Señeros y señeras: estampas populares (7)

Continuamos con las estampas populares:

Estas crónicas, a modo de breves estampitas, hablan de habitantes de un determinado espacio urbano, cada uno con características muy particulares, con historias detrás que aluden a la migración, a posturas políticas, a sus quehaceres diarios en tanto obreros de algo. En resumen, breves reseñas de hombres (señeros) y mujeres (señeras), populares en el barrio, que dejan huellas en la cotidianidad, transformándose en memoria viva.

Por Carlos Osorio

VII

Carlo´s en realidad se llama Carlos pero, dígame si no, el tilde y la consonante al final, como que le suben el pelo al negocio peluquero, es como un mechoncito casual que lo amonona. Ya son más de treinta años en el rubro de tijeras, señala. Trabaja de sol a sol y de pie. Esa manía quizás se deba a la época que trabajó en el Pem, empleo mínimo que otorgaba el tirano con tal no lo derrocaran tan rápido y seguir sentado en el sillón. Entonces, para evitar algún calambre, los ritmos del caribe son su especie de buena pomada para sentirse mejor. Carlos gusta de la música tropical desde las primeras jornadas de protesta contra la dictadura en las que le tocó participar, para que las balas no nos alcanzaran, había que bailar alrededor del fuego de las barricadas que hacíamos. Oriundo de la población Dávila, según él fue el único que logró cortarle el bigote a Mario Palestro. No da más detalles porque dice que nadie le cree. La salsa es su favorita y le da lo mismo si a los jóvenes peluqueros que conviven con él, haciendo sus primeros pinos, les guste. Nica, aquí nada de regetón, es más; aquí no se mueve el dial sin que yo lo sepa. Entre otras cualidades que deja entrever, viste ropa que ya se quisiera Pedro Navajas, le encanta porque, según él, lo retrotrae a paraísos que no necesariamente son fiscales. Al parecer don Carloncho no tiene parentela, salvo los Carrera, es un Carrerista de tomo y lomo y las fotos del Carrera ahí fotografiado a la carrera o esa otra agarrándose el mentón o esa selfie de los hermanitos saliendo de una fiesta de la época, son lo más parecido a una familia. Además, es coleccionista de banderas de la patria nueva, de esa otra, la vieja, de esa otra que le tejió una amiga y que todavía no logra descifrar. Tiene su público cautivo, jubilados a quienes tampoco cobra tan caro porque llegan a llorar sus penas con la miserable pensión que reciben. También se especializa en calvos, no hay por dónde pero, al menos, se entretiene y enseña a sus alumnos. En estos días don Carlos no se queda atrás y ya se mandó a confeccionar un letrero en inglés, su apuesta es que algún día vendrá Trump a Chile y visitará su peluquería, ahí quiero ver a ese gringo de mierda cómo se salva de que lo rape al cero y le eche colonia.