El mercado de los medicamentos: Una expresión más del lucro en la salud

Diversos casos de colusión han aparecido a luz pública en el último tiempo. Desde los pollos hasta el papel higiénico, pasando por los casos del transporte de pasajeros interurbanos, de las navieras, de la venta de refrigeradores, de los pañales, etc, provocando el repudio generalizado del pueblo pobre a estas prácticas, que son algo común para el empresariado nacional y validadas soterradamente por los dueños del poder. Sin embargo, un lugar especial en este paisaje de mentiras y mediocridades lo ocupa el caso de colusión de las farmacias. Si en general podemos criticar el hecho de que los empresarios, no satisfechos de explotar a sus propios trabajadores y trabajadoras, decidan concertarse en verdaderos carteles criminales para robarle al conjunto de la población, en el caso de las farmacias resulta aún más patente que estas prácticas no sólo afectan nuestros bolsillos, haciendo gastar de más, sino también nuestra salud, al impedirnos el acceso a los medicamentos que necesitamos para sanarnos de nuestras enfermedades.

En efecto, las cadenas de farmacias Cruz Verde, Ahumada —FASA— y SalcoBrand concertaron alzas en los precios de al menos 222 medicamentos, con un promedio de aumento del 30%. Esto principalmente para enfermedades crónicas y aquellas con mayor prevalencia entre la población. Este robo no es, por supuesto, la única causa de preocupación para los hogares chilenos en términos de salud y sólo viene a empeorar una situación que se puede catalogar de catastrófica. En Chile, el gasto por hogar en medicamentos alcanza un aproximado de 4,6%, siendo de los mayores de países de la OCDE, y compartiendo este «honor» con México y la República de Corea, muy por encima del promedio que se encuentra en 2,9%.

Evidentemente, estas organizaciones criminales no podrían actuar sin los necesarios respaldos políticos e institucionales del poder. Por ejemplo, los culpables de la colusión de los medicamentos nunca pisaron un centro de reclusión, como tampoco lo han hecho los políticos corruptos ni los empresarios ladrones y coimeros. En efecto, la única condena que han recibido ha sido en términos morales por parte del conjunto de la sociedad. Esto no soluciona el problema central, que es el del acceso a los cuidados médicos necesarios para el conjunto de la población, ni previene que tales hechos delictuales se vuelven a cometer.

En esta misma línea de edulcorar la realidad se inscribe la apuesta de ciertos sectores reformistas, rápidamente seguidos por buena parte del aparato político burgués, por levantar Farmacias Populares. Aún cuando, parcialmente, puedan ser mejores mediadores que las farmacias coludidas, desvían la atención sobre el hecho central, que es la necesidad de que el Estado se haga cargo, mediante una política pública de garantizar el derecho de la población, de forma universal, a la entrega de la totalidad de los medicamentos solicitados por los profesionales a través de las recetas médicas.

Para lograr este objetivo la respuesta popular ha sido insuficiente. Es claro que esta no se hizo esperar y se transformó en vitrinas de las diversas cadenas de farmacias con pintura, huevos y rayados que denunciaban el actuar criminal de los mercaderes de la salud. Sin embargo, la solución a los problemas de la salud de todas y todos no pasa por estallidos puntuales o condenas morales, no pasa por reformas más o reformas menos, ni por plantear soluciones en el marco del sistema capitalista neoliberal, sino que por la organización política de los explotados y oprimidos en cada uno de los frentes donde se ven atacadas sus condiciones de vida y negados sus derechos populares. La solución a lo que se ha denominado «el problema de la salud pública», a los altos costos de los medicamentos, a los elevados valores en la atención, a las eternas listas de espera, pasa por levantar una apuesta política que no se contente con denunciar y lamentarse por esta inmunda realidad que vivimos, cotidianamente, los pobres del campo y la ciudad, si no que sea capaz de diseñar una propuesta superadora de este orden social injusto y de construir una nueva sociedad, una sociedad sin opresión ni explotación.

Por Comité de Salud Maipú, Construyendo Salud al Servicio del Pueblo y las y los Trabajadores