Operación Huracán: Montajes, impunidad y represión

Por Reinaldo Vives

La prensa de los poderosos se muestra atónita por las denuncias de la Fiscalía contra Carabineros, por fabricar pruebas para detener a una serie de personas mapuche, y luego para desacreditar al Fiscal que no aceptó el uso de las pruebas falsas. Pero no había de qué asombrarse, toda la “Operación Huracán” y los supuestos mensajes de WhatsApp olían mal desde un principio.

Desde su detención, los acusados y sus abogados denunciaron el montaje: señalaron que no usan celular, o no tenían instalados sistemas de mensajería; lo absurdo que sería, entre mapuche que hablan mapudungun, intercambiar mensajes delicados en castellano; ausencia de armas y municiones, a pesar de los allanamientos en sus domicilios.

Por supuesto, la prensa al servicio de los grandes empresarios no dio ningún crédito a los desmentidos. Incluso, tras una visita del subsecretario del interior a su par argentina, se cerraron 12 pasos fronterizos, sembrando la alarma  a semanas de la visita del Papa. Al mirar el resultado, el papelón daría risa si no fuera por el daño causado a personas inocentes, detenidas con la brutalidad habitual de los uniformados.

Fue necesario un segundo montaje, para que los medios se dieran por enterados; se acusó al fiscal que se negaba a usar las pruebas fraudulentas, y a su asistente, de filtrar información a dirigentes mapuche con el fin de sacarlo del caso. También a ellos se les plantaron mensajes falsos en los celulares.

Impresiona el desparpajo de Carabineros ante la situación, una de las crisis más graves de la corrupta institucionalidad de este país. Se niegan a la investigación en sus locales, su jefe se va de vacaciones, sin dar importancia al asunto. A pesar que la responsabilidad se extiende al menos hasta la subsecretaría de interior, encargada de dirigir los aparatos represivos, nadie renuncia ni asume consecuencias.

Villalobos tiene sus días contados; íntimo de Bachelet, sabe que no sobrevivirá al cambio de gobierno. El tema es si saldrá como sirviente ejemplar o autor de montajes para justificar la ocupación en territorio mapuche, cobrando suculentas asignaciones; montajes que también sirven para tapar el escándalo de los millones defraudados de los fondos institucionales.  

Lo que ningún sector político menciona es que corrupción y fraude no son “casos aislados”, como los describe la prensa y las vocerías de Carabineros. Las denuncias de corrupción son maneras en que los sectores dominantes de este país resuelven sus disputas de poder, en ausencia  de proyectos políticos diferentes, asociados como están todos a los grandes capitales globales.

Tampoco se ha oído a ningún responsable político apuntar a las causas de fondo de la autonomía e insolencia de la policía uniformada: La casi total impunidad de que han gozado por las torturas y crímenes de la época dictatorial, por las desapariciones en gobiernos civiles, por el rutinario y brutal aplastamiento de las movilizaciones populares.

Ese rol político, de garantes de la dominación y la explotación, los sectores populares no debemos olvidar, con eso tenemos que terminar, a través de la movilización y la lucha.