, de todos los explotados, los oprimidos y discriminados, una sociedad de solidaridad y justicia para todos.

¡Sólo el pueblo ayuda al pueblo!

¡A unir todas las luchas!