Huracán maloliente

Por Equipo Prensa Irreverente

Hemos visto, una vez más, la criminalización de luchadores mapuche. Detención con mucha prensa, acusaciones espantosas, que luego se pierden por años en la burocracia judicial, y acaban en el cierre de procesos y liberación de los acusados, callada por los medios. La pronta medida de la Corte Suprema interrumpió un ciclo, pero no asegura que no se repita

Para el movimiento popular es importante entender por qué se producen estos hechos, cómo se articulan los factores que intervienen; así aprendemos cómo funciona el Estado represor y qué circunstancias agudizan o frenan sus ofensivas. 

El conflicto central es, sin duda, el del pueblo mapuche en defensa de su tierra; ellos hacen frente al capital que la ocupa para explotarla, y al Estado que presta armas y recursos para garantizar la ocupación, violando su autonomía.

Diversos grupos de poder presionan a las autoridades para proteger sus intereses: empresas forestales, latifundistas, dueños de camiones. Sin olvidar los sueldos y prebendas que reciben las propias fuerzas policiales, verdaderos incentivos para agravar y prolongar el conflicto.

Más alla de la frontera

Pero no son los únicos hechos que pueden influir en la situación. Habría que preguntarse, por ejemplo, a qué acuerdos llegó el siniestro Aleuy con la jefa de la seguridad interna del gobierno argentino. No es casual que, al volver de ese viaje, se  conocieran una serie de acusaciones y medidas contra el pueblo mapuche, como el cierre de fronteras o un supuesto tráfico de armas. Parecía una lista de mandados cumplida con rapidez.

No hay que olvidar que el Estado argentino también enfrenta reivindicaciones mapuche por autonomía en sus territorios ancestrales, y ese gobierno ha elegido una explicación mediática que apunta a «los malos mapuche chilenos», que irían a provocar conflicto a otro país. Argentina debe responder a poderosos grupos de capitales globales, que han ido ocupando retazos enormes de la Patagonia para apropiarse sus recursos, ante las diversas crisis económicas y ambientales que amenazan el mundo.

Operación mediática

Habría que pensar también en la próxima visita del Papa católico, casualmente argentino y reconocido articulador de estrategias y acuerdos entre potencias y otros grandes intereses globales. Se sabe que en Chile uno de sus objetivos es visitar la zona de conflicto mapuche, y la preparación de esa visita y las negociaciones que ya deben estar en curso son sin duda un factor que influyó en las decisiones del gobierno chileno.

También era parte del escenario la situación creada por las denuncias de corrupción al interior de Carabineros, fuerza principal en la represión de las luchas mapuche. La Operación Huracán coincide con el ocultamiento mediático del escándalo, que sigue creciendo, pero ahora en titulares de menor importancia.

Al parecer, Aleuy intentó un montaje que diera en el gusto a todos los implicados, acorde con su estrategia de no reconocer el conflicto político, sino que reprimirlo como delito terrorista.  Pero quizás no era el momento para eso, y otra estrategia se impuso, ante el rechazo de diversas instancias internacionales a la violación de los derechos del pueblo mapuche, en momentos que se acerca la visita papal.

La historia que se repite

El marco general en el Wallmapu no es diferente al que enfrentó el conjunto del pueblo chileno durante los años de dictadura cívico-militar: Ocupación del territorio por una fuerza armada que se proclama nacional, pero actúa como invasor extranjero, respaldando el robo y la explotación de recursos por unos pocos poderosos, cuya única patria es el capital.

A primera vista, parecen invencibles en su jactancioso despliegue, pero la historia enseña que pueden ser enfrentados y vencidos por la lucha popular. Sólo la traición de algunos dirigentes de la izquierda permitió una salida negociada a la dictadura chilena, garantizando impunidad a sus autores.

Sólo el fin de la dictadura del capital, y la existencia de un poder que obedezca a los intereses populares, puede poner fin al conflicto del pueblo mapuche contra el actual Estado chileno y las grandes empresas a las que sirve. Esos objetivos comunes son la base firme para el apoyo y la solidaridad del pueblo chileno con la lucha mapuche por tierra y autonomía.