Gratuidad al servicio de los empresarios

Por Sindicato Único de Trabajadores de la Educación, SUTE  

El 2011los estudiantes salieron masivamente a las calles tras la consigna de gratuidad en educación, significándola como la gran demanda del movimiento social, de los trabajadores y del pueblo pobre. El derecho a la educación no podía estar dentro de las claves o leyes del mercado, sino que debía ser garantizado por el Estado, quien en su rol social tiene que hacerse responsable del desarrollo del saber dentro de su territorio.

El no reparar, con la fuerza suficiente, sobre algunos conceptos, nos está llevando a una coyuntura contradictoria. Por un lado, tenemos a los que defienden las supuestas conquistas sociales ganadas y, por otro, aquellos que aún esperan la concreción de la demanda levantada. Pero vamos en orden. 

La primera contradicción evidente fue la inclusión del concepto de calidad. Cualquier forma de educación debía estar dentro de esta condición. La calidad es un concepto asociado a los procesos productivos, y por lo tanto medible en la gestión. Pero, la educación no puede llevar a una mejora por cambio en los procesos. La visión humanista implica que la formación es integral y, por lo tanto, depende de cada cohorte para poder medir sus resultados. En definitiva, la calidad lleva a la estandarización, y eso es algo que debe sacarse del sistema. 

El segundo elemento tiene que ver con la gratuidad. Esta no implica la aceptación de principios que estén fuera del mercado. Al día de hoy implica, en la práctica, que las familias puedan «ahorrar» en un gasto aspiracional y poder redirigir esos ahorros a otros gastos domésticos. O sea, gratuidad dentro del mercado, gratuidad para seguir consumiendo y no un cambio en el principio y valor humano de la educación. 

Con estos simples elementos debemos preguntarnos sobre esta contradicción; y parece que, si lo que se pide es que no haya más mercado en educación, y el rol del Estado está en cuestión, entonces esto pasa por Estado o Mercado, que parecieran ser los elementos del problema. O se está con el mercado o con el Estado, entendiendo que no nos referimos a este Estado. 

 

¿Libertad de enseñanza? 

Nuestra propuesta ha sido clara. Para poder enfrentar el conflicto educacional actual es necesario generar una unidad en torno a que toda la educación vuelva al Estado. O sea, por un definitivo fin del mercado en educación. 

La reivindicación central no debería ser, tan solo, la educación gratuita. Mientras exista un modelo neoliberal, seguirá existiendo una libertad de enseñanza que, entendida dentro del marco legal, implica que se pueda iniciar como negocio —o como fundación, según las reglas actuales— un servicio educativo. Por lo tanto, estará permitido que haya empresarios en educación, quienes, por sus lógicas, seguirán buscando obtener beneficios pecuniarios de los servicios que prestan. 

Los empresarios, aunque se vistan de fundaciones, seguirán siendo empresarios, y buscarán por todos los medios la obtención de utilidades. Estos implicará desmejorar el servicio, disminuyendo la inversión, bajando los costos, y así obtener utilidades por el aporte del Estado. O disminuyendo el salario de los trabajadores, precarizando el trabajo, tercerizando servicios, eliminando beneficios. Quien piense que los empresarios tendrán una vocación de servicio público y trabajarán por el avance de la sociedad, corre el riesgo de cometer un error histórico que castigará a las generaciones futuras. 

 

¿Oferta o demanda? 

Situados, incluso, dentro de las propias leyes de mercado, tenemos que preguntarnos dónde debe estar asegurada la inversión pública, ¿en la oferta o la demanda? 

Quienes respondan que en la demanda estarán por la educación de mercado, pues permitirán los financiamientos, vía voucher, a los empresarios con fondos de todos los chilenos. Se debería financiar la oferta educativa implicando, necesariamente, que el Estado se haga cargo de su rol, abriendo, manteniendo o aumentando las instituciones educativas para asegurar, con vocación publica, la provisión educativa dentro de valores y, por sobre todo, bajo el marco de un proyecto educativo nacional con un sentido de futuro. 

En conclusión, un propósito elemental debe ser poner fin a la educación de mercado a través de la eliminación de la presencia de empresarios en educación y la vuelta de la educación al Estado, asegurando el aumento de la oferta de educación verdaderamente pública, esto es, con vocación de desarrollo para todo el pueblo dentro de un proyecto de construcción humano.