Señeros y señeras: estampas populares (2)

Continuamos con las estampas populares:

Estas crónicas, a modo de breves estampitas, hablan de habitantes de un determinado espacio urbano, cada uno con características muy particulares, con historias detrás que aluden a la migración, a posturas políticas, a sus quehaceres diarios en tanto obreros de algo. En resumen, breves reseñas de hombres (señeros) y mujeres (señeras), populares en el barrio, que dejan huellas en la cotidianidad, transformándose en memoria viva.

Por Carlos Osorio

Don Tito barre las calles con demasiado afán, cuenta que está convencido que es la única manera de limpiar el municipio tan lleno de corruptos; resulta que de ahí lo contrataron en un programa de la tercera edad y al parecer el contratista decidió quedarse con una buena tajada de su escuálida paga. Ni modo, no se hace problema con eso, total, tiene una pensión que si bien es modesta, le permite solventar sus gastos. Vive solo, de a poquito se murió toda la parentela y no se dio ni cuenta. Recuerda que se le olvidan las cosas, salvo que su bisabuelo llegó por allá en 1890 al país, un italiano que hacía decoraciones en el Vaticano parece y que, en su calidad de orfebre o arquitecto quizás, vino a buscar fortuna y, para no ser desterrado, porque la verdad y al parecer tenía sus yayitas el hombre, se casó apurado con un proyecto de monja que cayó rendida a sus pies, muy al estilo de la Malinche, que andaba vuelta loquita con el conquistador Hernán Cortez. En fin. Es conocido por su amabilidad, tiene su pic de saludos a eso de las ocho de la mañana, entre que junta hojitas y colillas y latas vacías que vende luego y caquitas de perro que van dejando los preocupados y educados vecinos, se da tiempo para desearle buenos días al apurado tropel de estudiantes y apoderados del área. Generalmente anda con la cara tapada, es el frío –acusa- que barre cordillera abajo con todo y porque, después de la fugaz aparición en la tele, en eso de las primarias electorales, la verdad es que anda un poco avergonzado de los cochinos que lo embaucaron y que ahora andan medios divididos entre barrer bajo la alfombra o dejar ahí la basura, para que venga él y se la lleve.