Miguelina Montupil, pobladora y presidenta del Comité Galvarino: “Si hay que ser delincuente para que nos tomen en cuenta, lo vamos a seguir siendo”

“Aquí el que no lucha no gana y el que lucha gana”, dice Miguelina Montupil frente a la fogata que reúne a los pobladores del Campamento Galvarino.

En mayo de este año, la familia de Miguelina (43) y otras seis decidieron hacer ocupación ilegal de un terreno ubicado en Puntaqui con Departamental en la comuna de La Florida. Hoy ese terreno es el Campamento Galvarino, uno de los 702 campamentos del país donde la agenda corta del gobierno no llega.

Por: Lorenza Soto y Constanza Vargas.

En su programa de gobierno, Sebastián Piñera planteó implementar el programa Chile sin Campamentos, para priorizar a las familias que viven en estos espacios, además de desarrollar un programa para reducir a la mitad el déficit habitacional en un plazo de 6 años. A pesar de que se reconocía la problemática como urgente, no era parte de las prioridades de su agenda.

El Ministerio de Vivienda y Urbanismo no realiza un catastro de campamentos en el país desde el año 2011, pero según cifras entregadas por el Centro de Investigación Social de Techo-Chile hoy día existen 40.541 familias viviendo en tomas de terreno, 13.163 más que en el año 2011. Son 4.500 las familias que optaron por levantar campamentos junto a la Federación Nacional de Pobladores (Fenapo), sin esperar ayuda de nadie. Solo en la región Metropolitana hay 81 campamentos y uno de esos es el Campamento Galvarino.

Miguelina Montupil Gómez tiene 43 años; nació y vivió casi toda su vida en Cobquecura, en la Región del BíoBío. Luego del terremoto del 2010 decidió migrar a Santiago junto a su esposo y su hijo pequeño. Hoy es madre de dos niños, uno de cinco y otro de ocho. Luego de haber vivido un tiempo en la calle, decidió tomarse un terreno en La Florida junto a otras seis familias para darle una vida digna a sus hijos. Hoy esa toma de terreno es el Campamento Galvarino y Miguelina es vocera y presidenta del comité.

¿Qué te impulsó a venir a Santiago?

Nosotros vivíamos en Cobquecura y para el 2010 -el año del terremoto que se convirtió en tsunami- arrancamos para acá. Lo perdimos todo, murieron nuestras mascotas entre los escombros y nunca nos llegó ninguna ayuda del gobierno de ese entonces. Las 100 mediaguas que llegaron al pueblo se hicieron súper pocas. Toda la ayuda que llegaba, el alcalde de ese tiempo la dejaba en el gimnasio del colegio y no la repartía, se la daba a sus amigos y familiares, mientras que nosotros estábamos tirados en el cerro, sin agua, ni comida, ni pañales para los niños. No teníamos absolutamente nada. Teníamos que sacar agua de las vertientes. Con ropa de los vecinos hacíamos pañales porque había varios bebés en la misma situación que mi hijo. De allá nos arrancamos para acá porque a mí me dio miedo, porque fue horrible estar justo en el epicentro del terremoto.

¿Cómo fue la llegada?

Una vez que llegamos acá tampoco tuvimos ayuda de nadie, ya que no teníamos la ficha de protección social. Yo me dediqué a recoger cartones, botellas, diarios y siempre con mi hijo de dos meses… Fue súper duro, pero pasó el tiempo y logramos tener la ficha de protección social, mi hijo empezó a ir al jardín y yo empecé a  trabajar. En ese tiempo estuvimos de allegados, lo pasamos súper mal porque nos humillaban, agredían a mi hijo, él tuvo que ir al psicólogo.

¿Qué las impulsa a tomarse el terreno?

Formamos un comité para tratar de obtener la casa propia, buscamos mil instancias, con todos los chiquillos del comité, pedimos ayuda al municipio, a varias asistentes sociales y todos nos negaron la ayuda. Estando dentro del 40% de vulnerabilidad no hemos recibido ninguna colaboración, porque hay bonos que se les dan a los niños, pero aquí no llega ningún bono.

Estábamos marginados y teníamos problemas. Habíamos presentado alrededor de ocho terrenos en el Serviu (Servicio de Vivienda y Urbanismo) y nos fueron diciendo que no era factible. Pero para mí y mis compañeras sí lo era. Yo estuve en la calle e incluso me llevaron detenida para que desocupara el lugar donde estaba durmiendo, así que yo opté por venir y tomarme este terreno junto con otras familias que estaban pasando lo mismo que yo. Así nos dimos cuenta que no somos los únicos, porque hoy hay muchas familias en Chile que están en la misma situación. Aquí nos encontramos con compañeras que estaban en la calle con sus hijos, con la Vicky con su bebé de un año. También hay otra chica que también está en situación de calle y pronto se va a venir, no lo ha podido hacer porque no tiene los materiales para hacer su media agua y ella tiene cuatro niños; aun estando con su pareja no les alcanza porque su sueldo es demasiado bajo.

Por eso nosotros estamos peleando este terreno, para que nos escuchen y vean que realmente estamos mal y que no solo somos nosotros, sino que hay muchas personas en nuestra situación y a los únicos que están escuchando es a las personas que tienen dinero, a los ricos… ¿Y nosotros? A nosotros nos dejan de lado. Esta es una buena plataforma para que vean la realidad de muchas familias chilenas y sobre todo de los niños, porque a ellos los vulneran por todos lados. No es un beneficio el que estamos pidiendo; le estamos exigiendo al gobierno el derecho que tienen todos los niños de vivir en una casa digna, una vivienda propia. Esa es nuestra lucha, nosotros no queremos generar que las personas piensen: “Ay los pobrecitos, se están entumiendo de frío”, porque aquí nosotros hemos pasado el frío de la nieve, la lluvia y entre nosotros salimos adelante, en la misma Federación nos hemos apoyado, porque las municipalidades y el gobierno, como estamos en toma, nos miran como delincuentes, lamentablemente. Pero si hay que ser delincuente para que nos tomen en cuenta, lo vamos a seguir siendo, porque ellos están vulnerando nuestros derechos.

El Campamento Galvarino es liderado por mujeres. “No es fácil tomarse un terreno, pero aquí estamos nosotras dando la lucha”, afirma Montupil.

¿Cuál es la historia de las mujeres que hoy están en el campamento?

Las mujeres son más decididas que los hombres. Una mujer no puede ver llorar a su hijo porque está entumido de frío, siempre busca los medios para protegerlo. La mayoría de nosotras nos levantábamos a las 5:30 am para conseguir puesto en la feria y poder vender, hay algunas niñas que trabajan de lunes a domingo porque son asesoras del hogar. Aquí somos todas trabajadoras y además muy decididas, porque nosotras no podemos dejar a los niños en la intemperie, para que se enfermen o les pase cualquier cosa, a que se queden solos en las casas, para que pueda entrar alguien y se los pueda violar, o simplemente vivir debajo de un puente, esa no es la idea. Nosotras buscamos entre todas un buen vivir para nuestros hijos.

Así que nos pusimos de acuerdo siete mujeres y vinimos a tomarnos este terreno. Ahí la Fenapo nos apoyó, nuestros mismos compañeros nos ayudaron a tomarnos el terreno, porque nos vieron decididas y complicadas, porque no es fácil tomarse un terreno, pero aquí estamos nosotras dando la lucha. Por eso nos tomamos el terreno, porque no queríamos ver sufrir a nuestros hijos, queremos mejorar su calidad de vida y eso nos llevó a delinquir, como dicen.

¿Por qué Galvarino?

Porque nosotros venimos de la Villa Galvarino que queda en Peñalolén, por eso le pusimos así. Aparte de que Galvarino fue un cacique bien fuerte y decidido, como nosotras. Aquí nosotras agarramos las palas, tomamos los cables, sacamos la basura, la maleza; esto era todo un basural y ahora está quedando súper lindo. Tenemos un proyecto para hacer una sala para los niños y un comedor. Hemos avanzado: hasta tenemos piscina, porque aquí en el terreno había una piscina, solo tenemos que encontrarla para que los niños tengan pal verano. Ustedes también están invitadas a venir a bañarse gratis (entre risas).

¿Cómo les fue con la reunión que tuvieron hoy  (25 de junio) con el Serviu?

Bueno, se podría decir que bien, porque es factible que nos puedan construir departamentos de hasta tres pisos. Ahora solo hay que buscar la instancia de tratar de hablar con la señora Cecilia Morel, que ella es la presidenta de Integra, la que lleva la mesa directiva para ver si nos ceden el terreno. Porque jardín infantil acá no es necesario, lo que se necesita acá son viviendas y hay varios terrenos para construir aunque el Estado diga que no. La verdad es que basta con que ellos nos digan: “Ya, tal día partimos”…Uy, ¿Se imaginan? Vamos a hacer un carrete súper grande, un asado para cuando nos digan que sí. Y hacemos sopaipillas y todo. Las chiquillas hacen unas sopaipillas con zapallo súper ricas.

Algo bueno del comité es que acá los hombres también cocinan. Así como nosotras también hacemos trabajos de hombres, ellos también tienen que hacer trabajos de mujer, como cocinar, como cuidar a los niños, lavar. Acá todos los trabajos son 50 y 50.

Pobladoras y pobladores a la luz del único foco del Campamento Galvarino. “No estamos pidiendo un beneficio sino que exigiendo un derecho”, afirman.

Dentro de las prioridades que tenía Piñera en sus 100 primeros días de gobierno no estaba la vivienda. Lo único que menciona es el compromiso de realizar un catastro de cuántos campamentos hay en Chile ¿El gobierno llega al Campamento Galvarino?

Hasta el momento a nosotros no nos ha llegado ningún tipo de ayuda del gobierno, nada. Lo que sí, en el Serviu nos están escuchando, nos están tomando en cuenta, porque han venido acá los asistentes sociales para hacer un catastro de las familias que lo estamos pasando mal.

Pero ojalá el Piñera abra los ojos y salga a terreno, claro que es algo que nunca va a pasar, pero ojalá viera que en realidad los pobres están sufriendo, sobre todo los niños y ellos no son culpables de haber nacido pobres. Ellos tampoco son culpables de que algunos papás no sepan leer ni escribir.

Yo lo que opino de este gobierno es que se ponga las pilas no más y trabaje para los pobres, pero lamentablemente está tirando para los ricos, pero ahí hay que darle a la lucha, hay que decir: “¡Aquí estamos!”, colgándose de un puente o parando las calles. Hay que pelearla, porque es la única forma de que nos vean y nos escuchen y vean lo que una está pasando realmente.

¿Crees que los “tiempos mejores” de Sebastián Piñera llegaron?

La verdad es que yo creo que aquí el que no lucha no gana y el que lucha gana. Porque no van a llegar aquí a la casa y decir: “Toma aquí tenís tu llave”. Si una no sale a luchar a la calle no va a haber ganancia; esa es la única forma.

Así que tiempos mejores no han llegado, porque aquí siempre es lo mismo. Por eso todos tenemos que unirnos a la lucha. Hay gente a lo largo de todo Chile que también está en esta lucha. Nosotros estamos uniéndonos con otras coordinadoras que también luchan por su causa y yo quiero que el gobierno nos escuche y nos dé soluciones y soluciones concretas, soluciones dignas, ahora ya.

Miguelina Montupil al calor de la fogata del campamento. Atrás se asoma el juego de uno de los pequeños revoltosos de la toma de terreno. “Nosotras buscamos entre todas un buen vivir para nuestros hijos”, afirma Montupil.

¿Algo más que quieras decirnos?

Yo hace siete meses era una dueña de casa que andaba buscando un comité para inscribirme y llegué a la Fenapo. Ellos me enseñaron a hacer una autogestión de todos los documentos que tengo que tener para pelear un terreno, que hay que llevar la lucha diaria. Sin la Fenapo no seríamos nada. Yo hace seis meses no sabía absolutamente nada y ahora, no es que sepa mucho, pero sé la causa y conozco la lucha que estoy dando y sé que es un bien.

A la vez sería un ejemplo para otras mujeres que están pasando lo mismo que yo. Que esta lucha las incentive para que salgan a la calle con sus carteles porque esto no dignifica a la gente, sino que la enaltece. Nosotros no queremos que nos vean como unos pobrecitos, sino como lo que somos, que somos: luchadoras. No cualquier mujer viene y se toma un terreno con sus hijos. Nosotras no tuvimos opción, pero aun así no cualquiera lo hace. No estamos pidiendo un beneficio sino que exigiendo un derecho.

Texto por Lorenza Soto y Constanza Vargas.

Fotos por Lorenza Soto