El joven combatiente de ayer y hoy

Por Benjamín Alaluf

El 29 de marzo es una fecha de indudable importancia en Chile. Para la prensa sensacionalista, es una jornada de violencia y enfrentamientos entre jóvenes y Carabineros. Pero, para la izquierda, es un día lleno de memoria y reivindicación de lucha.

El 29 de marzo 1984, el joven revolucionario, estudiante del Liceo de Aplicación y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Mauricio Maigret, cae en combate en Pudahuel, mientras cubría a sus compañeros, durante un ataque a la Subcomisaría Teniente Merino. Mauricio murió defendiendo a sus compañeros.

Un año después, los hermanos miristas, Rafael y Eduardo Vergara Toledo, son asesinados, cobardemente, en Villa Francia. Fueron emboscados por Carabineros y, según el peritaje, les dispararon por la espalda, matando inmediatamente a Eduardo y dejando inválido a Rafael. Mientras era trasladado al furgón policial, a Rafael lo remataron. Eduardo tenía 20 años y Rafael 18, al momento de ser asesinados.

Ese mismo día, la joven revolucionaria de 20 años, Paulina Aguirre es, también, cobardemente asesinada por la CNI en su casa en la comuna de Las Condes. Después de haberla asesinado, la CNI puso una pistola cerca del cadáver para hacer aparecer el hecho como un enfrentamiento y estos, siempre, resultaban ser montajes de la dictadura de Pinochet.

Estos 4 jóvenes, combatientes y revolucionarios, trazaron un camino para las generaciones futuras y las del Chile de hoy. Convicción, compromiso y sacrificio, son algunas de las cualidades de un revolucionario o una revolucionaria y, sin duda, los jóvenes combatientes caídos contaban con éstas.

Hoy en día, en la sociedad chilena neoliberal, donde reinan valores antihumanos como egoísmo, individualismo y consumismo, es necesario contraponer valores más humanos y llevarlos a la práctica. La solidaridad y el compromiso son ejemplos de estos valores humanos y revolucionarios que las nuevas generaciones han podido, poco a poco, practicar en la cotidianidad.

Desde la Revolución Pingüina de 2006 y el estallido estudiantil de 2011, los y las jóvenes de Chile, hemos ido comprendiendo que somos nosotros quienes tenemos que cambiar esta sociedad egoísta y convertirla en una más solidaria. Sin embargo, nosotros mismos, también, tenemos arraigados valores antihumanos del neoliberalismo. Es ahí cuando surge la importancia de combatir esos valores internamente.

Hemos visto prácticas nefastas de parte de la izquierda estudiantil, que son reflejo de la sociedad neoliberal en la que vivimos. Hemos visto el acoso sexual entre compañeros y compañeras; el cahuín, como táctica, contra militantes de otras organizaciones; y hemos visto amenazas de golpes entre compañeros, entre otras cosas. A veces, el ego nos permea y no nos permite seguir por el sendero revolucionario y nos quedamos trancados en la lógica neoliberal de la competencia.


Sin embargo, en los momentos más álgidos de lucha, sea en las calles o los desastres ecológicos, es cuando están presentes la solidaridad y el compromiso entre compañeras y compañeros. Esa es la cultura revolucionaria que necesitamos para mejorar como jóvenes combatientes y rebeldes. Es por eso que, recordar a Paulina, Mauricio, Eduardo y Rafael, es muy importante, ya que ellos dieron su vida a la causa revolucionaria y nos sirven como guía valórica y práctica, para ser cada vez mejores como jóvenes revolucionarios y revolucionarias.

Fotografía vía Radio Villa Francia