El pueblo vota por la abstención y la movilización: ¡Chile se cansó de esperar!

Lo primero que llama la atención en los comentarios sobre la elección, es el desconocimiento y el desprecio mostrados hacia la inmensa mayoría que no votó por quienes creen en las elecciones. Se dice que por flojera o inconsciencia, que los no votantes habrían permitido el triunfo de la derecha, y que la solución, autoritaria, es volver al voto obligatorio. Suponen estupidez y maldad en quienes nos atrevimos a decir, desde antes de la elección, que este proceso no cambia nada la realidad inmediata del pueblo trabajador. No será un alcalde solitario, o un concejal honesto pero aislado, quien podrá cambiar un sistema corrupto.

Pero no perderemos tiempo discutiendo con quienes renuncian a toda racionalidad, a todo método para analizar los fenómenos políticos. Nosotros haremos un análisis político de la abstención, lo que significa y lo que nos dice sobre la sociedad y la situación actual, las tendencias que indica y las tareas que de ahí se desprenden. En primer lugar, la abstención no es una realidad nueva o sorprendente. Con voto obligatorio, nulos y blancos crecían a cada elección; el voto voluntario sólo transparenta la amplitud que alcanza el desinterés de la sociedad por las disputas de los poderosos. Quienes llamamos a no participar del circo electoral, sólo expresamos en lenguaje claro y comprensible por todos, el sordo malestar, el irritado disgusto de las grandes mayorías ante la periódica farsa.

La abstención tampoco es un objetivo en sí, sólo es un indicador de corrientes más profundas de la realidad social. Durante largos años al pueblo se le pidió confiar, y esperar que la Concertación resolviera sus problemas; el pueblo confió y esperó, votó por los candidatos que le impusieron. Durante los últimos años, la creciente movilización de trabajadores y estudiantes quebró esa confianza y puso en el orden del día sus demandas urgentes, por tanto tiempo contenidas. _sas3481

Esta exigencia abrió una disputa en el bloque en el Poder, entre formas de contener la movilización popular y devolver la estabilidad a la dominación y la acumulación capitalista. Por esa grieta afloraron escándalos de todo tipo, financiamientos inmorales, colusiones de grandes empresas, nepotismos y compadrazgos que sostenían las complicidades de una casta aferrada al Poder y sus privilegios. Sin mecanismos reales de participación, el pueblo se cansó de esperar, se movilizó por sus demandas y abandonó los rituales vacíos de esa democracia de apariencias.

La abstención crece en los mismos tiempos que crece la movilización independiente de diversos sectores populares; ambas son síntomas del rechazo popular a un sistema corrupto y excluyente, que responde a las demandas con reformas mentirosas y represión masiva y brutal. Algunos sectores políticos comprendieron que el sistema no responde a los intereses populares y que no sirve de nada seguir esperando; pero creen que aún es posible humanizar o corregir el capitalismo, y que el problema de la corrupción es de algunas personas, y no del conjunto del sistema. Por eso llaman a participar en elecciones para cambiar a los corruptos por personas honestas; al parecer no lograron convencer a las mayorías populares de que ese es un camino viable, salvo en algunos casos aislados, como Valparaíso. 

Creemos que el único camino de desarrollo político del pueblo es que sus diversos sectores hagan las experiencias que estén a su alcance, que experimenten por sí mimos los límites y posibilidades de todas las formas de lucha y organización. 

Otros importantes sectores hemos comprendido que no hay solución para los problemas populares dentro del sistema, que el problema es el sistema mismo, basado en la corrupción, sin mecanismos de participación democrática de los sectores populares, de brutal represión a la manifestación independiente de las demandas.  No es posible mejorarlo a través de sus propios mecanismos, y es necesaria una transformación radical, un nuevo tipo de sociedad: Una sociedad de mayorías, de trabajadores y demás sectores populares, con una democracia real, una economía que piense primero en quienes producen las riquezas con su trabajo, y no sólo en el lucro de quienes se las apropian. 

Tomamos de la abstención de las Municipales la lección: Chile se cansó, organización y lucha es nuestra tarea.

Por Ernesto Castro