Pisando las cáscaras de plátano: El movimiento estudiantil en Honduras

Por Héctor Luis Álamo. Traducción por Benjamín Alaluf

Se cancelaron las clases el día lunes 9 de octubre en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en honor a los 60 años de autonomía universitaria del gobierno nacional.

Esto, querido y querida lector, se llama ironía.

“Como dijo mi profesor….Creo más que en las extraterrestre que en la autonomía de la UNAH,” escribió un ex-alumno en el Facebook de uno de los grupos universitarios. Otro alumno llamó a sus compañeros y compañeras del curso a asistir a clases el lunes para protestar la falta de autonomía.

Desde su creación en la primavera de 2016, el Movimiento Estudiantil Universitario (MEU), compuesto de estudiantes, docentes, funcionarios y sus aliados, se ha visto envuelto en una confrontación a veces violenta  con la administración no solamente de la universidad sino además con del país mismo.

Los orígenes del MEU vienen de otro grupo, el Movimiento Amplio Estudiantil (MAE), el cual protestaba contra la implementación de nuevos estándares académicos en 2014. Entre los cambios se incluían la extensión del horario de clases, alterando la duración de los tres periodos académicos y ponían como requisito que los estudiantes tuviesen que recibir un 70% para pasar de curso, en vez del 60% anterior.

Durante el primer año, 2014, una protesta en la sede de la Ciudad Universitaria en la ciudada capitalina de Tegucigalpa interrumpió una sesión especial del Consejo Universitario. En octubre, los estudiantes se tomaron la sede Valle de Sula en San Pedro Sula por un par de semanas para protestar contra los cambios, y también contra la criminalización de los manifestantes de parte del fiscal general quienes habían ocupado la sede por un día en julio.

Desde entonces el movimiento se ha expandido, con otras sedes regionales plegándose en solidaridad. Los estudiantes y sus seguidores exigieron un enfoque más democrático para la educación pública, incluso la transparencia y la participación directa de estudiantes en las políticas académicas. Estos llamados por las reformas democráticas  a nivel universitario hicieron eco de aquellos que se estaban haciendo a nivel nacional, mientras la población general habían estado (todavía está) luchando contra el régimen golpista en Honduras desde el golpe militar en 2009.

Como el pueblo hondureño había pedido la renuncia de los presidentes golpistas – primero Micheletti, después Pepe Lobo y ahora Presidente Juan Orlando Hernández – y otros funcionarios gubernamentales, el MEU ha pedido la renuncia de la mayoría de los administradores universitarios. El objetivo principal era Julieta Castellanos, la rectora de la universidad, a quien muchos y muchas veían como aliada de la agenda neoliberal del gobierno, particularmente en los intentos en privatizar el sistema educativo nacional e imponer un proceso de toma de decisiones más centralizado y vertical a lo largo del país.

2015 fue testigo de muchas protestas y ocupaciones más largas, y 2016 era peor. Desde fines de mayo, los estudiantes renovaron sus demandas anuales de derogar las reformas académicas de 2014 y establecer un sistema de participación estudiantil en la administración universitaria.

El 15 de julio 2016, en medio de una ocupación de más de 40 días, los administradores fueron obligados a cancelar el segundo semestre completo. 75 manifestantes, quienes también querían que la universidad y el gobierno terminaran la persecución a tres estudiantes que habían ocupado la universidad desde 2015, fueron imputados por usurpación. Ambas partes llegaron a un acuerdo aquel agosto, lo cual dejó los cargos contra los 75, y además postpuso las reformas académicas hasta que se pudiesen discutir adecuadamente.

El movimiento llegó a 2017 con un poco de esperanza de reconciliación, pero en marzo, miembros del MEU acusaron a la universidad de no cumplir con el acuerdo previamente hecho. El MEU prometió más protestas si la universidad continuaba ignorando las demandas estudiantiles. Se agregó la demanda de elecciones estudiantiles en el Consejo Universitario para que los estudiantes puedan participar en la elección al reemplazante de la Rectora Castellanos. Ahora, la criminalización continua de las protestas por parte de la universidad y el gobierno se ha vuelto tema principal.

En las tempranas horas del 25 de mayo de este años, la policía arrestó a 20 miembros del MEU, quienes habían ocupado el edificio administrativo de la UNAH. Los 20 fueron imputados por daños a la propiedad de la universidad y negarle la libertad a otros estudiantes, docentes y otros funcionarios. A uno se le anuló la beca y a otros se les suspendieron por 15 semestres.

Esto desencadenó una tormenta de protestas jamás vistas en los años anteriores. A mediados de junio el MEU empezó a ocupar la sede principal de Tegucigalpa que duraría hasta el 8 de septiembre, y volvieron a clases tres días después. La ocupación de la sede de la Ciudad Universitaria coincidió con la ocupación de la sede de Valle Sula que había comenzado el 5 de julio.

Esta vez el MEU pidió al Congreso Nacional Hondureño que intercediera de parte de los estudiantes y que se creara un Gobierno Universitario Provisional que asumiera los deberes del Consejo Universitario y rectoría.

Una comisión congresional ofreció quitarle los poderes especiales a rectoría y establecer un sistema electoral para la representación estudiantil directa en la administración universitaria.

Con una nueva tregua más asegurada entre el MEU, los administradores universitarios y el gobierno hondureño, las cosas lentamente han comenzado a volver a la normalidad en la UNAH, no obstante con indecisión. El sucesor interino de Castellano, Francisco Carrera, aún enfrenta un duro camino por delante, sobretodo si piensa ser meramente más de lo mismo.

Una cosa está clara: los miembros del Movimiento Estudiantil Universitario seguirán vigilando cada paso y palabra del nuevo rector. Están aprendiendo una lección muy seria sobre la democracia y enseñando también.

¡Hasta la victoria, compañeros y compañeras!