No jueguen con nuestro dolor

Por Carmen Gloria Quintana

He guardado un profundo y doloroso silencio al enterarme de los últimos días del gobierno anterior. Me siento en duelo. Si rompo mi silencio autoimpuesto se debe al hecho que se me hace insoportable que las más altas autoridades de un gobierno democrático realicen actos de tal envergadura, como es el burlarse del dolor de quienes precisamente lo dimos todo para recuperar la democracia.

Estimo que lo sucedido con Punta Peuco es una falta de respeto cruel con el dolor las víctimas y con nuestra sociedad.  Quien gobernó fue Michelle Bachelet y ella es la que debe dar las explicaciones de lo sucedido. Ella tuvo 4 años para hacerlo, pero hoy resulta evidente que no tuvo las ganas ni la voluntad política.

No obstante, considero que también son responsables los gobiernos de la Concertación, de la derecha y de la Nueva Mayoría. ¿Hasta cuándo se deja en las espaldas de las víctimas la responsabilidad de portar la bandera de los DDHH?

Una sociedad sana políticamente, debiera tener como bandera el respeto incondicional a los DD. HH., por cuanto la evolución de la humanidad así lo demanda. En esto, no hay dos opiniones ni colores políticos. Lo anterior no es motivo ni materia de discusión en los países desarrollados con democracias maduras, donde los valores como la verdad y justicia no están en entredicho, países donde los culpables condenados por la justicia son severamente castigados cuando vulneran estos derechos preexistentes.

Sobre las responsabilidades que le competen al demócrata de última hora, Jaime Campos, con relación a su gestión, solo puedo agregar que, si el presidente hubiese sido un hombre, no habría actuado de la misma forma, ni mucho menos habría comentado su actuación como lo hace ahora. Se ha retratado de cuerpo entero.

No son estos precisamente los valores y señales que debemos dar a las próximas generaciones, si se pretende instaurar un modelo de sociedad en el que no existan ciudadanos de diferentes categorías, donde no exista racismo, y con inmensas desigualdades como la las que existen en estos momentos.

Yo no soy la mujer símbolo a la que pueden usar para mandar recados sobre los delincuentes que han vulnerado los DD.HH., o la mujer símbolo con la cual se comprometió Bachelet al cierre de Punta Peuco, como si esto fuera una cuestión personal. Cuando debería ser toda la sociedad que a gritos pide su cierre. Que lejos estamos de la comprensión en plenitud de los DDHH.

Personalmente, me encuentro vejada, triste y apenada, solo me queda la esperanza que algún día mi país sea distinto.