Haití, entre la barbarie y la esperanza

Por Marcela Cornejo

En 1804 Haití se convirtió en el primer país de América Latina en lograr su independencia del colonialismo francésLuego tendría un rol decisivo en las luchas libertarias de nuestra América. Sin embargo, del Haití fuerte, solidario y comprometido de Alexandre Pétion sólo quedan las notas históricas. El pequeño territorio haitiano que alberga a más de once millones de personas, una vez más enfrenta una crisis política que parece no tener retorno. 

El actual presidente Jovenel Moise, fue electo en 2016, en medio de denuncias de manipulación, con solo un 18% de participación del electorado. El descrédito en el sistema político es la principal traba que tiene la institucionalidad actual para obtener apoyo de la población. Descrédito que tiene como puntos clave el robo de millones de los recursos que llegaron a Haití para la reconstrucción, luego del terremoto del año 2010, que dejó más de 220.000 personas fallecidas y un país en el pisoLuego vendría la bochornosa participación de los cascos azules de la ONU, que introdujeron el cólera al país, con un saldo de más de 10.000 víctimas, generando una crisis sanitaria que hundió aún más a ese pueblo 

Pero estos azotes no terminan. El destape de la corrupción en el convenio de Petrocaribe en 2018, puso al actual presidente en el banquillo de los acusados, por su actuar en tiempos que se desempañaba como un próspero empresario.  

Petrocaribe, fue un acuerdo con Venezuela donde había 19 países del Caribe que se beneficiaban por el suministro directo de hidrocarburos del país bolivariano. Las condiciones ventajosas del acuerdo permitían que el Estado haitiano tuviera acceso a una liquidez importante sin las condiciones impuestas por la cooperación clásica. A través de varios informes del parlamento haitiano, la gente se dio cuenta de que hubo un gigantesco desfalco, desvíos, abusos, facilitación para empresas americanas y la utilización de esos fondos para fines privados de la oligarquía local. El acuerdo establecía que parte de los fondos debían ser utilizados en construcciones y vialidad, lo que nunca se concretó.  

El pueblo se volcó a las calles los meses de octubre, noviembre y el 7 de febrero nuevamente se movilizaron bloqueando el 90% de las vías del país, exigiendo la renuncia del presidente, del primer ministro y la disolución del parlamento. Las protestas dejaron un saldo de 26 personas muertas y 77 heridos. 

El pueblo haitiano mayoritariamente compuesto por  jóvenes salió nuevamente a las calles, esta vez, en una lucha no por el poder, no por el gobierno, sino que empujado por la rabia, impotencia y la necesidad de manifestar su malestar. Los jóvenes en Haití ya no creen en el sistema político, quieren empezar de cero.  

En medio de este contexto, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decidió en febrero, con la abstención de Rusia y República Dominicana, terminar en octubre próximo su Misión de Apoyo a la Justicia de Haití. La Minujusthque cuenta con unos 1200 miembros y tiene como misión acompañar a la Policía haitiana, con el fin de evitar violaciones a los derechos humanos. Organismo también criticado por los haitianos, que consideran ha generado un mínimo su aporte a la seguridad de la población. 

En contradicción con lo decisión del Consejo de Seguridad, La Alta Comisionada de los derechos humanos de Naciones Unidas, Michel Bachelet, ha declarado a inicios de abril que «Las protestas de febrero, las más largas y violentas en años, han paralizado al país en su práctica totalidad. El texto sigue,  «queremos seguir comprometidos con el apoyo a Haití para lograr el desarrollo democrático y económico y que defender así los derechos del pueblo de Haití». Las señales del organismo internacional indican otra cosa. 

Haití, está en el desamparo de estas instancias internacionales, sin embargo la llama de la rebelión pareciera estar encendida. La salida, al perecer ya no será un nuevo préstamo del FMI o Banco Mundial, la renuncia del gabinete o el presidente, tampoco unas nuevas elecciones. El pueblo haitiano está tocando fondo, no cree más en los políticos y su institucionalidad, la ruta a seguir hoy está en sus manos.