Justicia para Berta Cáceres necesita más que una investigación

Por Héctor Luis Álamo. Traducción por Benjamín Alaluf.

Los asesinos andan sueltos en Honduras. Ha sido así hace siglos, no solamente en Honduras sino a nivel general en Centroamérica y por toda Latinoamérica. La impunidad supera el 95%, los cadáveres aparecen diariamente en Honduras, otro asesinato se suma, el nivel de homicidio se mantiene a un alto nivel y la sociedad hondureña sigue normal, porque es normal, por lo menos para Honduras.

Así que cuando a principios del mes, un grupo de investigadores hicieron una denuncia afirmando que empresarios y agentes gubernamentales habían conspirado en el asesinato de Berta Cáceres, a nadie le sorprendieron las portadas. Pocos hondureños creían lo contrario, aparte de los miembros del régimen golpista y entre la multitud de seguidores traicioneros.

Yo realmente no pensaba que el asesinato fuera meramente otro acto de violencia al alzar (y hay de esos también, muchos, en Honduras). El día que mataron a Berta, sabía más o menos quien lo había hecho y por qué. Y nuevamente, estoy seguro que todo el mundo sabía también, porque por más que el gobierno hondureño intente ser sigiloso, el pueblo de Honduras lo sabe todo.

El pueblo hondureño sabe, como en todo el mundo, las palabras “empresarios” y “agente gubernamental” significa prácticamente la misma cosa, y por casi toda Centroamérica, ambas fácilmente pueden significar “narcotraficante.” Después de que le otorgaran a Berta el Premio Medioambiental en 2015, el mundo sabía de su lucha contra los intereses empresariales en Honduras. Berta también era partícipe de la lucha por los derechos de Lenca, y en ninguna parte del mundo ser luchador/a por los pueblos indígenas te hace amigo/a del gobierno (salvo en Bolivia tal vez).

Es por eso que cuando los hombres armados entraron a la fuerza a la casa de Cáceres en Las Esperanzas en las tempranas horas del 3 de marzo 2016, todo el mundo y sus madres sabían quien los había mandado. Berta misma lo sabía, contándole a Al Jazeera en 2013, “el ejército tienen una lista de 18 luchadores por los derechos humanos y mi nombre es el primero.”

Una investigación independiente era necesaria, aunque solamente para tener los hechos registrados. Pero muchas personas decentes y con buenas intenciones tienen en mente que una investigación de delito fuese a revelar colusión entre los líderes empresariales y del gobierno, ejecutivos perderían sus trabajadores y se les despedirían a los agentes gubernamentales del servicio público. ¿Pero cuándo pasa eso a menos que la investigación se vuelva escándalo internacional como Lava Jato en Brasil? (y aún así, a pesar de una grabación de él participando en la corrupción – su brazo metidísimo en la masa – Presidente Temer se mantiene virtualmente inacusable.

Si tenemos suerte, el sol brillará en Honduras por un momento y a los culpables se les echarán. Pero dudo que veamos jamás justicia para Berta Cáceres, no el tipo que la trajera de vuelta a la vida (lo cual es imposible), y ni siquiera el tipo que asegurase que el Estado nunca se alineara con los capitalistas para cazar a aquellos y aquellas que luchan por los derechos del pueblo. Porque para que haya ese tipo de justicia, Honduras necesitaría algo mucho más grande que una investigación.