Paraguay y su odisea a la democracia

Por Jorge Rojas y Jazmín Coronel

«Es de madrugada y estamos escondidos de la policía. Hacen redadas y a cualquiera que encuentren están llevando a la comandancia. Tenemos miedo hasta de que nuestra respiración nos delate, porque no perdonan a nadie. Vimos cómo llevaron a compañeras arrastrándolas de sus cabellos por el asfalto sucio de su propia sangre, derramada tras los balines. Mataron a un chico en su Partido y ahora están pasando uno a uno por los locales de oposición». Nos retorcemos de miedo escuchando relatos de cientos de personas, porque esta historia ya nos la contaron… pero era de hace 30 años.

En Paraguay, la forma histórica de dominación es la oligárquica. La oligarquía, además de detentar el poder fáctico, tenía el control de los medios de comunicación masivos y ponía y deponía presidentes a su antojo. Tenía el país y sus negocios bajo control, más allá de quién ocupaba la silla presidencial.

Pero, llegó Horacio Cartes quien, desde que asumió el gobierno, la enfrentó, a fin de desarrollar su propio programa: Una modernización conservadora y una nueva forma de dominación que, nos arriesgamos a decir, es más peligrosa, por estar en directa conexión con el crimen organizado.

Esta pugna, de grupos de poder económico, hizo que figuras igual de nefastas que Cartes, del sector político de esas viejas oligarquías, se escindieran del nuevo proyecto.

Cartes, con la habilidad de sus asesores, entendía que esa oligarquía no le iba a dejar gobernar, realizar su programa o, incluso, terminar su gobierno. Se puso en marcha para renovar las reglas de juego y cambiar la Constitución de forma prepotente y apurada, combinado con brutal represión policial. Es solo el primer paso, y lo saben sus adversarios.

A la oligarquía le queda la última carta: sus medios masivos de comunicación. Esta es la verdadera razón de la oposición de los multimedios a la enmienda, no la posibilidad, ya quimérica, de reelección de Fernando Lugo, el ex presidente de la unión de las fuerzas progresistas, depuesto con un golpe parlamentario. Al promover la reelección, él también podría candidatearse.

Esta posibilidad, hundió las heridas que fueron abriéndose en el sector progresista desde el Golpe, y que terminaron por agrietarse, aún con más profundidad, luego de que Lugo y su anillo respaldasen la represión e ignorarasen que un joven fue muerto en el principal partido opositor de Cartes.

Cartes, necesita reglas de juego nuevas y un periodo más para ponerlas en orden. Tiene un programa que desarrollar y nuevos tratados internacionales que renovar. Nos encontramos con, quizás, el panorama político más incierto desde la transición democrática, abortada por el cartismo, que sabe bien cómo orquestar masacres para cumplir sus objetivos: ya descuartizó una oposición y unos candidatos a presidente murieron en extrañas circunstancias ¿Jugaría un juego donde tiene oportunidades de perder?

Nos queda resistir a los embates del cartismo, que ya no es una lucha por la defensa de un artículo de la constitución, sino por la defensa de las libertades públicas. El impasse de nuestro sistema político debemos solucionarlo en otro periodo, con una reforma constitucional, cuando el fascismo no esté con sus fauces abiertas y las puertas del infierno estén cerradas.