Roselló: la gota que colmó la copa en Puerto Rico

Por Marcel Iterán

La frustración e indignación se apoderaron de las calles del viejo San Juan en Puerto Rico, luego de que el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) divulgara cientos de mensajes sexistas y homofóbicos enviados a través de Telegram, entre el gobernador puertoriqueño Enrique Roselló y miembros de su gabinete.  

Esta ONG tuvo acceso a esos textos y accedieron a revelarlos, lo cual detonó protestas y marchas que obligaron a renunciar a varios miembros del equipo de trabajo y en consecuencia marcaron el fin del gobierno de Roselló.  

Los mensajes revelaron las burlas del gobernador y su equipo sobre figuras públicas con insultos homofóbicos y misóginos. Asimismo, se conoció sobre la participación en chats de trabajo gubernamental de empresarios y otros personajes cercanos a Roselló, quienes obtenían de primera mano información estratégica, utilizada luego en beneficio propio. 

Uno de los aludidos en los textos filtrados fue el cantautor Ricky Martin quien apoyó las demostraciones en la calle. Otros artistas como el cantante de trap Bad Bunny y el ex integrante de la banda Calle 13, René Pérez, llamado artísticamente Residente, fueron participantes activos de las muestras de descontento. 

Algunas semanas bastaron para que la población inundara las calles, rodeara la sede gubernamental, llamada La Fortaleza, y destronara el gobierno servil a los intereses colonizadores del norte. 

Una crisis más allá de Roselló 

Sin embargo, esta es a penas la punta del iceberg sobre la profunda crisis política, económica y social que padece Puerto Rico desde hace años y que trajo nuevamente a la mesa las demandas históricas de su pueblo, las mismas que quedaron otra vez a la vista, cuando hace casi dos años la isla fue azotada por el poderoso huracán María. 

El paso del fenómeno atmosférico provocó múltiples cuestionamientos por la manera en que obró el gobierno comandado por Roselló, pero también por la actuación de los Estados Unidos. Aún permanecen en nuestras mentes aquellas imágenes vergonzosas del presidente Donald Trump lanzando toallas sanitarias al auditorio.  

Un gesto de total irrespeto por los más de 3.000 muertos y damnificados que dejó María, según cifras oficiales, aunque fuentes oficiosas reconocieron que el número de los decesos superó las 4.000 personas. 

 

Recordemos que la isla caribeña permanece como Estado Libre Asociado de Estados Unidos cuya autonomía sobre Puerto Rico quedó ratificada en 2015, cuando el gobierno del país norteño, reiteró que ese territorio estaba sujeto a la autoridad y poderes plenipotenciarios del Congreso estadounidense desde 1898 cuando fue entregado por España.  

Esta categoría de Estado Libre Asociado fue introducida por el imperio del norte para disfrazar el estatus colonial que impera sobre la llamada Isla del Encanto y de esa forma hacerla desaparecer de la lista de colonias de Naciones Unidas. 

Según analistas, la crisis actual es el resultado también de la relación histórica de ese territorio caribeño con el vecino poderoso del norte que mira hacia el otro lado cuando las autoridades puertoriqueñas reclaman mayor respaldo económico, por ejemplo. 

Esas mismas autoridades que se convierten en facilitadores de la implementación de políticas colonialistas en la también conocida como Borinquen y bajan la cabeza frente a los insultos de su amo. Así ha quedado evidenciado cada vez que el mandatario estadounidense califica a los representantes boricuas como corruptos e incapaces para manejar los recursos dispuestos desde el norte. 

La isla enfrenta una deuda histórica que asciende a 73 mil millones de dólares, en parte debido a conductas corruptas de numerosos funcionarios, políticos y empresarios, cuyos estragos han tenido que reponer los puertorriqueños desde sus bolsillos.  

Pero también, como resultado de estrategias económicas en beneficio, por ejemplo, del empresariado estadounidense instalado en ese territorio caribeño, con privilegios impositivos y facilidades para enviar sus ganancias a las sedes centrales en Estados Unidos.  

Es por ello que cada designación de un gobernador estará matizada por la conveniencia y el servilismo para la comodidad de la metrópoli, cuyo rechazo se hizo también visible en Puerto Rico en las marchas hacia La Fortaleza. 

A pesar de las incontables muestras de desprecio y de colonialismo, de parte de los gobiernos estadounidenses, el pueblo puertorriqueño demostró que unido y movilizado por una justa causa puede doblegar al representante que le designe el imperio.