Quintero y Puchuncaví: Zona en resistencia

Han pasado tres meses desde la emanación de la nube tóxica en la zona de Quintero y Puchuncaví. En estos tres meses, pobladores, vecinos, trabajadores y estudiantes han levantado movimiento y organización. En estos 90 días algo cambió. El área, popularmente conocida como Zona de Sacrificio, hoy es una Zona en Resistencia.

Por: Lorenza Soto y Constanza Vargas

Quintero es una pequeña ciudad de la provincia de Valparaíso, donde viven poco más de 28.000 personas y las mujeres superan en número a los hombres. Para quien elija Quintero como destino para el verano o en algún fin de semana, no puede perderse la Caleta Artesanal de Pescadores, el Cerro Mauco, la Cueva del Pirata o la Playa de los Enamorados. También se recomienda asistir a la Fiesta de la Primavera o a la Fiesta Costumbrista.

Ahora, quizás su visita se pueda ver perturbada por algunas de las empresas que se encuentran en el sector: un Cordón Industrial compuesto por 17 industrias entre las cuales destacan Oxiquim, AES Gener, Enap y Coldelco. Esto ayuda a explicar por qué la principal causa de muerte de las y los quinteranos sean enfermedades del sistema circulatorio y que las muertes producidas por enfermedades del sistema respiratorio tengan la tasa de crecimiento anual más alta. Al fin y al cabo, Quintero desde 1994 es declarada como zona saturada por anhídrido sulfuroso y material particulado.  

Pero cuando hablamos de Quintero, no sólo hablamos de empresas -¿o sí?-, también hay que referirse al triunfo histórico de la derecha en la zona; una ciudad donde el “Sí” salió victorioso en el plebiscito de 1988 y donde Sebastián Piñera ganó en primera y segunda vuelta para las últimas elecciones presidenciales. Sus habitantes caracterizan el lugar como “tranquilo” y donde nunca hay “mucho alboroto”.

Esa tranquilidad llegó a su fin.

La tranquilidad de las empresas llegó a su fin.

Es 21 de agosto del año 2018 y 45 estudiantes de distintos recintos de la comuna de Quintero están intoxicados. Dos días después, la cifra aumenta a 182. A la semana ya no sólo son estudiantes; son personas mayores, mujeres gestantes o cualquier habitante de la zona. La cifra aumenta a 358. Un mes después los números crecen, aunque todavía son inexactos: Más de 1.000. A los tres meses ya son más de 1.700, sólo en la comuna de Quintero.

Es 21 de agosto del año 2018 y a medida que caen estudiantes intoxicados, cada vez se juntan más personas en la Plaza del Pescador. De forma espontánea la gente comienza a llegar; sin llamado, sin convocatoria. “¿Qué hacemos? Hay que hacer algo”, se escuchaba por todas partes. Distintos rostros, de distintas edades, de distintos géneros; todos ellos y ellas comenzando una lucha por la vida, bajo una nube tóxica de muerte.

Como bola de nieve, el conflicto aumentó. Y a medida que éste crecía, también los intoxicados. “Esto no se detuvo en lo absoluto; fue empeorando y fue a diario. Se veía en la calle, uno pasaba por ahí y se veía todo amarillo, como si fuéramos una industria. Se notaba en los charcos de agua. Era como echarle tanax a ratas”, afirma Mijail Weishaupt, Vocero del Cabildo Abierto Quintero-Puchuncaví.

El 28 de agosto nace el Cabildo Abierto Quintero-Puchuncaví. En su comienzo llegó a agrupar 12 organizaciones; colectivos de profesores/as, secundarios/as, movimientos socio-ambientales, vecinos/as, pobladores/as y pescadores. Este espacio le dio vida a la movilización de quienes se organizan para levantarse y ejercer soberanía. En la zona desde hace un tiempo existen distintos frentes de lucha; la pesca artesanal ha dado cátedra de eso. Desde la pelea en contra de la Ley de Pesca hasta la movilización el año 2014 producto de los derrames de petróleo en la costa, pero esta emergencia ambiental en particular logró agrupar y movilizar a todos y todas. El mismo 28 de agosto el Cabildo decidió levantar un acampe en la Plaza del Deportista, la cual bautizaron como Plaza de la Dignidad. De esta forma comenzaron a ejercer una presión activa a las autoridades.

El acampe duró más de dos meses. Algo que jamás había sucedido en la historia de la ciudad, pero que removió la normalidad de un país entero.

“Le pusimos cabildo porque queríamos rememorar una instancia que fuera democrática; donde todos opinaran, donde los dirigentes fueran solamente un nexo entre la ciudadanía y la institucionalidad, porque tiene que haber alguien que sea interlocutor”, cuenta Hugo Poblete desde La Plaza del Pescador. Hugo es presidente del Sindicato de Pescadores Artesanales S24 y lleva años y años movilizándose, en algún momento fue por la Ley de Pesca, en este momento por la crisis ambiental de su ciudad.

Carpas, lienzos, banderas, niños y niñas fueron parte de la retina colectiva de quienes habitan Quintero. En el corazón de la ciudad se agrupaban personas de todas las edades, en una lucha que ellos aseguran: “Es por la vida, por nuestros niños”.  

“Son nuestros niños los que están contaminados. A lo mejor nosotros también; no lo sabemos, nunca nos han hecho exámenes toxicológicos. Pero nuestros abuelos y padres dieron la pelea por 50 años. Ahora estos niños nos enseñaron que hay que decir basta, que hay que dar la pelea”, afirma Juan Suárez, pescador del Sindicato S24.

Una comunidad intoxicada

Tal como lo relata la comunidad quinterana; niños de todas las edades caían intoxicados diariamente. Ver ambulancias estacionadas fuera del Liceo Politécnico Quintero era parte de la escena natural que se había construido posterior a la nube tóxica. De esta forma la población comenzó a naturalizar una situación completamente anormal.

La respuesta por parte del Gobierno fue realizar limpiezas integrales de los establecimientos, las cuales consistían en limpiar las paredes con herramientas similares a pistolas de agua a presión y la instalación de purificadores de aire en cada sala. “Para nosotros es una burla el hecho de que se pongan purificadores, ya que los que deberían tener filtro deberían ser las empresas y no nosotros en nuestras aulas”, afirma Alexis Rojas, Vocero del Movimiento Estudiantil Quintero-Puchuncaví.

El conflicto en Quintero y Puchuncaví se arrastra desde hace décadas. Las emanaciones de distintos contaminantes han enfermado a la población, llegando a un punto de difícil retorno. En el área de salud; el segundo gobierno de Michelle Bachelet se propuso avanzar en la colectivización del conocimiento en esta área. Es por esto que se levantaron los Consejos Consultivos de Salud, lo cuales existen a lo largo de todo Chile.

Desde la nube tóxica del 21 de agosto, los Consejos Consultivos de la zona han trabajado para que los conductos regulares en la salud pública respondan a las necesidades de la urgencia (41% de la población quinterana está inscrita en Fonasa). Entre sus peleas prioritarias está cambiar la complejidad del hospital -que actualmente es baja, nivel 4- lo que significa que no cuentan con servicios de oncología, mucho menos toxicólogos. Además, exigen tandas de exámenes toxicológicos efectivos para los niños y niñas de la zona, ya que hasta ahora solo se han realizado 10 exámenes que no resultaron ser efectivos, debido a que fueron exámenes de orina y lo que necesitan son exámenes de uña, pelo y sangre.

Hasta ahora son más de 1.700 las personas contabilizadas como intoxicadas en la comuna de Quintero, sin contar Puchuncaví. Esos diagnósticos nacieron desde el criterio del Ministro de Salud, el cual definió que se iba a diagnosticar intoxicación sólo los días que hubiese peak de contaminación en la zona. Es por esto, que muchas personas que asistían al hospital fueron diagnosticadas con sarna, urticaria, alergia o resfríos comunes asociados a la cefalea. Todo menos intoxicación.

Además, un hospital de baja complejidad con profesionales no capacitados en toxicología: ¿Podría tener el criterio suficiente para una emergencia de este tipo? Desde el Ministerio de Salud enviaron a un experto a capacitar al personal del Hospital Adriana Cousiño de Quintero, quien iba a quedarse una semana. Pero la clase duró un par de horas; instrucciones y listo.

El Ministro de Salud Emilio Santelices aseguró que está todo bajo control. “Yo prefiero ser exigente y señalar que tenemos la situación controlada, que efectivamente cuando tengamos un nuevo plan de descontaminación vamos a poder dar cuenta también de que los temas estructurales están controlados y en el transcurso del tiempo poder señalar que esto lo hemos superado” dijo Santelices.

En respuesta a esto, María Araya, Presidenta del Consejo Consultivo del Hospital Adriana Cousiño de Quintero plantea: “Para poder decir que no pasa nada tienes que estar acá, respirando el aire que respiramos nosotros”.

  • ¿Por qué crees que el gobierno toma esta postura?
  • Porque estamos peleando contra el poder económico. Nosotros somos las comunas que damos energía al país y luchar contra ellos es luchar contra Goliat.

Han pasado poco más de tres meses desde la nube tóxica del 21 de agosto. Estudiantes secundarios/as, pobladores/as, vecinos/as y trabajadores/as se han articulado y han levantado organización. Un movimiento sin precedentes en la ciudad de Quintero que ha tenido altos y bajos: Protestas masivas, tomas de instituciones públicas, persecución política y un dirigente sindical muerto; Alejandro Castro, llamado “El Mecha”.

Los distintos sectores organizados han levantado la consigna que instaló “El Mecha” el mismo día que fue encontrado colgado de la correa de su mochila en una avenida de Valparaíso, después de una masiva marcha; “que todo el territorio se levante y ejerza soberanía”.

La muerte de Alejandro Castro -pese a no estar esclarecida aún-, ha generado diversas reacciones en la comunidad. El dirigente secundario Alexis Rojas (18) aseguró: “Con la muerte de Alejandro nos dimos cuenta de lo que estaba dispuesto a hacer el Gobierno e incluso el empresariado con los manifestantes y líderes de aquel entonces. Pero ese miedo también fue reactivo, porque provocó; en vez de las ganas de no salir y de cuidarse a sí mismos, el hecho de salir a la calle, manifestarse y visibilizar lo que estaba pasando”.

Las movilizaciones levantadas por los estudiantes de enseñanza media han removido a la comunidad entera: Tomas de liceos, escuelas y colegios que se mantuvieron por más de 20 días, la toma de la Municipalidad de Quintero realizada en tres ocasiones y diversas marchas y cortes de carretera.

En este mismo contexto, distintos dirigentes han denunciado situaciones de represión policial. “En una ocasión estábamos funando al gerente de una de las empresas, cuando PDI llegó prepotente y nos empezó -a mí y a otro dirigente más- a colocar la boca de las pistolas en las costillas”, relató Alexis Rojas. “En algún momento pensamos que estaban colocando sus dedos para poder sacarnos, pero cuando miramos teníamos las bocas de las pistolas directamente en las costillas”, continuó.

“En otra ocasión fui detenido de forma arbitraria afuera de la subcomisaría de Quintero. Me pasaron a control de detención por delitos que no cometí; y dentro de la comisaría me pegaron, me amenazaron y me dijeron que ellos eran capaces de hacer cualquier cosa con tal de callar esto.”

Pese a los distintos amedrentamientos que han recibido, los distintos actores organizados de Quintero y Puchuncaví levantaron organización activa durante tres meses; tiempo en que elaboraron una serie de exigencias mínimas para solucionar parte del conflicto medio ambiental de la ciudad. Este documento fue entregado a la Municipalidad y otras autoridades; a las cuales les pusieron fechas para una respuesta concreta.

Finalmente, esa respuesta jamás llegó.

La toma en La Plaza de la Dignidad duró alrededor de dos meses. Funcionó como el corazón de la organización social y desde ahí lograron ejercer presión al gobierno, a la municipalidad y la prensa. Desde ahí fueron capaces de unir sus ideas y exigirles cosas concretas a las autoridades: “Movimos gente, se movió prensa. La plaza era bacán porque era un punto de convergencia; tú como periodista sabíai’ que si ibai’ a la plaza ibai’ a encontrar a los voceros, a los dirigentes todo el día, ¿cachai’?”, comenta Hugo Poblete.

Pasaron días, noches, ollas comunes, marchas, discusiones, enfrentamientos con FF.EE, etc. Todo lo que implica la organización de un movimiento social y como todo movimiento social; llegó a su momento de rearticulación.

Hoy el acampe ya no existe, la gente se cansó y llegó el momento en el que el movimiento muta, se transforma y se rearticula: “Estamos en un momento de reagrupación, estamos reconstruyendo nuestras bases y preparándonos para iniciar un proceso más largo de pelea y con una organización bien planteada”, asegura Alexis Rojas.

En términos concretos ninguna de las exigencias del documento entregado a las autoridades fue respondida. La única medida que tomó el gobierno fue la que denominaron “Plan de Descontaminación”.

Plan de descontaminación

A comienzos de octubre, el Ministerio del Medio Ambiente publicó en el Diario Oficial la resolución que le dará forma al Plan de Descontaminación para Quintero y Puchuncaví. El objetivo del proyecto es desarrollar una nueva regulación para las industrias de la zona; las que tendrían un límite máximo de emisiones perjudiciales para el ambiente, además de una meta de reducción progresiva de contaminantes. Este plan tendría su mayor efecto en salud en 12 años más.

“Este plan está mal desde su título; no se va a descontaminar. Aunque paremos la empresa por 30 años esto no se va a limpiar, porque los metales pesados son acumulativos; algunos duran años y años en suelo, mar y aire. Por lo que este plan de descontaminación tiene que hacerse nuevamente desde cero. Yo creo que lo que hay que hacer es que el Estado instale la norma OMS para regular los índices de contaminación, la cual tampoco es muy estricta; pero la empresa que cumpla con ella puede seguir funcionando y la que no, no más po’. Al menos para un primer paso, para subir el estándar. Hasta el momento no hay ninguna certeza de que no vuelva a ocurrir un evento de intoxicación masiva, entonces necesitamos de forma urgente que haya una normativa lo más estricta posible”, afirma Hugo Poblete. 

Una solución drástica

Para la geógrafa Viviana González, ni este ni ningún plan de descontaminación va a ser efectivo: “Acá puede haber cualquier plan de descontaminación, pero las condiciones físicas del territorio dan a entender que posteriormente se van a seguir dando estos procesos de contaminación. Y no solamente emergencias, porque aquí la población reaccionó ante elementos de emergencia, pero esta emanación de material particulado, de gases, de tóxicos van quedando también en la tierra. Entonces lo que ha ido pasando, es que la población ha ido teniendo una intoxicación pasiva por así decirlo, donde no se ven estos niveles de contaminación; cuando hay gente que ya ha manifestado tener cáncer, o el tema de los hombres de verde. Entonces acá puede haber cualquier plan de descontaminación, pero no se va a atacar el problema de fondo”.

Además, agrega que la situación de Quintero tiene solo una salida y es mucho más drástica: La relocalización de la población quinterana. Eso se vislumbra más factible que la salida de las empresas del territorio. “Eso es bastante pesado de escuchar, pero lo digo siendo lo más objetiva posible, debido al peso del sistema económico que tenemos, una relocalización de las industrias costaría mucho más que la relocalización de la población (…) Yo desde lo humano no estoy a favor de continuar con la expansión de la industria, pero siendo sincera no creo que vayan a echar pie atrás al proceso industrial”, asegura.

El crecimiento de las industrias no es compatible con la vida y esta problemática no está vigente solo en Quintero y sus alrededores, fue un proceso que se vivió en Chuquicamata, por ejemplo y que Viviana ejemplifica usando el informe Caja de Herramientas: Relocalizaciones planificadas para proteger a las personas de los desastres y el cambio ambiental, de la Organización Internacional para las Migraciones, para asegurar que esto pasó, pasa y va a seguir pasando: “¿Hasta qué punto vamos a esperar a que la gente se envenene o se siga muriendo para tomar decisiones de políticas públicas? Eso generaría remezones en torno a cómo estamos viviendo hoy en Chile. Aceptamos instalaciones de industrias, pero, ¿A qué precio?”, se pregunta Viviana.

 

  • ¿Qué piensas del término “zona de sacrificio”?
  • No son zonas de sacrificio, yo creo que el país en sí tiene una mentalidad pro sacrificio.