“Lo personal es político”, y los religiosos lo entendieron

Por Jazmín Coronel Bejarano

Que la religión y el poder siempre se estrecharon los brazos no es ninguna novedad. Lo que sí es novedad es cómo logran actualizar sus formatos para seguir instaurando sus regímenes conservadores a través del tiempo.

Mencionando el tema, la ola conservadora parece venir a galopada en América del Sur. Años atrás a lo mejor a muchos les parecería conspiranoica la teoría de que podriamos tener un retroceso en materia de derechos humanos. Pero la vulnerabilidad en la que estamos sumergiendo casa vez más, parece indicarnos que no ese trataban de ideas tan absurdas.

En Paraguay, la discusión política que se entabla con relación a la inexistente ideología de género, llega a parecer una comedia, incluso apta para mentes brutas.

Hace un par de meses, se viralizó a través de redes sociales un material en donde supuestamente se enseñaba a los niños sobre la diversidad sexual (lo cual es urgente).

Físicamente, nadie pudo encontrar y comprobar si esos libros eran de Paraguay, pero bastó para que los grupos religiosos fundamentalistas acusaran de que a sus niños se “les está enseñando a ser homosexuales”.

Enrique Riera, el propio ministro de Educación y muy allegado a los mal denominados grupos pro familia, no tuvo mejor forma de disimular su ignorancia que prohibiendo, a través de un documento, la difusión y utilización de materiales “referentes a la teoría y/o ideología de género”, no sin antes ofrecerse a quemar todos los libros sobre el tema en la plaza pública.El asunto se pone peor en Brasil: a fines de septiembre un juez federal aprobó que los psicólogos brasileños puedan ofrecer terapias de “reversión sexual” a sus pacientes.

Estas prácticas estaban prohibidas en el país por el Consejo Federal de Psicología desde 1999, que es lo lógico para disminuir la intolerancia en un país en donde, por día, una persona es asesinada por motivos de odio homófobico, según la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero e Intersexuales (ILGA).Además, se aprobó que en las escuelas públicas se pase a enseñar religión, lo que va en contra de las leyes de un estado Laico, como lo es constitucionalmente Brasil.

Si bien las clases no serán obligatorias, se impartirán en horario normal de aulas y las escuelas deberán contratar a representantes religiosos para impartir las aulas.

Toda esta ola conservadora no es coincidencia, es que su Congreso está copado por evangélicos de los segmentos más radicales.

¿Cuál es la relación entre las situaciones en ambos países? Pues es la fórmula.

Tanto en Brasil como en Paraguay, los cristianos militantes entendieron que debían llegar al poder (no solo tener buena relación con los que estaban allí) si no ejercerlo el de manera directa y, lo que es muy importante, con un respaldo politico electoral que, avalara sus decisiones.

Las decisiones consisten en penetrar sin disimulo al sistema educativo con la excusa de proteger a los niños de la “perversión humana”.Es importante aclarar que apuntan al sistema educativo entendiendolo como sistema entero, más allá de las escuelas.

Buscar figuras exitosas y admiradas que refuercen el discurso de la meritocracia combinado con un singular y conveniente teocentrismo, es también una de las tácticas y, muy poderosa, de llegar a jóvenes y niños.Además, como acotábamos al inicio, las maneras de hacer que la religión sea una propuesta acorde y atractiva a las nuevas generaciones se van creando, el reggaeton cristiano es un clarísimo y contundente ejemplo.

El ataque no es solo a la comunidad LGTBI y a las mujeres, por eso es necesario hacerse esta pregunta: ¿Por qué es tan peligroso que grupos religiosos evangélicos busquen ejercer poder desde puestos políticos?

El modelo que apoya este sector es justamente el más nocivo para los y las trabajadores: Es el neoliberalismo, pero recargado de culpa humana.

Apunta a las personas como únicas culpables de su éxito o fracaso (esto siempre desde la perspectiva de cuán útil es uno al sistema de explotación), ignorando la responsabilidad de no solo una empresa, Gobierno o Estado, si no de un sistema que está diseñado para que quien nazca sin recursos económicos, muera así.

Por ello, es necesario que las organizaciones revolucionarias y progresistas observen con atención a la proliferación del avance de estas ideas conservadoras, y lo que es importante: no las subestimen.

El retroceso está con un pie en América del Sur, no lo dejemos encontrar su punto de equilibrio aquí: Demos una respuesta política con formación, organización y militancia.