Ministro nuevo, cuento viejo

Por Felipe Riquelme,  Presidente del centro de estudiantes Liceo Jose Victorino Lastarria 

En el último tiempo se han planteado una serie criticas frente al nombramiento del nuevo ministro de educación, Gerardo Varela. Efectivamente, ha sido una de las preocupaciones del movimiento por la educación, no sólo porque es un ministro designado por Sebastián Piñera, sino por el historial que éste posee.   

Varela es un ministro que no ha sido nunca parte de una comunidad educativa, no encarna la realidad que nosotros representamos. Todo lo contrario, si algo posee es un alto interés en los negocios, demostrado públicamente a lo largo de toda su carrera, asumiendo roles importantes en múltiples directorios de empresas como Soprole, Campos chilenos, Avla SA; como, también, siendo asesor de la Universidad Católica en la venta del Canal 13 al grupo Luksic. No sólo ha sido una persona especializada en los negocios. También, sus últimos dichos marcan una clara posición ideológica que se opone a lo que el movimiento estudiantil ha levantado en los últimos años. En sus propias palabras,  «La solución para la educación no es la gratuidad ni la prohibición del lucro y menos de la selección y el copago, sino que el desafío es cómo seguir atrayendo inversiones, competencia y talento».  

El nuevo ministro refleja hacia dónde irán orientadas las políticas del actual gobierno y lo que nos deparan estos cuatro años. Los estudiantes han dejado en claro que el lucro es uno de los principales conflictos dentro de la educación y, a su vez, éste ha sido eje fundamental de las movilizaciones en los últimos años. El fin al lucro debe ser instalado nuevamente dentro de la palestra pública. En consecuencia, el movimiento estudiantil se verá enfrentado a un conflicto profundamente ideológico y, tanto los estudiantes como el conjunto de los movimientos sociales, juegan un rol clave dentro de la escena nacional. Con el historial de Varela y sus dichos, solo nos queda preguntarnos: ¿Ministro de Educación o Ministro de los Empresarios? 

 Una ley sorda 

No podemos olvidar el gobierno de la Nueva Mayoría, quien llevó adelante la Ley de la Nueva educación pública, reforma que hace oídos sordos a las propuestas del movimiento estudiantil, como desmunicipalización con financiamento estatal directo a las comunidades educativas. Pero el gobierno opta por armar un aparato burocrático estatal —que deja sin incidencia ni capacidad de decisión a las comunidades educativas—.  

Las primeras problemáticas dentro de los Servicios Locales de Educación (SLE) ya comenzaron. Los profesores insertos en las comunas de Pudahuel y Cerro Navia, no quisieron dar comienzo a las clases producto de los $13.000 millones de pesos de deuda histórica del Estado hacia los docentes. Lo anterior nos hace cuestionarnos. ¿Realmente, la clase política tiene interés en darle solución al conflicto en educación? Claramente, la clase política no tiene voluntad y el movimiento estudiantil debe comprender que hoy, más que nunca, se necesita una articulación directa de las comunidades educativas, porque el conflicto no sólo nos afecta a nosotros, sino al conjunto de las comunidades (no olvidemos el paro histórico de los profesores el 2015). Por lo tanto el rol articulador del movimiento estudiantil hoy es urgente. El gobierno de Sebastián Piñera no solo va a golpear a los secundarios sino que a los movimientos sociales en su conjunto, cuyo rol pasa a ser un pilar fundamental frente a los próximos 4 años de gobierno. 

Para finalizar, el movimiento estudiantil tendrá que enfrentar un ministro experto en negocios, con una postura ideológica altamente contradictoria a las demandas del movimiento estudiantil y una reforma educacional que excluye a las comunidades educativas, dándoles meramente un rol consultivo y no decisivo. Los estudiantes tienen una función clara para los próximos cuatro años de gobierno. Instalar el conflicto ideológico con la clase política (lucro, competencia etc.), articular las comunidades educativas y apoyar a los movimientos sociales que se han levantado en este último tiempo.