Salud: El negocio de los empresarios

La salud de la mayoría de los chilenos está enferma. Es una profunda crisis estructural cuyos alcances y resultados golpean dramáticamente a los usuarios del sistema público que se compone del 80% del conjunto de la población chilena.

A principios de los ochenta, la brutalidad de la represión ejercida por la dictadura logró crear las condiciones para transformar todos los aspectos de la vida del país en beneficio del modelo neoliberal. A pesar de la heroica resistencia de lo que quedaba del movimiento político, social y popular, la educación, el trabajo, la previsión y la salud, entre otros aspectos, se configuraron en función de la nueva modalidad de explotación del sistema capitalista. El neoliberalismo entró rampante a ordenar todas las necesidades en función del lucro y enriquecimiento de la minoría propiciadora del golpe de estado. 

El viejo y deficiente sistema sanitario, gestionado casi en su totalidad por el aparato estatal, dio su lugar al nuevo engendro de los fanáticos del mercado. Ese momento histórico, dio luz verde para el desarrollo y la coexistencia de las dos modalidades de servicios de salud que rigen hasta el día de hoy. El sistema privado de salud, gestionado por grandes corporaciones, eficiente, con excelentes clínicas, con numeroso personal,  y con un alto grado de calidad y uso de tecnología de punta, en donde se atienden solo los que pueden desembolsar importantes sumas de dinero. Por otra parte, el desfalleciente sistema público de salud que mantiene, a duras penas, el estado chileno y que, de no mediar medidas urgentes, se encamina a un colapso con gravísimas consecuencias para la salud de la población más pobre del país. 

Es esta población más pobre la que sufre, en carne propia, la cotidiana e indesmentible realidad de este sector que se traduce en la simple y descarnada frase, ¡no hay salud! Largas y demorosas colas en los centros primarios de salud pública, que logran, insuficientemente, satisfacer solo las primeras etapas del proceso de atención, urgencias, prevención y control. Para que hablar de los hospitales, con las mayores responsabilidades en la cotidiana lucha contra las enfermedades y males, que cada vez cobran mayores victimas mortales debido a la debilitada capacidad de atención de estos centros, por la dramática escasez de insumos médicos, la millonaria deuda hospitalaria, con falta de personal médico y, sobre todo, las multitudinarias lista de espera y la cada vez más escasa existencia de nuevas instalaciones hospitalarias, debido a la falta de decisión política para resolver confrontaciones de carácter ideológico que tienen que ver con el rol del estado en esta materia.

Al contrario de lo que significa para la gran mayoría de los chilenos, el sistema público de salud es altamente eficiente y efectivo para las minorías capitalistas que imperan en nuestra sufrida tierra. Las ISAPRES (Instituciones de Salud y Previsión) que son las que administran este negocio a los ricos, reportaron ganancias siderales del orden de cincuenta y un mil millones de pesos solo durante 2016, aumentando en 62% con respecto al año anterior y con el agravante de que sumas importantes de esos dineros (el 27%) provienen de las modalidades del AUGE Y GES que debe pagar FONASA (Fondo Nacional de Salud), a raíz de la poca capacidad en el número y características de las atenciones al sector más pobre de la población. O sea, el sistema privado obtiene, ganancias debido al estado crítico del sistema público por falta de recursos.   

La dramática situación de la salud, el escandaloso y vil negociado de los medicamentos y la miseria de nuestras pensiones son todas caras de la misma moneda que, a no mediar las movilización y lucha constante de todos nosotros, seguirán sirviendo a los enemigos mortales del pueblo y los trabajadores.