La revuelta catalana: Una experiencia de base

Por Roser Espelt 

La lucha independentista en Cataluña no es nada reciente, aunque esta fue relativamente minoritaria hasta bien entrado el siglo XXI. Cataluña gozaba, igual que todas las otras regiones de España, de cierta autonomía política, subordinada a la Constitución española, cuyo artículo octavo, dice, textualmente, «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional».

Desde el gobierno de la Comunidad Autónoma de Cataluña, el 2004, se impulsa una reforma al Estatut d’Autonomia, aprobado en 1977, que el gobierno central español no acepta. Es entonces cuando la gente, adormecida y partícipe del falso consenso posterior a la dictadura fascista de Franco, empieza a visualizar y socializar a Cataluña como sujeto independiente. El 2009, en Arenys de Munt, un pequeño municipio a unos 50 km de Barcelona, se convoca una consulta sobre la independencia catalana. Esto se expande, y durante dos años, unos 505 municipios organizan consultas similares cuyos resultados siempre se leen en clave de participación y en todos los casos con victorias del sí por más del 90%.

Las plataformas que se crean para organizar estas consultas se expanden y se transforman en la semilla de la Asamblea Nacional Catalana, una organización que agrupa 80.000 personas. Desde el año 2013, la ANC convoca, año en año, a movilizaciones que devienen en el referéndum del 1 de octubre de 2017, con una participación de millones de personas. El 16 de septiembre, comienza la campaña electoral, considerada ilegal por el estado español. Las fuerzas independentistas, civiles y parlamentarias, convocan un acto en la ciudad de Tarragona, al que acuden más e 10.000 personas. Este hecho resulta muy significativo: el pueblo catalán empieza en este momento a demostrar que no reconoce el Estado Español.

La movilización

El día 20 de septiembre las fuerzas del estado español detienen a algunos altos cargos del gobierno catalán y esto provoca una respuesta popular masiva. Cerca de 30.000 personas asedian el cuerpo de la Guardia Civil (GC). Paralelamente, la policía nacional española (CPN) se presentó a la sede la Candidatura d’Unitat Popular, sin orden judicial alguna, dispuestos a entrar. Se activó la solidaridad y miles de personas se concentraron a la puerta hasta que la CPN se retiró, tras 7 horas de asedio.

Ese mismo día, los estudiantes tomaron la Universidad Central de Barcelona, y las asambleas en las plazas, convocadas por la Esquerra Independentista y los Comités de Defensa del Referéndum (CDR), se hacen masivas. Se va gestando la organización para el 1 de octubre. De los CDR sale la propuesta de ocupar los colegios para garantizar que se abran el día del referéndum. Los barrios deciden como ocuparán sus colegios y son los vecinos quienes se ocupan de organizarse. Con la asistencia masiva a los CDR, la ANC, así como el gobierno, se encuentran totalmente superados por la auto organización, viéndose obligados a seguir algunas de sus consignas.

El referéndum

El 1 de octubre, desde la madrugada se concentran miles de personas en las puertas de los colegios, esperando la llegada de la policía catalana, que tenía la orden de cerrarlos. Había familias enteras movilizadas. Cerca de las 8 de la mañana, gente anónima desde dentro de los colegios, con las puertas cerradas a cal y canto, muestra las urnas a través de los cristales. Estas urnas, habían sido objeto de búsqueda de la CPN y la GC las últimas semanas por todo el territorio. Las habían guardado ciudadanos anónimos. 8.000 efectivos militarizados buscando 16.000 urnas y no pudieron encontrar ninguna.

Una hora más tarde empezó la votación. La gente, cuando ya había votado, se quedaba a proteger el colegio para que la policía no viniera y se llevara las urnas. Fue sobre las 8 y algo, minutos después de que el portavoz del gobierno catalán dijera en rueda de prensa que se podría votar en cualquier colegio del país aunque alguno fuera cerrado por las fuerzas del orden españolas, que estas llegan a los primeros colegios en Barcelona. En ese momento empieza un espiral de violencia desatada por los cuerpos policiales en la ciudad de Barcelona (CPN) y de los cuerpos militares (GC) en el resto del territorio.

Aún así, la participación fue masiva. Se estima que, contando los votos que fueron robados por la GC o la CPN, rondó los 3 millones de personas, de un censo total de 5 millones. La victoria del sí, aplastadora: 90% del total. Al cabo de dos días, el 3 de octubre, se convoca una huelga general. La gente llenó primero los barrios y pueblos siguiendo las convocatorias que salían de los CDR, y unas horas más tarde, una gran manifestación recorrió el centro de Barcelona, convocada por los sindicatos.

La movilización popular fue la protagonista. Es en las plazas donde se tomaron las decisiones y los vecinos quienes las ejecutaron. La ANC, cuya cúpula llevaba años apropiándose del discurso independentista tuvo que ir a remolque de la auto organización popular, y por primera vez, se vieron superados y empujados por una movilización que no podían controlar ni comandar.