La deuda que le dejó la Nueva Mayoría a la disidencia sexual

Por María Ignacia Pérez  

11 de Marzo del 2018. Cambio de mando presidencial en Chile. Otros cuatro años de  gobierno de derecha se abren paso, luego de esta constante ida y venida –Bachelet, Piñera, Bachelet, Piñera- de la Nueva Mayoría y Chile Vamos. El Frente Amplio y la Nueva Mayoría le temen a un nuevo 2011, a un retroceso inminente, a la represión, a la pérdida de lo poco que, se supone, habían «ganado». Pero, acaso, ¿es «temor» a este nuevo gobierno? ¿O acaso temen que, realmente, habían ganado nada? 

A la disidencia sexual no se nos olvida cómo en el primer gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010), la ex presidenta se posicionó en contra de la Ley de Identidad de Género y el matrimonio igualitario. No se nos olvida, menos hoy, a días de finalizado su segundo mandato, que estas propuestas fueron parte de su programa de gobierno, y nos volvemos a encontrar con las manos vacías frente a esas promesas.  

¿Era necesario esperar a ser galardonados en el primer mundo por nuestra primera película trans para que, al fin, se le tomase la importancia necesaria a la Ley de Identidad de género? ¿Teníamos que esperar a que Daniela Vega dijera en La Moneda que tuvo que viajar con un pasaporte que lleva un nombre y género que no le corresponden?  

¿Y cuándo Daniela trabajaba en un bar? ¿Y cuándo era peluquera?  

 Material de consumo 

¿Y cuándo las pobres? ¿O Daniela no era importante cuando vivía en la comuna de San Miguel, y solo toma importancia cuando se les olvida que nació hombre y pobre, con un padre trabajador y una madre ama de casa? ¿Y cuándo las que no siguen la norma ni los ideales de mujer? ¿Y cuándo las que se prostituyen, las viejas, a las que matan en las esquinas?  

En este país solo valemos cuando les servimos de propaganda barata para su capitalismo. Cuando somos rostro de meritocracia: «porque Daniela, trans y todo, pudo surgir». Cuando tenemos carita de ángel como Daniel Zamudio: «era un niñito tan bueno para ser gay y de un barrio tan pobre». Cuando somos material para su consumo, para su pena, para sacarse la foto con los pobres y tildar su caridad de compromiso.  

Porque Paloma, mujer adulta mayor trans asesinada a golpes por un hombre de Quinta Normal, no les servía. No les servía porque era pobre, vieja y transgénero, porque ese crimen de odio no vale para ustedes, como nos duele a nosotras. 

 La trampa legal 

¿Cuándo? Si desde el año 1999, el artículo 365 del Código Penal postula que la edad de consentimiento sexual es de 14 años para heterosexuales y 18 para homosexuales; siendo que desde el año 2009 se tramita en el Congreso el proyecto de igualación de las edades. ¿Cuándo? Si tuvimos que esperar a que en el 2012 asesinaran despiadadamente a Daniel Zamudio para que al fin aprobaran la ley que establece medidas contra la discriminación. ¿Cuándo? Si desde el 2008 se ingresó a tramitación parlamentaria el proyecto de matrimonio igualitario y recién en el 2017 se encuentra en trámite en el Congreso Nacional. ¿Cuándo? Si desde el 2008, la primera iniciativa de proyecto de Ley de Identidad de Género entró a tramitación parlamentaria y este 23 de enero, diez años después, la Cámara de diputados al fin aprobó el proyecto y logró avanzar al Senado. 

¿Quiénes? Si los que siempre llevan la “bandera de lucha”, el MOVILH e Iguales, se codean y dan la bienvenida a la derecha en La Moneda. ¿Quiénes? Nosotras. ¿Y quién más que nosotras? Si somos las pobres, las fletas, las travas, las que nos arde y nos duele el cuerpo al ver a otra compañera muerta.  

Es tiempo, sobre todo con la llegada de Sebastián Piñera, que la real disidencia sea la oposición: las fletas, las travas, los y las no binares, las putas, las negras y los no normados y las no normadas. No debemos conformarnos con leyes mínimas, debemos avanzar a la revolución feminista y disidente de la clase popular.