Señeros y señeras: estampas populares (11)

Continuamos con las estampas populares:

Estas crónicas, a modo de breves estampitas, hablan de habitantes de un determinado espacio urbano, cada uno con características muy particulares, con historias detrás que aluden a la migración, a posturas políticas, a sus quehaceres diarios en tanto obreros de algo. En resumen, breves reseñas de hombres (señeros) y mujeres (señeras), populares en el barrio, que dejan huellas en la cotidianidad, transformándose en memoria viva.

Por Carlos Osorio

XI

María Angélica Vallejo Recabarren nació en Parral y a los trece años se vino a la ciudad. Cuenta que ya más grandecita, porque se esmeraba en el arreglo personal, todo mundo se le “tiraba al dulce”. No era tema en todo caso, ella se concentró en seguir estudiando en la Nocturna del colegio experimental, que luego se transformaría, para ella y su hermana Alicia, en permanente fuente de ingresos hasta el día de hoy. Dice que su proyecto vocacional se truncó esa vez en que el tirano impuso el toque de queda y no hubo más qué hacer, salvo trabajar. La Mary, como todo mundo cariñosamente la llama, ya está cumpliendo las bodas de oro con su negocio. Por cierto, se casó una vez pero se aburrió y, ya separada, se puso promiscua y dice haber procreado y criado a más de doscientos chiquillos por año. Échele lápiz y multiplique usted, en estos cincuenta años creo tener más de diez mil críos y, claro, como en toda familia que se precie hay unos más ordenaditos que otros. Es que estos chiquillos del colegio son como mis hijos –comenta orgullosa-. Igual se emociona porque a varios de ellos se los arrebató y mató la dictadura, vea ahí el monumento que les hizo el colegio. En estos días está contenta porque ahora que estuvo enferma, hasta los “hijos” más viejos fueron a visitarla al hospital. Hubiera visto, estaba lleno el JJ Aguirre, hubo un momento que se improvisaron inspectores de patio para controlar tanto desorden y bueno, aquí me tiene, agradecida del afecto de todos. La Mary, sabe que la quieren porque además “presta ropa” cada vez que puede; acá se pierden muchos uniformes y me vieron cara de guardarropa; yo voy donándolos a quienes les falta. Todas las mañanas acomoda las golosinas como si fuera la primera vez, ella fía a quien no tenga plata, no pasa lo mismo con los históricos koyak que se pagan al contado, son los que más se venden, se los hacen chupete. Aclara que nunca vio al pelao Koyak y su serie. Con el etiquetado de los dulces no se hace mayor problema porque usa lentes y le cuesta ver los envases, por último ¿quién le va a negar un dulce a los chiquillos? en ese caso que no los manden con dinero. La Mary dice que tiene para rato, además se acaba de enterar que ahora existen más cursos y como a ella le gusta la crianza, anda hasta ansiosa, cosa mala para su salud por lo demás, porque le baja el antojo y unas ganas que ni les cuento de comer dulces.