Señeros y señeras: estampas populares (5)

Continuamos con las estampas populares:

Estas crónicas, a modo de breves estampitas, hablan de habitantes de un determinado espacio urbano, cada uno con características muy particulares, con historias detrás que aluden a la migración, a posturas políticas, a sus quehaceres diarios en tanto obreros de algo. En resumen, breves reseñas de hombres (señeros) y mujeres (señeras), populares en el barrio, que dejan huellas en la cotidianidad, transformándose en memoria viva.

Por Carlos Osorio

V

A su manera, se da tiempo para poner en su justo lugar a la desordenada clientela. Nada se demora porque sus años de experiencia lo permiten y a puteá limpia encara a los que quieren pasarse de listos o no hacen la fila o no pagan o sacan el pan con las manos o insisten en que les midan los huevos o que la mantequilla venga untada. Doña Perla es estricta pero paciente, buena persona pero con límites. Su buen humor, que invade las conversaciones, también sirve para mediar con esa clientela nacida con escasa educación cívica. Por cierto, ella nació por allá en el sur, en Quirihue. Aclara que no es del campo ni de las chacras sino de la punta del cerro, fíjese que mi apellido además es Cerro. Fue la punta de lanza emigrando y hasta ahí nomás porque sus siete hermanos hombres se arrancharon y siguen allá entremedio de la bruma y escarcha de Ñuble, como que se ñublaron. Compró un día el pasaje y llena de sueños se vino a la capirucha. No fue fácil -comenta mientras suspira- fue por esa época que los milicos nos tenían cantando puras marchas prusianas y la verdad yo me declaro una romántica. Para suerte de las mañanas, entre marraquetas crujientes, deleita a la respetable y madrugadora clientela con alguna melodía que seguramente escuchó anoche, mientras su descanso de la extensa jornada del día anterior. Y bueno, al que no le guste su cantar, ya sabe, que se vaya a la punta del cerro o a la panadería de enfrente, donde el pan es más frío que la cordillera con luna llena. En esa lógica, Doña Perla es la guinda de la torta y cumple su rol de jefa del montón de chiquillas que se ganan el pan atendiendo, en su mayoría, a pintorescos, malhumorados y calenturientos clientes y, claro, yo les digo que no le hagan caso a esos jetones que piden que les corten el chancho más grueso, únicamente porque quieren que les den la espalda y mirar los potos nuestros. Así que siempre les insisto: no se distraigan que aquí vienen un montón de viejos que andan buscando una mortadela para dormir. Ojo por ojo les digo yo, mire que aquí le tengo su buen pedazo de salame por si se le asoma lo ladino a alguno o el arrolla´o huaso, que es más suavecito.