Los desafíos de los próximos años: Del pacto patronal a la autonomía de los trabajadores y trabajadoras

Por Horacio Díaz OlivosTesorero de FESIN, Federación de Profesionales, Técnicos y Administrativos de la Ingeniería.

El segundo gobierno de Bachelet empezó con el alza del pasaje del Transantiago y la renovación del subsidio para las empresas forestales; y culmina con la persecución de los evasores del sistema público de transporte y un nuevo montaje para perseguir a las organizaciones mapuches que luchan por recuperar las tierras usurpadas. 

 

El desgaste político del pacto Concertación-Derecha buscó renovarse en el primer gobierno de Bachelet. Pero fracasó y debió entregarle la banda presidencial a Sebastián Piñera quién, también, fracasó en el intento de relegitimar el pacto. Su estruendoso fracaso permitió que Bachelet, a la cabeza de una nueva coalición, intentara retomar el liderazgo de este pacto agotado y absolutamente falto de legitimidad para la población. 

El nuevo gobierno de Sebastián Piñera no es sólo un nuevo gobierno de Derecha, sino la culminación de un periodo de 28 años de cogobierno del Acuerdo Nacional que unió a la oposición burguesa a la dictadura y al apoyo político civil al pinochetismo que agoniza. 

La apuesta patronal 

En este pacto, el Partido Comunista siempre quiso estar. Conforme a su historia de colaboración de clases, este partido ha utilizado una etiqueta, un nombre. Pero, lejos de una amenaza para el empresariado, se ha mostrado como una oportunidad para obtener privilegios en nombre de la clase trabajadora. 

La nueva apuesta de la patronal es que Piñera encabece un nuevo pacto que le permita a su sector gobernar por varios años, excluyendo al Frente Amplio y el Partido Comunista, con el objetivo de lograr nuevas tasas de ganancias a partir de la explotación de 8,5 millones de trabajadores en Chile. 

Un sindicalismo independiente 

Pero los trabajadores y las trabajadoras no son los mismos que se ilusionaban con la transición a la democracia y la recuperación de conquistas obtenidas durante los años previos a 1973. 

Ahora los trabajadores y las trabajadoras saben que los políticos que gobernaron durante los últimos 27 años, desde socialistas hasta la UDI, fueron todos financiados por los mismos empresarios pinochetistas. Ahora los trabajadores y las trabajadoras han sido testigos de la lucha estudiantil que ha logrado instalar el derecho a la educación, y han sido testigos de la lucha de las comunidades que ha instalado el derecho a un medio ambiente saludable. Ahora los trabajadores y las trabajadoras han visto emerger un sindicalismo independiente y autónomo, capaz de luchar por los intereses políticos y económicos de sus socios y socias, a contrapelo del sindicalismo de colaboración de clases que encabezó la Central Unitaria en apoyo al empresariado que se ha beneficiado del cogobierno Concertación-Derecha. 

La descomposición del sindicalismo de colaboración de clases ha provocado la explosión de la Central Unitaria (CUT), debido a su pérdida de credibilidad, y el resurgimiento de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la constitución de la Central de Trabajadores de Chile (CTCH), todas tratando de ganarse la generosa credibilidad del empresariado, bajo el supuesto que ellas representarían la subordinación mayoritaria de los trabajadores y trabajadoras en Chile bajo su liderazgo. 

Lo que está en juego 

En este contexto político y social el desafío del movimiento de trabajadores y trabajadoras, autónoma e independiente, es construir un sindicalismo clasista y aliarse a los movimientos sociales más activos en la lucha anticapitalista, con los siguientes desafíos: 

  • Pensión de vejez con un 70% de tasa de retorno fruto de un sistema de reparto. No más AFP. 
  • Sueldo mínimo equivalente a una canasta básica mensual.  
  • Pensión mínima equivalente a un sueldo mínimo mensual. 
  • Negociación colectiva por rama. 
  • Pleno derecho a huelga y plena titularidad sindical. Derogación de la ley 20.940 y del Código del Trabajo. 
  • Fin al subempleo y todo tipo de subcontrato. No más honorarios. Derecho al empleo mínimo garantizado. 
  • Derecho a sala cuna para todos los trabajadores y las trabajadoras. Permiso para cuidados de ancianos y ancianas para trabajadores y trabajadoras pagado por los empresarios. 

En los próximos años no está en juego el nombre de los políticos o el nombre de las políticas que gobernarán el estado chileno nacional, regional o comunal, sino lo que está en juego es la lucha que acabe con la subsidiariedad y el lucro capitalista, y la lucha por una economía autogestionada y de participación activa de los trabajadores y las trabajadoras en los centros laborales de todas las ramas de la producción de bienes y servicios.