Señeros y señeras: estampas populares (6)

Continuamos con las estampas populares:

Estas crónicas, a modo de breves estampitas, hablan de habitantes de un determinado espacio urbano, cada uno con características muy particulares, con historias detrás que aluden a la migración, a posturas políticas, a sus quehaceres diarios en tanto obreros de algo. En resumen, breves reseñas de hombres (señeros) y mujeres (señeras), populares en el barrio, que dejan huellas en la cotidianidad, transformándose en memoria viva.

Por Carlos Osorio

VI

Don José Luis, el Charro para quien lo conoce de cerca, vive hace aproximadamente cinco años en el barrio. Llegó un día, estacionó el destartalado auto en una calle cerrada y lo convirtió en su morada. No tuvo otra salida, cuenta que de ahí nace su apodo: porque resulta que lo “echarron” de Lumaco, su natal, le “echarron” infinidad de veces a los pacos por vagancia y estuvo en su juventud en distintos hogares, lo “echarron” de la casa por vivaracho; su ex mujer lo pilló con las manos en la masa, más bien bajo la ropa de una vecina. Pese a tanta movilidad social, se toma con humor sus tropiezos en la vida. Por cierto –señala- ya tiene varias caídas, mire ¡cómo andaría! ésta me la hice anoche nomás; se me vino encima el maletero del auto. Don José Luís se caracteriza por su afecto; ayuda a doña María, la abuelita del quiosco de diarios, le ordena toda la mercadería tempranito, además aprovecha de informarse y se devora toda la prensa canalla ahí expuesta, el otro día andaba con lágrimas en los ojos -es que se murió el comandante oiga-. Él también, cuando joven, abrazó causas revolucionarias –puntualiza-. Hoy con suerte abraza a su compadre Chuqui, un revoltoso levanta-cortinas de los negocios aledaños y que disfruta cuando suben las de la botillería, sus favoritas. Siempre atento don José Luís, cada vez que percibe un probable asalto a los vecinos, salta presto sobre la presa y con buenos modales la invita a que ejerza su derecho ciudadano de alejarse, porque a la próxima no responde por el uso indebido de su quisca y que disimuladamente enseña de entre sus ropas, dígame si no es medio injusto que me espanten a la clientela ,comenta con bronca. Así es el charrito, de armas tomar. Ya es medio día y encamina sus pasos y baldes a tomarse el estacionamiento del colegio cercano. Por supuesto, entre que lava y estaciona, aprovechará de tomarse todas las cervezas posibles durante la extensa jornada de esfuerzo físico que tiene por delante, como toda su vida nomás –sentencia-, además que alguna vez le diagnosticaron cálculos renales y, claro, hay que cuidar la salú.