Inteligencia policial: Corrupción y mentiras

Por Pedro Ruiz 

El nuevo general director de Carabineros, Hermes Soto, estuvo relacionado a un caso de cohecho tan grave que terminó con la caída del Puente Loncomilla, en 2004Lo que en la época fue un escándalo político, pero que no pasó a mayores y la Concertación y la policía minimizaron, hoy vuelve a salir a flote a la luz de los últimos acontecimientos relacionados con la institución, tras la renuncia de su antecesor y el cuestionamiento total en que está la policía uniformadaPor aquel entonces, aún no se sabía del robo de millones de pesos del bolsillo de todos que, más tarde, se convirtió en una práctica en la institución. Tampoco se sabía, a ciencia cierta, que la policía, desde sus aparatos de inteligencia, manipulaba e implantaba pruebas para criminalizar «al enemigo», aunque, para muchos, esto fuera un secreto a voces. 

Una empresa pedía a funcionarios de Carabineros «protección», que consistía en escolta para saltarse los propios controles policiales y poder pasar por el mencionado Puente Loncomilla con sobrecarga, la que, a veces, sobrepasaba en tres veces el máximo permitido, pasando más de 600 veces por dicho puente. La coima consistía en el pago de «viáticos» para los uniformados y se tramitaba directamente entre la empresa y la comisaría de San Javier. La olla se comenzó a destapar cuando el dinero dejó de fluir a los «escoltas» y estos reclamaron.  

Finalmente, el puente se vino abajo. Tres automóviles y una camioneta cayeron al Río Loncomilla. Ocho personas quedaron heridas, pero no hubo muertos. La investigación al respecto concluyó que el sobrepeso fue uno de los motivos por los que colapsó el puente. Tras un tiempo, todo quedó en el olvido, hasta que el año pasado supimos que un gran grupo de funcionarios se estaban llevando miles de millones a los bolsillos. Como remate, tras el intento de implicar a un fiscal y su ayudante, acusando a esta de traspasar información a los acusados de la Operación Huracán, se destapó el más truculento engaño policial, al saberse que la inteligencia uniformada hacía un trabajo sucio, con escuchas ilegales e implantación de pruebas falsas, entre otros hechos. 

 

El broche de oro 

Para quienes conocimos las operaciones y los montajes que hicieron los servicios de inteligencia durante la dictadura, con resultado de asesinatos en falsos «enfrentamientos», desapariciones forzadas, torturas y todo el rosario de recursos a los que recurrían las fuerzas militares, de orden y seguridad, nada de esto se ve extraño. Lo preocupante, aquí, es la verdadera manipulación, para obtener resultados «favorables» que representan las operaciones de inteligencia dentro de esta «democracia», destinadas a buscar culpables donde no los hay y criminalizar las luchas sociales, dejando en claro el alto nivel de corruptela de Carabineros. Esto viene a cerrar una seguidilla de hechos que demuestran cómo trabaja la institución en defensa del sistema, tratando de obtener resultados «rápidos y eficientes», sin importar las consecuencias. Este es el broche de oro. 

A las escuchas ilegales a las que han sido sometidos muchos «sospechosos» —que lo son por el hecho de representar «el enemigo interno», que piensa diferente al bloque en el poder, que actúa socialmente por cambiar el status quo y que es, por lo general, enemigo del capitalismo—, se suma la implantación y divulgación de pruebas falsas. Estas actuaciones policiales han alcanzado, también, a abogados, actores, estudiantes, mapuche y trabajadores, por el sólo hecho de representar una amenaza a la agenda policial. 

Desde un principio se sospechó que los mensajes de Whatsapp de la Operación Huracán eran un invento. Estas pruebas salieron de la imaginación de un grupo de abyectos funcionarios uniformados y un civil, Alex Smith, «el profesor», contratado como experto en informática —en realidad, un profesor de Excel sin la experiencia y el conocimiento que decía tener—, quienes, supuestamente, lograron superar todos los niveles de encriptación y seguridad de las aplicaciones de mensajería y de sistemas operativos de teléfonos móviles tan complejos como Android e IOS, superando a las más poderosas agencias de inteligencia mundial. Sólo otra mentira más, en la cadena de engaños y corrupción