Pueblo mapuche y capitalismo chileno

Por Reinaldo Vives

Al comenzar su mandato, Piñera convocó a los parlamentarios a «cinco grandes acuerdos nacionales». Uno de ellos, proponía actuar «por la paz en la Araucanía», sin más detalles acerca del enemigo o la razón de la guerraNo hacía falta. A nadie sorprende que, en un país donde hace decenios no hay una guerra real, se hable de «Paz» en una de sus regiones. 

Siempre, el Estado chileno, las clases dominantes, la prensa de los ricos, han entendido que la relación con el pueblo sólo puede basarse en la violencia. Son innumerables los episodios en los cuales, los grandes propietarios de la tierra, de las empresas y los bancos, han recurrido a fuerzas armadas para mantener su dominio. 

Es lo que ocurre, hoy, con el pueblo mapuche. Soberanos de un territorio propio, reconocido, incluso, por el imperio español, fueron sometidos a la más sangrienta invasión, llamada hipócritamente de «Pacificación», para quitarles sus tierras y ponerlas al servicio del enriquecimiento de los empresarios de Chile. 

En la actualidad, la mayoría de esas tierras son destinadas a la explotación forestal, por grandes empresas que forman parte del complejo rentista-exportador, uno de los polos económico-geográficos en los que el capital ha dividido el territorio chileno. 

Una economía extractivista 

Al igual que la gran minería, en el norte, o la pesca industrial, las forestales se dedican a exportar un recurso natural sin agregarle valor, lo que les garantiza una enorme rentabilidad, superior a la que obtendrían de cualquier desarrollo industrial. Al costo, claro, de arrasar la flora y fauna nativa y, sobre todo, de destruir el modo de vida de las poblaciones originarias.  

Por sus dimensiones, este tipo de explotación necesitó, en un comienzo, de grandes incentivos y aportes del Estado. Luego, la enorme acumulación de capital obtenida, permitió la renovación y afianzamiento de una moderna burguesía, de origen nacional, pero estrechamente asociada con grandes grupos de capital globalizado. 

Con esa base, los grupos económicos extienden sus operaciones a otros países de la región, como Brasil, Argentina, Perú y Colombia. Incluso, logran incursionar en mercados de Estados Unidos, Europa o Asia, como es el caso de las grandes mineras o el complejo forestal y papelero CMPC. 

Un eslabón más 

Al interior, estos conglomerados empresariales impulsan una serie de actividades económicas de producción de bienes y servicios necesarios a su funcionamiento. Carreteras y puertos para sacar su producción al exterior; construcción de bodegas y locales; como, también, una variedad de servicios comerciales y financieros. 

La integración, en el capitalismo actual, de todos los sectores de la economía chilena —y su amplia articulación en las corrientes económicas globales—, hacen ver como superadas categorías tales como país «dependiente», «emergente» y otras. Hoy, Chile es un eslabón más de un entramado global, y sus instituciones políticas velan por el interés común de todas las fracciones burguesas, que es mantener y profundizar la explotación de millones de trabajadores en todo el planeta. 

La explotación forestal de los territorios mapuche se convierte, así, en una herramienta central del actual patrón de acumulación y elemento esencial del crecimiento capitalista. Por su carácter rentista y por la explotación extensiva de los recursos naturales es, también, un elemento dañino para una sociedad profundamente ligada a la tierra y al uso comunitario de sus recursos. 

Fachos y progres 

Están creadas las condiciones de una contradicción social y política que no tiene salida en el capitalismo. Así lo han comprendido los cuadros políticos de todos los sectores de la institucionalidad burguesa, desde los más fachos a los más progres 

Por eso hoy, Piñera, habla de la necesidad de «paz en la Araucanía»; como ayer, Bachelet, hizo oídos sordos a las demandas del pueblo mapuche, mientras las fuerzas policiales de ocupación asesinaban a luchadores mapuche como Matías Catrileo o a trabajadores forestales como Rodrigo Cisternas. 

Las legítimas exigencias de territorio y autonomía, levantadas por las organizaciones del pueblo mapuche, se estrellan con la codicia y la brutalidad de las empresas y el Estado capitalista. Sólo el fin del capitalismo creará las condiciones para resolver las demandas de los pueblos. Esa es la base de la profunda solidaridad de los pueblos, y la convergencia de todas sus luchas.