El lenguaje como forma de dominación: Por la boca muere el pez

La manera en que hablamos, aún por más superficial que parezca lo que decimos, devela lo que pensamos profundamente y desde dónde miramos el mundo que nos rodea 

Muchas veces hemos escuchado que los sindicatos, el movimiento estudiantil o los movimientos sociales en pos de sus demandas, se sientan a “negociar” con la contraparte en busca de una solución a éstas. Y es que, también por medio del lenguaje, el capitalismo nos inocula su ideología y nos pone bajo la garra de su poder. Claro, “negociar” es más parecido a comerciar, traficar, especular, vender, comprar; que a pactar, convenir o acordar. Y, obviamente, negociando, tenemos más posibilidades de perder, pues así son los negocios: unos ganan y otros pierden. Si usamos la palabra, ya caímos en la trampa.

Significados

Noam Chomsky postuló que cada oración tiene dos niveles distintos de representación: una Estructura Superficial y una Estructura Profunda. La estructura profunda representa el significado de lo que decimos, y está asociada con la estructura superficial mediante transformaciones. Aunque los postulados de Chomsky evolucionaron, a posteriori, no es menor notar lo acertado de esta mirada. 

Aportes posteriores a ésta afirman que, básicamente, lo que decimos tiene este significado profundo (lo que pensamos), y se transforma en lo que hablamos por medio de generalizaciones, eliminaciones y distorsiones que hace el cerebro de forma automática, y que suponen el sobreentendimiento por un asunto de economía. De lo contrario, estaríamos horas hablando y tratando de comunicarnos. Esto se ve, claramente, en la discusión política cuando hablamos de conceptos que entendemos de diferentes maneras, deviniendo estos en significados equívocos.

Una pequeña guía

Haciendo las preguntas correctas se puede ir en camino de develar la estructura profunda de lo que nos dicen o, incluso, nos decimos nosotros mismos. Las generalizaciones, excluyen opciones: “Todos los políticos son corruptos”, “Los chilenos no quieren eso”. Habría que preguntarse ¿todos, todos?  ¿cuáles? En las eliminaciones, excluimos información: “Nos prometieron soluciones”. ¿Quiénes? En las distorsiones, hay algo del significado que está mal formado. Por ejemplo, en el juicio de valor: “Los políticos son corruptos”. ¿Según quién? Por último, una de las mayores distorsiones es que tendemos a centrarnos más en lo que no queremos que en lo que queremos y esto interfiere con la claridad de nuestro discurso político y, por lo tanto, de nuestros objetivos: “No a las AFP”, por ejemplo, tiene el problema de que no lleva implícita una propuesta de qué queremos.

Liberarnos

Hace unos días, en una discusión de esas que se dan en redes sociales, se hacía escarnio público de un “vocero” del movimiento estudiantil. Los “odiólogos” escribían contra este “dirigente” estudiantil, denostándolo. En la democracia de base, donde se desarrolla el control comunitario, donde el vocero es un verdadero representante de la opinión de la asamblea y no un “dirigente” o “líder” que se arranca con los tarros para cumplir con su agenda propia y a espaldas de las bases, queda clarísimo el poder liberador y anti opresivo que tiene el lenguaje bien utilizado, porque ahí es donde tenemos la certeza que cuando se le nombra “vocero”, estamos expresando no sólo un significado, sino también una coherencia entre estructura profunda y acción, entre teoría y práctica.

Por Tania Guevara