¿Qué es lo que nos une, el género o la clase?

Por Asociación Intersindical de Trabajadoras y trabajadores Clasistas, AIT. 

“Mientras que para las feministas la consecución de la igualdad de derechos con los hombres en el marco del mundo capitalista actual representa un fin lo suficientemente concreto en sí mismo, la igualdad de derechos en el momento actual para las mujeres proletarias es solo un medio para avanzar en la lucha contra la esclavitud económica de la clase trabajadora” – (Alexandra Kollontai, Los fundamentos sociales de la cuestión femenina) 

El movimiento feminista, en Chile, hoy, atraviesa un momento de auge. Se habla de una nueva ola feminista que ha sido capaz de instalar, en el debate público nacional, demandas que son propias de las mujeres. Es así como, durante las últimas semanas y a raíz de los reiterados casos de acoso y abuso sexual, al interior de universidades y colegios del país, las organizaciones feministas —pertenecientes, principalmente, al sector estudiantil — han  radicalizado el conflicto por medio de acciones tales como los paros y tomas en diversos establecimientos educacionales, además de la realización de movilizaciones masivas contra la  denominada «cultura de la violación», la que se entiende como un problema sociocultural que naturaliza y normaliza la agresión y dominación sexual de los hombres hacia las mujeres. En ese sentido, la cultura de la violación es una manifestación ideológica del Patriarcado y ha sido promovida, durante años, en las distintas esferas de la sociedad, incluyendo la educación. 

En relación a esto, desde un sector del movimiento feminista, en Chile —y también en el mundo—, las demandas que han emanado apuntan, directamente, al Patriarcado como causante de la situación de violencia que viven las mujeres y, asimismo, plantean su abolición como solución a dichos conflictos. Estas demandas tienen un carácter policlasista. Es decir, serían transversales a «todas» las mujeres, sean blancas, negras, mestizas, chilenas, mapuches, migrantes, pobres o ricas. En ese sentido, la lucha feminista hegemónica entiende que, acabando con el patriarcado, se acaba el problema de la mujer apuntando, por sobre todo, a la igualdad entre géneros. Sin embargo, esta visión pierde de vista que el Patriarcado no opera aisladamente. Existe una alianza entre el Patriarcado y el Capitalismo, la cual genera, primeramente, una división de clases al interior de la sociedad y que forja diferencias significativas entre las condiciones de vida de las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora y aquellas mujeres que pertenecen a la clase dominante.  

Perspectiva de clase 

Esta alianza, se expresa en términos materiales-productivos y, también, en aspectos ideológicos por medio de las diversas formas de opresión hacia la mujer —económica, política, social, cultural y sexualmente—. En términos materiales, el capitalismo patriarcal permite devaluar, aún más, la fuerza de trabajo de la mujer, por medio de la denominada «división sexual del trabajo», que otorga mayor especificidad a la explotación, distribuyendo los empleos según sexo, destinando a las mujeres a aquellos sectores laborales asociados a funciones secundarias como, por ejemplo, el área de servicios, que es un sector altamente precarizado —más del 70% de la masa laboral la componen mujeres—. A esto, se suma el trabajo doméstico, que es el trabajo gratuito que hacen las mujeres en el hogar, el cual permite reconstituir la fuerza de trabajo que requiere el capitalismo para funcionar, así como reproducir mano de obra, generando la condición de doble explotación que viven las millones de mujeres pertenecientes a la clase trabajadora. 

En ese sentido, consideramos que los intereses de clase dividen a las mujeres y, por lo tanto, la estrategia de lucha al interior del movimiento feminista dependerá de la perspectiva de clase que impere. En relación a esto, el movimiento feminista chileno —principalmente, el sector estudiantil— alberga, en su seno, distintos sectores que se disputan la conducción y hegemonía. Sin embargo, las principales corrientes son dos. Por un lado, están los sectores reformistas pequeño-burgueses que, gracias a su presencia partidaria —NM, FA—, han alcanzado notoriedad e incidencia pública, demandando igualdad de género, hablando de empoderamiento femenino, celebrando como grandes victorias de las mujeres la Ley de Aborto en 3 Causales o la Ordenanza municipal Contra el Acoso Callejero. En resumen, son aquellos sectores que plantean que las demandas de la calle hay que llevarlas al parlamento para que se conviertan en Ley. Por otro lado, también con alta presencia en el movimiento feminista estudiantil, están los sectores que se identifican con el feminismo radical, que postulan que sería la toma de conciencia individual de las mujeres y el autoconocimiento lo que las liberaría de su condición de opresión. Se caracterizan por levantar espacios de carácter separatista, sustentados en la idea de sororidad. Pero, estas corrientes, que son las de mayor influencia al interior del movimiento feminista, apuestan por soluciones que están dentro de los parámetros del sistema capitalista en el marco de la liberación individual, ya sea por medio del reformismo o por medio de acciones paralelas a este pero que acaban conviviendo con el sistema sin cuestionar su existencia de manera concreta. Ambas expresiones del feminismo, tienen mayor cercanía con corrientes liberales que clasistas, lo que se expresa en acciones como mujeres defendiendo a las carabineras de los hombres que están protestando junto a ellas, en el separatismo y discriminación de hombres que también son parte de los explotados por la clase dominante, etc. 

Política feminista 

Para las y los clasistas, el feminismo debe ser entendido en el marco de la lucha de clases. Si pierde este enfoque, se vuelve antirrevolucionario. En ese sentido, el feminismo liberal y policlasista se transforma en un retroceso para la clase trabajadora, dividiéndola por género y desviándola de sus necesidades e intereses más estratégicos. Por eso creemos que, hoy, una tarea urgente es construir feminismo de clase, que reconozca la alianza indisociable entre patriarcado y capitalismo como la fuente de opresión y doble explotación a la que estamos expuestas las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora, y que la única manera de vencer es por medio de la organización y la lucha de nuestra clase. Es decir, por medio de la unidad de las mujeres y hombres de la clase trabajadora, que son los únicos que podrán generar las transformaciones que el conjunto del pueblo necesita. Para esto debemos avanzar en la elaboración de una línea política feminista de carácter clasista y revolucionaria, que apunte a la emancipación de la mujer y la liberación de la clase trabajadora en su conjunto. 

Para avanzar en este cometido, como AIT, proponemos algunas tareas esenciales para el presente. En primer lugar, el levantamiento de sindicatos clasistas, combativos y antipatriarcales, con fuerte arraigo en las bases y que trabajen desde la autonomía sindical. Es importante, además, que sean sindicatos que enfrenten la subrepresentación femenina en el mundo sindical, promoviendo la afiliación y participación activas de las compañeras, tanto en su rol de bases como de dirigencias. Por otro lado, se hace necesario implementar estrategias que permitan abordar y dar respuesta a los conflictos que viven las mujeres al interior de los espacios laborales, ya sea levantando comisiones de mujeres, asignando una encargada, etc. Asimismo, se debe potenciar el levantamiento de sindicatos en sectores feminizados, como el sector de los diferentes rubros de servicios —salud, educación, retail, call center, manipuladoras de alimento, empresas de aseo, entre otros—. 

Feminismo trabajador 

En la misma línea, una segunda tarea es instalar demandas propias de las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora, tales como el derecho a una maternidad protegida o terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres que realizan las mismas tareas. Para esto, es necesario hacer uso de todos los medios que estén a nuestra disposición, generando consignas únicas que puedan desplegarse a nivel nacional, levantando petitorios con demandas feministas al interior de los sindicatos —como el derecho a sala cuna para madres y padres—, etc.  

Otra tarea fundamental, en los sindicatos y otras organizaciones de trabajadores/as, es la necesaria politización de las mujeres, apuntando al fortalecimiento de la conciencia de clase. Creemos que sin politización es imposible levantar organizaciones fuertes que luchen por la emancipación de las mujeres de nuestra clase —y del pueblo en su conjunto—.  

Por último, se hace absolutamente necesario abordar el feminismo desde el mundo del trabajo, ya que las mujeres estudiantes no han instalado las demandas propias de la mujer trabajadora, vinculadas a su doble explotación como expresión material del capitalismo patriarcal. Asimismo, es fundamental avanzar hacia la articulación de los distintos sectores que hoy trabajan desde un feminismo de carácter clasista, de tal manera de fortalecer esta perspectiva, convirtiéndonos en una alternativa al interior del movimiento popular.  

Por un feminismo clasista, para la emancipación de la mujer y la liberación de la clase trabajadora