Señeros y señeras: estampas populares (14)

Continuamos con las estampas populares:

Estas crónicas, a modo de breves estampitas, hablan de habitantes de un determinado espacio urbano, cada uno con características muy particulares, con historias detrás que aluden a la migración, a posturas políticas, a sus quehaceres diarios en tanto obreros de algo. En resumen, breves reseñas de hombres (señeros) y mujeres (señeras), populares en el barrio, que dejan huellas en la cotidianidad, transformándose en memoria viva.

Por Carlos Osorio

XIII

Don Antonio le hace honor a su apellido y le pone “pino” al oficio que alguna vez aprendió de su padre. Por cierto, dice que pino y vino riman y, cuando se puede, le pone su poquito entre “pera y bigote”, como si estuviera haciendo misa, nada más, la idea es que la mano no quede tiritona y los cortes no queden muy modernos que digamos. Por cierto también, y a falta de cortárselas, por muchos años faenó las cabezas de toda la arquidiócesis del barrio. Ya no vienen, cuenta, es que con tanto depravado suelto, saben que no me negaría a darles un buen tijeretazo. Fíjese que hasta un obispo tuve sentado aquí mismo -no da nombre porque se dice el milagro pero nunca el santo-, ahí la navaja en el cuello tiritaba. No sé por qué, pero siempre venía a cortarse los pelitos detrás de las orejas y, créame, me bajaban unas ganas de transformarme en Jack el Destripador, que ni le cuento. Ya no vino más, parece que sospechó de mis intenciones. Don Toño nació en Colchagua, allá por el sur, a los dieciséis años se vino a probar suerte y, por qué no, a degustar otros mostos, mire que por allá la cosa se puso peluda y había que buscar otras oportunidades. Lleva cincuenta años en su pequeño y sencillo negocio. Aquí ha trasquilado a cientos de niñitos, chiquillos que antes andaban llenos de piojos y ahora que de viejos les creció el pelo, igual y sagradamente me visitan. Su actividad es cansadora, gajes o gajos del oficio, cierto, pero verle la cara sonriente a las mamitas que traen a sus pequeñines con tal les haga un corte tipo “paco”, tipo marino… bueno, es insufrible pero al mismo tiempo impagable. Acá no me pida que haga cortes tipo futbolistas, la verdad es que tengo bien a mal traer la vista como para más encima arruinarles a tan temprana edad la vida a esas pobres criaturas. Tampoco hace cortes a mujeres. Mire; resulta que la última vez una señorita me solicitó un peinado tipo Angelina Jolie y debo reconocer con toda vergüenza, que la verdad se parecía a cualquier cosa, menos a Bradt Pit.