Las once crisis de Puerto Rico

Por Héctor Luis Álamo

Escribir un repaso de las crisis en curso en Puerto Rico es una tarea espiritualmente agotador. Con sólo que me pidan que proporcione unos comentarios, aunque breves, inmediatamente me pone de mal humor.

No es que no me guste hablar de mi patria paterna, porque sí me gusta. Pero es que mi amor por Puerto Rico—sus vistas, su pueblo, la historia de ellos—sólo intensifica mi frustración con el hecho de que nada cambie nunca en el archipiélago, al menos no para el mejor. Mucho de lo que se escribió en 1918 todavía se pega hoy en 2018, y para un comentarista actual es una lucha constante llegar a las razones para reiterar los argumentos antiguos escritos cuando Don Pedro todavía era una licenciado de Harvard sirviendo a su país (o lo que él creía era su país) en el ejército de los Estados Unidos.

Ocurre que este año también es el centenario de la muerte de José de Diego, conocido como “el padre del movimiento independentista puertorriqueño”, y cualquiera que desee entender los problemas actuales de Puerto Rico le haría bien en leer uno de sus poemas. Pero supongo que los lectores chilenos y los del resto del mundo quieren los detalles mórbidos de los últimos morados que quedaron en el pueblo de Puerto Rico, quienes han sido continuamente maltratados—primero por los españoles, luego por los yanquis—bajo esa forma más insidiosa de abuso social que se llama el colonialismo.

A menudo utilizo el sustantivo plural “las crisis” al hablar de la situación en Puerto Rico. A los medios de comunicación les encanta informar sobre cualquier crisis que esté de moda para debatir esta semana, ignorando rápidamente la crisis que encarriló la semana anterior. Esto hace que el público en general, ya notorio por su memoria a corto plazo y su falta de sentido histórico, olvidara completamente la crisis de la semana pasada. Sin embargo, para cualquier puertorriqueño que esté realmente prestando atención, la crisis de la semana pasada, en lugar de ser olvidada, simplemente se añade a la creciente lista de crisis en curso en Puerto Rico.

La crisis de esta semana, según los medios dominantes, es el inminente colapso del sistema educativo público de Puerto Rico. El departamento insular de educación dice que su matrícula ha disminuido en 22.350 estudiantes en los más de 100 días desde que el huracán María se rasgó a través de la isla a finales de septiembre, obligando a la Secretaria de Educación de Puerto Rico, Julia Keleher, a decir: “Definitivamente tenemos que cerrar [algunas] escuelas”. Lo que quiere decir es que tiene la intención de cerrar algunas escuelas más, añadiendo a las 167 escuelas que se cerraron el verano pasado. Su meta, junto con la Secretaria Federal de Dducación, Betsy DeVos, parece abrir el sistema de educación pública a la privatización a gran escala. En un tweet del 26 de octubre, Keleher levantó como un “punto de referencia” la conversión del sistema educativo de Nueva Orleans a un sistema de escuelas charter [particulares-subvencionados] después del huracán Katrina.

Sus maquinaciones están en línea con el deseo del gobernador Ricky Rosselló de privatizar los servicios públicos de Puerto Rico, incluyendo la muy endeudada Autoridad de Energía Eléctrica. Aún antes de que Irma golpeara a principios de septiembre, circularon rumores que la Prepa, como se conoce en inglés y en español, era “intencionalmente degrad[ando] el servicio” para, como lo puso un informe publicado en The Intercept, “cebar la bomba para la privatización.” El pasado mes de julio, cuatro miembros de la junta gobernante de Puerto Rico publicaron un editorial en el Wall Street Journal bajo el título inequívoco “Privatice la electricidad de Puerto Rico”. La descarga de los servicios públicos de Puerto Rico ha sido un sueño del gobierno colonial desde que la depresión económica actual se arraigó en 2006, y el aeropuerto principal de la isla, Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín en el capital San Juan, ya fue vendido a inversores privados hace unos años. Donde la mayoría de la gente ve desastres y penurias, los buitres ven el potencial de una comida.

Así que esas son dos crisis—la crisis educativa y la crisis de la privatización. Luego hay la crisis inmediata causada por las tormentas de septiembre, específicamente la falta de electricidad para la mayoría de los residentes de la isla, combinada con la falta de alimentos y suministros médicos; la falta de todo, de verdad. Eso hace tres crisis, o cuatro, o cinco, dependiendo de cómo lo vea. Luego hay el problema de la asistencia sanitaria, con recortes federales al Medicaid y al Medicare, ademas de el éxodo de médicos y enfermeras muy necesitados. Esas son las crisis sexta y séptima. Luego hay la deuda, más bien deudas—más de $70 mil millones en deuda pendiente y  más de $50 mil millones en obligaciones de pensión—las crisis ocho y nueve. Finalmente, hay la décima crisis— la cuestión del estatus político de Puerto Rico.

Cada una de las primeras nueve crisis funciona independientemente la una de la otra, excepto que cada una de ellas está relacionada con la décima crisis, que es realmente la madre de todos los demás. Es obvio que la Crisis X, el colonialismo, no hundió a Puerto Rico en la oscuridad. Las tormentas lo hicieron. Pero que Puerto Rico no estaba preparado para tomar los golpes, y que la mitad de la isla permanece en la oscuridad hasta hoy, se puede culpar con seguridad el viejo tratamiento del gobierno de Estados Unidos a Puerto Rico como su propiedad personal—”perteneciendo a, pero no parte de”, los Estados Unidos. Lo mismo se aplica a la depresión (que fallé en enumerar como una crisis), y la crisis de la atención médica, y la de la fuga de cerebros, y del desmoronamiento del sistema educativo, y las deudas (una colonia, por definición, casi no tiene control de su economía y su finanzas; si lo tuviera, no sería una colonia). Todas las crisis encuentran sus orígenes en la realidad de que el pueblo puertorriqueño ha sido despojado de la capacidad, y del derecho natural, de decidir su propio futuro.

A saber muy bien que Puerto Rico es un esclavo del gobierno de Estados Unidos y sus intereses comerciales, ¿quien se atreve a fingir conmoción a ver en las noticias de esta semana que los $36,5 mil millones aprobado por el Congreso de Estados Unidos en octubre como paquete de alivio de desastres todavía no ha llegado al pueblo boricua, dinero detenido por 1.500 millas de papeleo? Cualquiera que sí se sorprenda de eso claramente no entiende, fundamentalmente, la naturaleza de la esclavitud de Puerto Rico a Tío Sam, y si realmente no entienden esa relación, entonces él o ella es parte del problema.

Lo cual hace la undécima crisis: la ignorancia pública.