La frontera que no divide a un pueblo

La desaparición forzada de Santiago Maldonado ha puesto el tema de los Derechos Humanos y el conflicto mapuche, al otro lado de la extensa cordillera, en la primera línea de la polémica publica y abre un flanco de impredecibles consecuencias para el gobierno de Macri, en vísperas de las importantes elecciones legislativas para renovar un tercio de la Cámara de Senadores y casi la mitad de la Cámara de Diputados.

La extensa huelga de hambre emprendida por cuatro presos políticos Mapuches que, en demandaba por un juicio justo, pusieron en riesgo su integridad física. La detención de ocho comuneros  acusados de diversos hechos de violencia y de pertenecer a la CAM —Coordinadora Arauco Malleco—, que serán formalizados por Ley Antiterrorista, ocupan la mayor parte del desarrollo de la agenda política y mediática de nuestro país, en medio de la desatada campaña por el sillón presidencial.

Un Problema de Territorio

No es casualidad de que, a ambos lados del sur del continente, la lucha por la recuperación de las tierras ancestrales por parte de un pueblo, en contra de los intereses de grandes corporaciones, esté en el principal nivel de la agenda pública.

La radicalización de las formas de lucha, la extensión territorial del conflicto —que traspasa fronteras, cuestionando las divisiones impuestas por el invasor—, el poder de los sectores económicos amenazados por la presencia, siempre combativa, del pueblo mapuche y el modelo económico, omnipresente en  casi todo el continente, determinan que los estados de Chile y Argentina desplieguen, casi al mismo tiempo, un conjunto de acciones coercitivas que contemplan, en el ámbito público, medidas políticas y económicas para enfrentar las demandas que las comunidades hacen en ese aspecto y, en el ámbito secreto, acciones represivas con el objetivo de responder a los reclamos empresariales por «mano dura», es decir,  aun mas militarización del territorio.

Un Plan Común

Como «un artificio político para confundir a nuestra gente, eludir y ocultar la responsabilidad histórica del estado chileno en el despojo territorial y genocidio de nuestro pueblo, cuestión que hasta el día de hoy los gobiernos chilenos no han asumido», fue parte de la extensa y contundente respuesta dada por las comunidades Mapuche en resistencia de Malleco al denominado Plan Araucanía, cuyo anuncio fue despachado por Bachelet al finalizar el mes de junio. Días después, recibió la visita del presidente del vecino país.

Sería ingenuo pensar que el tema de la lucha mapuche en ambos países, sus demandas, la peligrosidad para los intereses de los que intentan capitalizar, mediante el desarrollo económico de la zona, y las vías de solución posibles no fueron tocados. La prueba se reveló esta semana  a raíz de las declaraciones del Subsecretario de Interior, Mahmud Aleui, previo a su viaje a Argentina, días después del desarrollo de la llamada Operación Huracán, en donde declaró que su viaje respondía a la necesidad de recabar antecedentes sobre un posible tráfico de armas desde ese país. Más tarde se agregaron, por parte del gobierno, los acuerdos existentes que tienen como objetivo el desmantelar pasos fronterizos no habilitados, que estarían siendo usados con fines desconocidos.

Una Frontera que no Existe

Está claro que, desde hace un tiempo, el pueblo Mapuche —que vive a ambos lados de la cordillera— se está enfrentando a los intereses patronales y terratenientes, protegidos por las fuerzas represivas de ambos países. Si para el pueblo mapuche no existe frontera para los intereses capitalistas, tampoco, de tal manera que es lógico comprender la clara coordinación, ya acordada entre ambos estados, para salvaguardar los intereses de los capitales presentes aquí y allá 

A medida del avance de la organización y la capacidad de lucha, el nivel y la extensión de la represión irá en aumento. Frente a esto, ya no sólo las acciones de solidaridad bastaran sino que, también, se necesita mayor compromiso concreto para demostrar que pueblo chileno y mapuche son hermanos de sangre, de historia, de explotación y de sufrimiento.

Profundización de las relaciones, mayor claridad y conocimiento de todas las demandas y propuestas políticas de construcción del futuro, la búsqueda de la unidad de objetivos comunes que empujen el avance de la lucha de todos por restitución territorial, autonomía política y con libre determinación mapuche, libertad y socialismo.