Miguel: La consecuencia de un líder

“A la revolución no se la lleva en los labios para vivir de ella, sino que en el corazón para morir por ella”  – Miguel Enríquez

Miguel Enríquez, huella imborrable de la historia profunda del país más lejano de esta América morena.  

Chile: De las cadenas del reino de España a la tutela de la floreciente industria inglesa que desata procesos de conformación de nuevas capas sociales.   

En el comienzo del territorio nacional nace y se desarrollan los primeros balbuceos de la clase obrera al calor del auge de la explotación del salitre. Ganancias siderales que posibilitan el enriquecimiento fabuloso de algunos pocos y la miseria de los miles que habitaban los campamentos mineros del norte grande. La muerte azotó al pueblo trabajador cuando los primeros rasgos de conciencia clasista se distinguían en las incipientes manifestaciones de lucha por los derechos a un salario más digno que permitiera, por lo menos, el acceso al pan y al descanso para poder comerlo. La represión, la persecución y la muerte fue la respuesta al reclamo por condiciones más dignas para el obrero y su prole.                                                

De norte a sur se extiende la injusticia y desigualdad social; así como en el norte, de la tierra del carbón brota la riqueza de la oligarquía chilena y sus padrinos extranjeros y la miseria para el que la extrae con el sudor de su frente. En 1860 se había producido el criminal despojo al pueblo mapuche, de sus tierras y de sus derechos más elementales. 

Sudor y sangre será regado por todo el territorio nacional: Plaza Colón en Antofagasta en 1906, Santa María de Iquique en 1907, San Gregorio en 1921, Ranquil en 1934, Población José María Caro en 1962, El Salvador en 1966, Puerto Montt en 1969. Falta mucha tinta y sobra indignación para nombrar todos los crímenes cometidos por el Estado en contra de los pueblos que reclaman por el despojo, que beneficia a sólo unos pocos.  

En la mitad del siglo veinte, el nivel de las conciencias y espíritu de lucha de las grandes masas explotadas y expoliadas había crecido notablemente. Nacían nuevas expresiones de organización popular y las que ya existían se transformaban para dar paso a expresiones más liberadoras. Toman protagonismo los sectores sociales que tendrían los roles más activos a la cabeza del pueblo en sus diversas expresiones de lucha. Obreros y estudiantes conducen los destinos de un pueblo hacia posiciones nunca vistas antes.   

En los sesenta ya hay en marcha un proyecto social que interpreta a los que no tienen nada que perder; son los pobres del campo y la ciudad. Son los miles que se incorporan a luchar para construir una nueva sociedad que permita a todos el acceso a la justicia a la dignidad y a la libertad. Socialismo o muerte era una de las consignas que recorrieron las calles de Chile y del continente. 

Son las características propias de los procesos sociales los que, cual vientre materno dan a luz y determinan, a su vez, las excepcionales cualidades de algunos luchadores. Miguel, en su dimensión política, es síntesis del pensamiento del Chile más rebelde, más organizado, más preparado para luchar, crear poder popular y vencer. 

Teoría y práctica revolucionaria se despliegan en el liderazgo que llegó a plantear una nueva propuesta popular de sociedad. De décadas de gestación, juvenil es la propuesta que promueve como satisfacer el hambre de igualdad y la sed de justicia.  

La consecuencia moral y política de Miguel y su generación tendrán gratitud eterna de las mujeres y hombres que replicarán algún día: ¡Trabajadores de Chile adelante, adelante con todas las fuerzas de la historia!