Señeros y señeras: estampas populares (15)

Concluimos las estampas populares:

Estas crónicas, a modo de breves estampitas, hablan de habitantes de un determinado espacio urbano, cada uno con características muy particulares, con historias detrás que aluden a la migración, a posturas políticas, a sus quehaceres diarios en tanto obreros de algo. En resumen, breves reseñas de hombres (señeros) y mujeres (señeras), populares en el barrio, que dejan huellas en la cotidianidad, transformándose en memoria viva.

Por Carlos Osorio

XV

Él escribe para estar cerca del prójimo y, cómo no, con esa manera tan particular que tiene, quizás vender alguno de los ejemplares con su obra literaria que porta en su mochila o bajo el brazo. En palabras simples, su idea es arrimarse lo más que pueda con su lectura, por más hay veces que las autoediciones de este gigante del alma son con la letra más bien chiquitita y ¡pobre de aquellos que se atrevan a tener presbicia! bueno, que usen lupa. Homero Castillo le hace honor a su nombre de pila y recita su presentación mirando fijamente el interior de quien tenga enfrente: Homero es mi nombre verdadero / soy poeta / y vivo en la avenida Grecia. No rima pero no importa y tampoco le interesa entregar más detalles de su vida, salvo que su madre es Temucana y su padre Colchagüino, de hecho el viejo recibió un premio por su indiscriminada capacidad y necesidad de visitar todas las bibliotecas del país. Homero es compulsivo e inquieto pese a la molestia en su rodilla, luego que lo atropellara un auto cuando joven. Aunque dice que lo que más le duele es la mano derecha, no necesariamente por escribir; se la jodió esa vez, a principio de los noventa en plena explanada de la otrora plaza Mulato Gil, sitio donde también ofrece sus libros, cuando de un certero puñete dejó desparramado y descompuesto al crítico Mercurial que osó faltarle al respeto, llamándolo “guaripoeta maleducado”. La letra con sangre entra –se dijo- aunque Lafourcade ese día perdió como tres litros por la nariz. No le hace, pese a las dificultades, su espíritu no se da tregua y él sigue su rumbo y estilo propio por las calles de la ciudad, así es posible divisarlo en bares y restauranes, en la vida nocturna y cultural, promocionando su poesía y, tajante exclama ¡Me importan un bledo los puñeteros que me critiquen! Su Libro Azul es de los más vendidos, a la fecha y según él, ya son más de ciento treinta mil ejemplares, todos con dedicatoria personalizada de su puño y letra de doctor, y que ya se codean y tutean de igual a igual con otros grandes autores, en cada librero de lector que se precie. Estudió en la Academia de Humanidades en la Recoleta Domínica, la más bonita de las iglesias aclara este cristiano sin religión ni ley que se acercó a la necesidad de escribir un par de años después del golpe. Homero es alegre, jovial, un recitador permanente de sus versos a viva voz, su oficio es promocionar su última obra e interactuar con los demás por más hay veces que los demás no quieran interactuar con él. Es su propio síndrome de la era tomarse en serio su vida de vate y, por qué no, también sus chelitas o lo que esté más a la mano cuando su actividad obviamente lo permite, sería lo más cercano que tiene con Homero Simpson, porque, este Homero, antes que nada es poeta y si no te gusta su poesía, bueno, ni hablar, a él le gusta y estaría encantado que tuvieras su bibliografía completa, de más de cuarenta años de carrera