Un nuevo ciclo para el movimiento estudiantil

Por Eloísa González, ex-vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) y militante de Unión Rebelde 

Los movimientos sociales como fenómeno emergente, en Chile, tienen una relación directa con el surgimiento del movimiento estudiantil. Este no inició en 2011. Tiene una larga historia y tradición de lucha con diferentes matices, de acuerdo al contexto político y social en que se ha desarrolladoEn razón a esta historia, no podemos hablar de un solo movimiento compacto y unidireccional. Más bien, y haciendo eco sobre las características de los movimientos sociales, el estudiantil ha sido dinámico y un constante terreno en disputa.  

En su ciclo 2011-2013, el rol de los estudiantes secundarios mediante la ACES fue estratégico, logrando instalar temáticas que superaron lo gremial y trasladaron el debate a un terreno más ideológico y estructural. Ejemplo de aquello fueron la demanda de renacionalización de los recursos naturales; desmunicipalización con control comunitario; y posteriormente, educación no sexista. Incluso, experiencias de lucha concreta donde los estudiantes apoyaron y participaron de huelgas (huelga callcenter Konecta y huelga Metro), conflictos socioambientales como Freirina y Chiloé, generando procesos incipientes de transversalización que no lograron profundizarse. Se llegó a problematizar y acentuar el conflicto institución y democracia burguesa con las formas de organización que fueron adoptando los escolares, levantándose en coyunturas particulares como vocerías político sociales (Yo no presto el voto, elecciones de primarias). 

Analizar las formas de organización que se adoptaron en sus diversos ciclos, como también las agendas y prioridades que se fueron instalando en cuanto a su pliegue reivindicativo, nos permite extraer lecciones fundamentales sobre el rol y la importancia que juega el movimiento estudiantil. No pasa por desechar, como han querido algunos, el 2011 o las coyunturas de ciclos anteriores, sino todo lo contrario, extraer de aquello las experiencias que sirven para seguir proyectando conflicto. ¿Para qué?, se preguntarán algunos. Y para quienes buscamos construir una sociedad de trabajadores, atacar todas las formas de dominación, construir perspectiva de clase mediante movimiento popular y ser capaces de abrir un nuevo camino para una generación que pueda encabezar un proyecto revolucionario en el Chile del siglo 21, el desarrollo de los movimientos sociales y particularmente del movimiento estudiantil es clave. 

Rol político y social 

A partir del 2014 y con la llegada de la Nueva Mayoría, el movimiento estudiantil principalmente a través de la Confech, comenzó a perder terreno. Algunas organizaciones despolitizaron las discusiones y orientaron su quehacer a una lógica mucho más reaccionaria sobre las agendas legislativas y político institucionales. No haberse referido ni problematizado sobre la crisis de credibilidad y de legitimidad que se abrió a raíz de los casos de corrupción, como también haber abandonado sectores estratégicos (universidades privadas y educación técnico profesional) y no haber generado procesos de transversalización en la demanda respecto a otros movimientos sociales y sectores sociales en conflicto, fue cerrando espacios potenciales de desarrollo.  

El traslado de la producción discursiva y elaboración política que se produjo con el desligue del movimiento estudiantil de su rol político social y el traspaso de dichas vocerías a espacios institucionales, tales como el congreso, fue generando un vaciamiento político ideológico y fue perfilando un movimiento estudiantil tremendamente servicial a las instituciones y partidos políticos tradicionales como no tradicionales. Estuvimos a punto de vivenciar un cierre de conflicto el año 2016 con la ola de reformas en educación superior como escolar, y a pesar de haber frenado la clausura de dichos conflictos, hoy se hace fundamental perspectivar un movimiento que recupere aquellas características que le permitieron encabezar procesos sociales y de movilización claves para dimensionar proyectos emancipatorios y de ruptura.  

En síntesis, las tareas claves para este 2018 y proyectando un nuevo ciclo del movimiento estudiantil son, el fortalecimiento de las dirigencias estudiantiles y sociales; defender la autonomía de los movimientos sociales; construir a partir de estos movimientos en su transversalización, movimiento popular y perspectiva de clase; reinstalar debates políticos e ideológicos en materia educativa, económica, valórica y social; fortalecer comunidades educativas porque la centralidad de éstas, es lo que permite construir discursos con perspectiva de clase; y énfasis en el rol que juegan los estudiantes secundarios y la perspectiva de la educación técnico profesional.