A propósito de Trump, Michelle y el arribo de Macri en Santiago

Por Pablo Toro Monroy, estudiante de Ciencias Políticas

A pocos días del triunfo de Donald Trump, lejos del revuelo mediático, de la incertidumbre y de los anuncios del pueblo estadounidense de levantar movilizaciones en contra del presidente electo, en Chile se llevaba a cabo una conversación importante. Thomas Shannon, subsecretario de Estado para asuntos políticos de los EEUU, el hombre que mantiene las comunicaciones con los altos mandos del gobierno venezolano con la Casa Blanca,y que actualmente hace de Secretario de Estado subrogante, sostenía una reunión durante la quincena de diciembre con la presidenta Michelle Bachelet y el canciller Heraldo Muñoz, con su respectiva entrevista exclusiva para “El Mercurio” el sábado 17 de diciembre [1]. Su llamado fue a la calma, a decir que no había que anticipar las políticas del magnate y sobre todo, entrelíneas daba a entender que Chile no debía preocuparse y que seguía siendo una especie de alumno aventajado en la región para EEUU. Ese mismo día en el diario de Agustín, mismo cuerpo A de las noticias internacionales, Bachelet hacía un anuncio hacia el gobierno de Mauricio Macri en Argentina. El Estado de Chile instaba a Argentina a sumarse a la Alianza del Pacífico, que dejará su condición de país observador del bloque para unirse de lleno a éste. El incentivo que daba el gobierno de Michelle a Macri, era que podría seguir trabajando en el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), sin ningún problema y que así se podrían elaboran políticas en conjunto entre ambos bloques. Era cosa de hojear el diario para saber cuáles fueron las órdenes de Shannon a la gobernante de nuestro país.

 

Pero, ¿Por qué dos bloques en una misma región?. Ahí es donde debemos ir a la historia reciente de las relaciones internacionales. Mercosur fue concebido como una estrategia de desarrollo interno que permitiera ampliar los espacios económicos de las potencias regionales como Brasil y Argentina, quienes se pusieron en la conducción del bloque. Desde su fundación con el Tratado de Asunción en 1991, la alianza adquirió un sello distintivo con la llegada al poder de Lula Da Silva en Brasil y en Argentina de Néstor Kirchner, quienes intentaron llevar adelante su estrategia neo extractivista mediante Mercosur exportando y sumando su modelo de pseudo gobiernos progresistas, sumando al gobierno del Frente Amplio en Uruguay, a la aventura de Fernando Lugo en Paraguay, etc. Lo que entendemos por “Neo – extractivismo” es la explotación de recursos naturales para ser exportados, pero con una importante participación del Estado, lo que permite recuperar ingresos vía impuestos, royalties u otros mecanismo, para distribuirlos en los sectores populares, lo que otorga mayor estabilidad política a este tipo de gobiernos. El acercamiento con el gobierno del comandante Hugo Chávez fue importante, a pesar del intento de la República Bolivariana de llevar a cabo su propio bloque (ALBA). La llegada de Evo Morales al poder en Bolivia y de Rafael Correa a Ecuador en 2007 fue el punto culmine del apogeo de éste capitalismo con cara humana que intentó generar un polo latinoamericano semi independiente de los EEUU. Mercosur siempre intentó estar más cercano a la UE y con el impulso de Brasil, acercarlo al grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) emblema de la consigna de la multipolaridad en el régimen internacional. Con un Mercosur apostado hacia el Atlántico, los intereses de los EEUU respondieron con un bloque nuevo: la llamada Alianza Para el Pacífico, impulsada por el gobierno de Piñera en Chile y por México, sumaron a sus pares de Colombia y Perú y con el tratado de Lima en 2011 contrapusieron al neo extractivismo del Mercosur, una ampliación de la liberalización regional, reemplazando la idea del desarrollo del Mercosur por la competitividad, en resumen, neoliberalismo del más puro. El conjunto de la Alianza del Pacífico exportaban el doble que Mercosur, con un mercado mirando hacia China en términos económicos, pero hacia EEUU en términos políticos, fue clave en la ofensiva desatada contra el neo extractivismo en la región, el sabotaje al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, la llegada al Perú de un gerente como PPK y sobre todo la derrota a los Kirchner en Argentina y el golpe blando a Dilma Rousseff en Brasil, que hace vivir actualmente un auge de la derecha extremista neoliberal en el continente y el desmantelamiento del Estado interventor de aquellos países.

 

No haremos una defensa de los gobiernos supuestamente progresistas que pierden terreno en la Región. Todos ellos son gobiernos que funcionaron dentro de los esquemas del capitalismo, que distribuyeron, en parte, de mejor forma los ingresos y da al Estado cierta participación en los ciclos económicos, pero ninguno de esos gobierno presentó un proyecto emancipatorio concreto, nadie nunca definió claramente que significaba ese “Socialismo del Siglo XXI”, y al comprometerse con la administración de la máquina burocrática, olvidaron a los movimientos sociales que muchas veces fueron la base que los llevó al poder y en el último tiempo han reprimido a los mismo que en su momento les dieron el voto. Irrisorias son las declaraciones de Rafael Correa en una de las últimas ediciones del programa “Otra Vuelta de Tuerka” en España [2], cuando Pablo Iglesias le pregunta sobre la movilización indígena en Ecuador; “cuando uno gobierna, no puede dejar a todos contentos, menos a algunos politiqueros” fue la respuesta del saliente presidente de la revolución ciudadana a los movimientos sociales. El avance de la derecha en el continente es producto de la histórica derrota del reformismo en sus diversas versiones, ya sean la clásica socialdemocracia, que vive días de decadencia en Europa y de fractura en América, es cosa de ver nuestra versión criolla que opera bajo el seudónimo de Nueva Mayoría, o en su versión juvenil y carnavalesca, muchas veces incluso con más fricciones internas, como vimos cuando Syriza en Grecia llegó al poder, en la reciente elección interna de Podemos, y las contradicciones del Frente Amplio aquí mismo en Chile. Pero también es la derrota del sector de los revolucionarios quienes no logramos ser conducción en ninguna parte del mundo, profundamente desconectados de las masas, y en Chile, con profundas disputas y críticas a cualquier otro grupo que levante iniciativas políticas.


Que Trump, ponga fin al TPP no es ninguna victoria de la izquierda. El sector profundamente neoliberal que se impuso en las últimas elecciones en EEUU intentará negociar de mejor forma con los bloques regionales intentando aislar a China. El presidente Japonés ya fue a hacer negocios durante ésta semana con la Casa Blanca. Macri amanece hoy en Chile, sacando a Bachelet de sus cómodas vacaciones, para hacer efectiva la alianza entre Mercosur y la Alianza del Pacífico, en un momento en que desde el mismo Mercosur con las nuevas conducciones de derecha de sus dos potencias, se intenta asfixiar a Venezuela y a Bolivia del organismo. Lo más probable es que Mercosur desaparezca y que todo quede supeditado a un nuevo super bloque neoliberal que incluya a Argentina y a Brasil con los ya miembros de la Alianza del Pacífico, siempre y cuando el canal bioceánico que conectará Brasil y Argentina con el puerto de Coquimbo en Chile, sirva para acumular riquezas. Macri viene a Chile a reforzar la dominación del neoliberalismo desde el Atlántico al Pacífico. Tanto Macri como Bachelet viven profundas crisis internas en sus países. Macri viene en un momento en que el desempleo sube como espuma en Argentina, las consecuencias del tarifazo, la privatización de la salud y la educación, y una política de exterminio a los mapuche que habitan al sur de ese país, con la cortina de fondo de su primer año en el poder. Bachelet no suspendió sus vacaciones cuando explotó el Caso Caval, pero si es capaz de hacerlo para recibir al presidente argentino.

 

El Estado en el Siglo XXI, a eso ha quedado reducido, es solamente un mediador entre capitalistas de todo el mundo, a veces con un poco mas de injerencia como en el caso ecuatoriano, o con nula como en Chile y es lo que intenta hacer Macri en Argentina y Temer en Brasil. Un mandatario ya no responde ante hechos de corrupción en su país, pero si se levanta un domingo para juntarse con sus socios del Mercosur y de la Alianza del Pacífico. Es el gran sueño de los promotores de la separación de poderes y del equilibrio del mismo, el gran sueño del neoliberalismo: sacar todo Estado de la economía y que no se interponga, es lo que hace Donald Trump al enfrentarse en estos momentos con los jueces federales de los EEUU, decirles, no se interpongan en nuestros negocios, dejarles en claro, que para eso son los presidentes, para facilitar los negocios del imperialismo del capital financiero, para hacer la pega que con gusto hoy realizarán hoy Michelle y Mauricio y que cuando había que entregar el continente el imperio inglés hace 200 años también lo hicieron con gusto O´higgins y San Martín. Curiosidades del 12 de febrero, nuestro día de la “independencia”.

 

[1] http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=318836  

 

[2] https://www.youtube.com/watch?v=9GwP8qUUD2Y