La Revolución Bolivariana: O revoluciona, o revoluciona

Por Marcela Cornejo, desde Caracas, Venezuela. 

No fue sorpresa que ganara Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales en Venezuela, no lo fue. Las razones son fáciles de enumerar. El chavismo iba unido en esta elección. La oposición fue divida. Además, desgastada por la vía violenta por la que optó el año 2017, que se cobró la vida de más de un centenar de personas; que ocasionó al país pérdidas millonarias con las paralizaciones, el sabotaje a empresas estatales, la quema de cientos de autobuses de transporte público, las amenazas y llamados a la intervención extranjera y sanciones económicas al país de parte de los dirigentes opositores; y el abandono de los diálogos de paz en República Dominicana, entre otras tantas cosas. 

Lo que, realmente, mantenía el suspenso en esta elección, era la respuesta del chavismo, aquel sector que durante 20 años salió en masa a defender su Revolución, que se jugó la vida resistiendo  un golpe de estado el año 2002, que le dio más de ocho millones a la Constituyente en julio de 2017, para lograr salir de la crisis política por la vía electoral y rechazar así la violencia opositora. Ese chavismo también habló en esta elección. Seis millones de venezolanos y venezolanas dijeron SI otra vez al proceso bolivariano, en medio de la crisis económica más brutal a la que ha sido sometido este proyecto político.  

Sin embargo, el voto de castigo a la Revolución fue el de los que se abstuvieron de ir a votar. No salieron a dar su voto a la oposición, tampoco se sumaron a los llamados al sabotaje y a la violencia, solo se quedaron en sus casas, como no lo hicieron en veinte años. Ellos dejaron de creer en esta gestión, no necesariamente en la Revolución bolivariana. Las razones para hacerlo, objetivas y subjetivas, son muchas.  

Las cartas sobre la mesa 

Durante los últimos cuatro años se ha azotado a este pueblo con una inflación que hoy no tiene comparación, ni control de ningún tipo, un almuerzo cuesta 1 millón de bolívares. Un mercado de precios de dólar negro, que solo como muestra, el viernes 18 de mayo 1 dólar rondaba los 700mil bolívares y el día de la elección llegó a 950 mil bolívares (El salario mínimo actual es de 2.555.500 bolívares). En este contexto la delincuencia se ha incrementado, las instituciones no son capaces de dar abastos con presupuestos desajustados a esta realidad y la campaña comunicacional mundial azota una gestión de gobierno, que intenta con programas sociales suplir este descontrol y sabotaje. A esto se suma el desgaste de un discurso que se ha quedado en la denuncia y no en las soluciones a esta crisis, todo esto ha desmoralizado a un sector importante del pueblo venezolano. 

Sin embargo, este pueblo noble que en medio de esta realidad sale a votar y no acepta chantajes, es el verdadero pueblo chavista. Eso es lo que finalmente se midió en esta contienda. La Revolución Bolivariana cuenta con seis millones de mujeres y hombres comprometidos con un proyecto y dispuestos a defenderlo. Es tarea hoy urgente, que en este nuevo periodo Nicolás Maduro, ponga las cartas sobre la mesa, se aboque hacia adentro, dejé de poner en primer plano los fallidos intentos del diálogo con una oposición torpe y rastrera, y atienda la gran tarea pendiente la construcción de un verdadero y real poder popular.