La posibilidad de lucha popular en la Argentina en medio de la crisis local y la pugna intercapitalista global

Por Eduardo Gómez 

La necesidad del capitalismo argentino de volver a solicitar crédito al FMI para seguir funcionando, hace nuevamente evidente su crisis estructural. Pero a la vez, esta crisis en la economía argentina señala no solo la avidez y rapiña propia del capitalismo, sino que indica la incapacidad e insostenibilidad de los proyectos reformistas burgueses para resolver las crisis que el capitalismo genera en los territorios locales, de cómo en cada territorio o país se juega la confrontación de las iniciativas del capital a nivel internacional y de la debilidad de los proyectos de izquierda para avanzar en construir experiencias anticapitalistas.   

Como en otros países, la burguesía argentina se planteó la reestructuración del capitalismo para acomodarse a la fase neoliberal del capitalismo global: adecuando la institucionalidad estatal, privatizando los recursos colectivos, reorientando la economía y precarizando el trabajo y la vida. A medio camino de esa tarea, en diciembre de 2001, también como en otros países de la región, la gobernabilidad burguesa se ve amenazada por la explosión social de fracciones obreras y de clases medias empobrecidas que se reorganizan y luchan. La experiencia de los gobiernos kirchneristas, logró manejar –a través de políticas públicas- ciertas expectativas de cambio y mejoramiento de las condiciones de vida de fracciones populares, mientras que, más allá de su retórica y alineamiento externo antiimperialista y cercano a los BRICs, se continuó expandiendo la explotación capitalista de los recursos –neoextractivismo en la minería, soja y ganadería entre otros- , se afirmó la “gobernabilidad” –dominación- burguesa, y se desarmó la potencia revolucionaria de la protesta social. Por otro lado, sectores capitalistas locales concentrados y ligados al globalismo financiero comenzaron una arremetida política para hacerse nuevamente con el poder político. La despolitización y falta de rumbo político del kirchnerismo, permitió que la derecha tradicional sumara fuerza social propia para acceder al gobierno por la vía electoral. 

El macrismo prometía resolver los problemas del capitalismo local haciéndolo más productivo y competitivo, y para ello contaba con la posibilidad de aliarse íntimamente, a diferencia de los gobiernos anteriores, al sector del capitalismo financiero globalizado. Pero a poco andar, el gobierno se encuentra con una pugna intercapitalista de dimensiones globales, expresada claramente con el triunfo de Donald Trump. En ese escenario, el programa inicial del macrismo se ve fogoneado por corridas cambiarias, financieras e inflacionarias provocadas por la disputa de los grandes centros financieros de poder internacional. Así, la debilidad y crisis del capitalismo local se ve agravada y requiere ajustes para sobrevivir. El reciente acuerdo con el FMI llega como salvavidas pero impone nuevas tensiones y condiciones, que se evidencian en el pase de manos del Banco Central a otra fracción de la banca y el refuerzo de la presencia de grupos capitalistas locales internacionalizados en el gabinete. 

Mientras la experiencia macrista hace crisis, los destacamentos de la burguesía actualmente en la oposición se preparan para ocupar el relevo, para nuevamente “salvar a la república”, clamando por un cambio que suena repetitivo y a una nueva frustración. Obviamente, la variable represiva siempre está a la mano de la clase dominante para evitar cualquier “desborde” popular. 

Por su lado, la izquierda argentina ha logrado constituir una orgánica partidaria propia, crecer en sectores populares e instalarse en la institucionalidad política, pero sigue “prisionera” de la lógica que impone la institucionalidad burguesa y no ha logrado despegarse claramente del populismo y reformismo burgués.  

Si bien las crisis capitalistas no generan de por si las condiciones para que las luchas populares se expresen y consoliden posiciones y conquistas, el escenario local argentino y el contexto de pugna en el capitalismo global abren un “espacio de maniobra” para ello. Su posibilidad concreta dependerá de la audacia que desarrolle el movimiento popular argentino en la lucha y, también, de la capacidad y decisión que desarrollen destacamentos de izquierda por confrontar las salidas reformistas y orientar las luchas hacia la construcción de espacios sociales, económicos y políticos autónomos del régimen burgués imperante.