Por qué la educación tiene que ser feminista y disidente

Por María Ignacia Pérez 

La revuelta feminista universitaria ha pegado con tanta fuerza que hasta la derecha más fascista aparece en los medios burgueses hablando sobre reivindicación de la mujer. ¿Es este un problema del movimiento o de la utilización de los medios?  

Es cosa de pasearse por las tomas feministas y podemos ver cómo se notan los años en que nos dejaron fuera de discusiones políticas en la historia mundial, dando argumentos tales como si la sororidad debe considerar a las mujeres burguesas, a las mujeres que son parte de las fuerzas represoras del Estado o si, también, se debiese marginar a una compañera trans negándole el espacio a las vocerías de nuestras movilizaciones, por no nacer con los genitales denominados como femeninos. Volvemos a caer en lo que tanto criticamos, llegando a importar más qué tienes entre las piernas para liderar la lucha. 

Sin miedo 

Las intervenciones en las asambleas de mujeres auto convocadas, en las diferentes universidades, rondan disputas ideológicas marcadas: feminismo neoliberal contra feminismo de clase, feminismo radical contra feministas y disidentes sexuales. Y es ahí en donde, también, se nos notan los años de aislamiento político, no sólo como mujeres sino, también, como mujeres que forman parte de la disidencia sexual —No, de la diversidad sexual. Disidentes, como opción política, disidentes de este sistema, que no sólo beneficia a los hombres, sino a los hombres cisgénero heterosexuales y oprime a todo lo que atente contra ese espacio.  

No le tengamos miedo a la disputa ideológica. Peleemos, si es que debemos pelear, para lograr líneas políticas claras, concisas y fuertes. Hagamos los debidos análisis de privilegios, que por años nos han golpeado al feminismo, y démonos cuenta que quedarnos en la comodidad de luchar, netamente, como mujeres estudiantes universitarias, deja fuera a quienes realmente deben abanderarse con el movimiento, quienes deben abrazar nuestras cuñas y discursos. No la derecha fascista, sino todas las identidades disruptivas de este sistema neoliberal hetero-cis-patriarcal. Todxs quienes nos reconocemos como no-hombres, pobres, migrantes, locos y locas, marginadxs al espacio más oscuro y prohibido: lo privado. 

Un deber 

El feminismo debe ser interseccional. El feminismo debe ser creado por nosotrxs lxs marginadxs. Aceptemos que la consigna de «educación no-sexista» nos ha quedado corta, que si la educación no es feminista no logrará cambiar los pilares de este sistema, aunque el concepto asuste, aunque el concepto aleje a quienes no lo han estudiado.  

Es nuestro deber, como individuas privilegiadas con el acceso a la educación, ser capaces de construir en nuestras comunidades la educación popular. 

Y que el capital y el patriarcado caigan juntos.