Si Honduras fuera una democracia

Por Héctor Luis Álamo

Todos los dictadores son intrínsecamente cobardes. Temen naturalmente a la burocracia y al sector empresarial cuyas filas, como todos los dictadores se dan cuenta, están llenas de buscadores de poder tan inmorales y degüellos como ellos. Pero los dictadores temen al pueblo más que nadie, por lo que los dictadores no se detienen ante nada para controlar lo que el pueblo piensa, dice y hace. Bajo la democracia real, los líderes no necesitan dirigir al Estado con una mano pesada para mantener la autoridad y hacer las cosas, porque bajo la democracia real, los alcaldes, los congresistas y los presidentes son simplemente apoderados de los verdaderos poseedores del poder—el pueblo.

Si Honduras fuera una democracia real, Juan Orlando Hernández, su supuesto presidente, no habría necesitado desplegar las fuerzas armadas hondureñas para supervisar los procedimientos electorales, usando soldados uniformados para llevar los materiales de votación de Tegucigalpa a las mesas de votación en todo el país, militarizando todas las salidas y entradas a la capital en el día de las elecciones, ordenando personal armado para estar de guardia fuera de algunos de los puestos de votación, supuestamente por motivos de seguridad, y luego imponiendo un toque de queda cuando el conteo de votos se estancó—todo lo cual con el evidente objetivo de crear un ambiente de intimidación contra todos los que se opongan al régimen.

Si Honduras fuera una democracia real, el nombre de Hernández nunca habría aparecido en la boleta del 26 de noviembre, ya que la Constitución de Honduras prohíbe estrictamente a un presidente hacer cualquier movimiento hacia la reelección. Pero en 2015 cuatro jueces de la Corte Suprema de Justicia de Honduras dictaminaron que el límite presidencial de la Constitución era de alguna manera, y contradictoriamente, inconstitucional. Si Honduras fuera una democracia real, esos jueces no habrían sido los mismos cuatro jueces a los que Hernández, casi tres años antes, como presidente del Congreso Nacional en ese momento, designó como reemplazos a cuatro jueces independientes que se negaron a cumplir a la agenda del Partido Nacional.

Si Honduras fuera una democracia real, JOH (como lo llaman) nunca habría sido presidente en primer lugar, ya que el Partido Nacional contaba con la recién acuñada policía militar para la represión contra los disidentes y otros en la oposición, los miembros de LIBRE principalmente, en las fases previas a las elecciones presidenciales de 2013, que vio a 18 activistas del LIBRE asesinados y algunos de los $330 millones desviados del Instituto Hondureño de Seguro Social utilizados para financiar la campaña presidencial de Hernández—un escándalo que hasta el propio ogro admite.

Si Honduras fuera una democracia real, es muy probable que Hernández y el Partido Nacional nunca habrían llegado al poder en 2009; y el golpe…

Salvador Nasralla, el candidato presidencial por la Alianza de Oposición contra la Dictadura en la reciente elección, que tuvo una ventaja estadísticamente insuperable en la noche de las elecciones, con cerca de 60 por ciento de los votos ya contados, cuando más tarde un misterioso fallo detuvo el conteo—ese mismo Nasralla se convertiría en el presidente de Honduras en 2018, si Honduras fuera una democracia real.

Pero en su lugar, el Tribunal Supremo Electoral tuvo que esperar hasta que Nasralla estuviera en un avión hacia Washington para una reunión con el presidente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para que publicara una declaración manifestando a Hernández como ganador. En el anuncio del domingo pasado, el jefe del tribunal, David Matamoros, él mismo miembro del Partido Nacional, dijo que el TSE había “cumplido con nuestra obligación”, palabras que tiene muchos hondureños preguntando abiertamente: ¿obligación a quién?

Colombia y el vecino centroamericano de Honduras, Guatemala, ambos aliados fuertes de los Estado Unidos, han felicitado a JOH por su reelección, tratándolo ya como un hecho. Y aparentemente después de una cierta presión del gobierno de Estados Unidos, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México emitió también su felicitación pública, que luego el Departamento de Estado de Estados Unidos citó en su propio reconocimiento oficial de Hernández como presidente electo de Honduras.

Saliendo de luto por su difunta hermana quien murió en un accidente de helicóptero durante el fin de semana, el martes JOH lanzó su propia declaración:

“Como ciudadano y presidente electo de todos los hondureños acepto con humildad la voluntad del pueblo hondureño. Considero que no es momento para triunfalismos, tampoco es momento de celebraciones. Sí es momento de agradecer desde el fondo de mi alma a todos aquellos ciudadanos que confiaron en mí, que me apoyaron decididamente. A pesar de la intimidación que ejerció el crimen organizado, las maras y grupos de delincuencia. Aún a pesar de los riesgos personales y familiares, a pesar del arduo esfuerzo que se requirió durante muchos meses del proceso electoral.”

Mientras que los observadores electorales de la Unión Europea están ocupados decidiendo cuánta manipulación electoral es demasiado, la OEA por su parte, y en una grata sorpresa para los defensores de la democracia, ha condenado las recientes elecciones y se ha unido a Nasralla y a la Alianza para pedir nuevas elecciones supervisadas por un grupo imparcial.

“El pueblo hondureño merece un ejercicio electoral que le brinde calidad democrática y garantías”, dice la declaración de la OEA, publicada el mismo día que el TSE confirmó a JOH como próximo presidente de Honduras. “El ciclo electoral que el TSE dio por cerrado hoy, claramente no lo ha sido.”

“Por todo lo explicado, y ante la imposibilidad de determinar un ganador, el único camino posible para que el vencedor sea el pueblo de Honduras es un nuevo llamado a elecciones generales, dentro del marco del más estricto respeto al Estado de Derecho, con las garantías de un TSE que goce de la capacidad técnica y de la confianza de la ciudadanía y los partidos políticos.”

Después de décadas de ser una mera marioneta del gobierno de Estados Unidos, ¿podría ser que la OEA esté comenzando a deshacerse de su papel como una organización de los Estados Unidos y se esté convirtiendo en una organización para todas las Américas? ¡Ojalá que sí!

Pero yo tendría mucha más esperanza si, ante todo, Honduras se convirtiera en una democracia real.