Pañoletas Verdes

Javiera Ormeño Correa

Pañuelo verde en la cara, en el cuello, en el brazo, en las muñecas; no importa si la consigna se levanta como el viento a lo largo de todo el continente: Aborto legal, seguro y gratuito. Bajo el ejemplo de lucha de todas nuestras compañeras a lo largo de la historia, hoy el ejemplo triunfal de nuestras compañeras al otro lado de la cordillera nos da un impulso en la lucha. Nuestras compañeras argentinas saliendo con la fuerza que sólo entrega una historia injusta, opresora, de silencio y de alejarnos del libre dominio y decisión sobre nuestros cuerpos. A lo largo de nuestras vidas nos enseñaron que todo el mundo tiene derecho a decidir sobre nosotras: el capitalismo, la Iglesia, el comercio, los medios de comunicación, el machismo imperante en la calle; todos menos nosotras, quitándonos incluso el derecho a decidir sobre algo tan propio, tan íntimo como el decidir ser madres o no serlo.
Sólo cuatro países en el continente tienen acceso al aborto libre: Cuba, Uruguay, Guyana Francesa y Puerto Rico. Aspiramos a cinco, ya que en Argentina recién hace poco más de un mes el proyecto pasó la aprobación general de la cámara de diputados. En el resto, han restringido el aborto con causales o peor aún, sigue siendo criminalizado y penalizado en su totalidad donde las influencias conservadoras de la Iglesia juega un rol fundamental en Latinoamérica. Sin embargo, el espíritu de lucha siempre se ha expandido con velocidad, y este caso no es diferente; compañeras de países como México, Brasil, Perú y Chile comenzamos a organizarnos y levantarnos una vez más por esta demanda histórica. Porque esta lucha no es sólo de género como han querido que lo veamos durante todo este tiempo, esta es una lucha política. El aborto libre es también un tema de clase, porque quién se ha visto reprimida y oprimida a lo largo del tiempo por la iglesia y por el Estado ha sido la mujer pobre. La que muere, la que se va presa, la que es públicamente apuntada con el dedo, la que los medios sensacionalistas ridiculizan por querer decidir, por no poder decidir y traer “más críos pobres al mundo”, esa ha sido la mujer pobre, precarizada, pobladora y trabajadora. Porque claro, si aborta es asesina y si no aborta es puta, una mala madre, es “luchona”. Porque la mujer burguesa, siempre ha tenido el privilegio de ir a la clínica privada y arreglar un pabellón con un par de lucas; sí, ellas siempre han podido abortar libremente, sin cuestionamientos y sin peligros.
Por eso, hoy salimos a la calle con rabia, rabia acumulada de años, siglos y milenios. Rabia, porque insisten en decidir por nosotras. Rabia, porque el patriarcado y el capital nos han querido en silencio y sumisas, cuidando los privilegios de una clase explotadora. Rabia, porque seguimos sometidas a la decisión de un grupo; que hay que preguntarle a la iglesia, a los cuicos, a la academia… Rabia y reivindicación, juntas y organizadas. Porque las luchas de clase y género no están separadas, por el contrario, cada día nos demuestran más y más que van de la mano, juntas, unidas. Porque esto lo haremos por aquellas que han muerto en la desesperación, por aquellas que han tenido que ir a declarar a un juzgado cuando su único crimen ha sido no querer y poder dar a luz. Por aquellas que fueron forzadas a tenerlo, incriminadas públicamente por sus pares y exigidas además a cumplir su rol de la mejor forma, con todo aquello que el mercado inventó con su “instinto materno”. Por ti, compañera, y también por mí, por todas nosotras hoy salimos con rebeldía a la calle, por el derecho a ser y también no ser. Aborto seguro, legal y gratuito para todas nosotras.