Fernando Birri. El padre de todxs nosotrxs

por Fernando Krichmar*

Publicado originalmente en:

http://elfurgon.com.ar/2018/01/02/fernando-birri-el-padre-de-todxs-nosotrxs/

El 27 de diciembre pasado, Fernando Birri dejaba este mundo luego de sembrar cientos de semillas en América Latina, con las cuales siguen naciendo producciones documentales comprometidas con las luchas del continente.

Cuando se va alguien por quien se siente amor y admiración es muy difícil escribir. Uno anda con un nudo en la garganta por el dolor y el recuerdo, con la lágrima fácil y mil imágenes en la cabeza. Después, leyendo todo lo que se escribe y todo lo que genera la inmensa figura del maestro Fernando Birri, uno se tienta a hablar de su encantadora personalidad, de su ser poético en casi permanente “estado de gracia”, del cual renegaba aunque lo acompañaba de manera constante. Nos decía en El Camino de Santiago, hablando sobre su gran amigo, el documentalista cubano Santiago Álvarez: “Siempre sostuve que se crea en estado de necesidad o en estado de gracia. El estado de gracia no lo podés provocar porque te viene, está ahí, flota una antenita, te lo detecta y baja… El estado de necesidad, si tu estructura, tu preparación, tu ciencia política, tu ciencia histórica, tu consciencia y en función de eso hacés lo que tenés que hacer. Creo que él fue un egregio representante de eso”.

Sin embargo, más allá de su compromiso y su estudio, Fernando siempre parecía en estado de gracia, en total capacidad de asombro aunque ya fuera octogenario. El solo hecho de recorrer con él el pasillo de la EICTV de Cuba hasta el comedor era una epifanía poética

En el reportaje que le hicimos con Alejandra Guzzo nos contó cómo llegó a la creación del Instituto de Cine del Litoral casi por casualidad y por los rechazos de la “inteligencia” cinematográfica porteña a su guión de “Los Inundados”, con el que desembarcó de la Roma del Neorealismo, donde se formó junto a Gabriel García Márquez, Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinoza, bajo la tutela del gran guionista Cesare Zavattini en el Centro Sperimentale di Cinematografía.

Y esa “casualidad”, ese rechazo sistemático lo llevó a Santa Fe a crear un equipo con el que primero hizo Tire Die, primer documental social de tremendo impacto en todxs lxs que hicimos cine documental desde entonces. O sea, el rechazo de la “industria” del cine lo llevó a crear en “los márgenes” una escuela de cine y allí están sus dos obsesiones: mostrar lo “no cinematográfico” por definición, el subdesarrollo, la miseria, aquello que nadie quiere ver y mucho menos mirar; la otra es crear equipos y garantizar la continuidad histórica de su gesto. Por eso, además fue un excelente creador y un generoso fundador de Escuelas, nunca desde “el centro” y siempre con una consciencia centrípeta, dispersiva, multiplicadora.

Para el citado reportaje -que le hicimos con el Grupo de Cine Insurgente que está casi completo en un material que llamamos El padre de todxs nosotrxs (1)-, le habíamos dado unos días antes, aprovechando que estábamos dando clase en Cuba, nuestra película Diablo, Familia y Propiedad y muchos otros materiales de lo que se llamaba el “cine piquetero” y que daba cuenta de las luchas populares durante los años 1990.

Primero hablamos de su obra, del desprecio del INCAA de ese momento por su obra, de cómo Los Inundados fue duramente criticada y ninguneada por la prensa hasta que ganó el León de Oro en el Festival de Venecia. Al final, sin pedírselo, ya que le habíamos dado el material apenas dos o tres días antes y eran como diez VHS con decenas de películas (le dimos materiales de todos los grupos que conocíamos y con los que articulábamos en diferentes colectivos, como ADOC o Argentina Arde), nos dio una devolución que hablaba de su obsesión por la continuidad de su gesto iniciático: “Me provoca una felicidad y un entusiasmo grande, para volver a usar la palabra con que me provocaste antes. Cuando veo estos trabajos sobre los piqueteros, es como una confirmación de ese momento de euforia, y es difícil tener euforia frente a estos materiales impregnados de sacrosanta rabia, y que no hacen sino poner en evidencia una llaga que cada vez se hace más grande y más purulenta. Euforia no solo por lo que se está viendo, la euforia es por la reacción, por la respuesta ante una situación completamente injusta y me animaría a decir casi increíble. Viendo los diversos materiales que me trajiste, por decir un número después de siete horas de material, uno se pregunta si todo esto no es casi como una reiteración con pequeñas variantes o variaciones de lo mismo y hasta qué punto teniendo este material filmado no sea necesario trabajar sobre los códigos de comunicación para ver cómo este mismo material puede ser renovado en cada una de sus expresiones… Pero hay una reflexión que se me adelanta, que se me impone luego de hacer esta y es que justamente en esto que podría ser el aspecto ‘negativo’, dándole otra vuelta de tuerca aparezca el aspecto más positivo que es una cosa por la cual siempre trabajamos, que alguna vez pareció imposible, que alguna vez pareció que más o menos se conseguía, y que es el audiovisual, el documental, llamálo como quieras, de autor colectivo. Es más, mirándolos en este gran fresco de una parte de la Argentina, de una Argentina que generalmente no está en el cine ‘oficial’, se consigue en esta especie de reiteración de lenguajes de códigos, de formas expresivas, la disolución del autor tradicional, del autor individual, aún del autor en equipo que ya deja de ser un autor individual y que yo me considero en esa tradición, en  esta segunda categoría, pero creo que se da un paso más adelante: el autor anónimo. Viendo uno no es así, viendo dos no es así, porque después aparecen los nombres y qué se yo, pero después de siete horas de ver ese material, secretamente te surge la sospecha feliz de que el autor es anónimo, a pesar de que tiene nombre y apellido. No estoy hablando de eso, como que el famosos espíritu, el soplo, la pasión, la convicción que anima todos estos trabajos como que se disuelve en el autor colectivo. Si es así es fantástico (…) Además, quien asume este tipo de trabajo, quien lo asume de esta manera sea quienes seamos, el hecho de que el autor se disuelva, más allá de la pequeña vanidad personal, ni siquiera vanidad, la satisfacción personal, un poco como decía Ulrico Schmidel en La primera fundación de Buenos Aires: ‘Yo también estuve allí’; esa satisfacción también está, pero yo creo que está de una manera limpia, de una manera esperanzada, de una manera futurista te diría. Está porque yo también quiero estar en ese futuro, todos queremos estar en ese futuro y estas películas, desde el punto de vista específicamente de la herramienta, tienen eso. La lucha por sí misma cómo no te va a dejar todo lo que te puede transmitir esa imagen, pero creo que las dos cosas van juntas. Va junto lo que la imagen transmite y cómo lo transmite, y de esa especie de conjunción de elementos la perspectiva de algo que vuelve a ser nuevo. ‘Un intelectual en cuanto tal debe suicidarse’, esa frase caracterizó al Mayo Francés, tal vez el último pataleo del siglo XX. Yo creo que en estas películas hay una ejemplificación de esto, o mejor, una verificación de esto que te digo, de intelectuales, de cineastas que en tanto tales se suicidan, pero se suicidan para dar nacimiento a una nueva dimensión de lo social y del cine”.

Luego, desde DOCA (Documentalistas de Argentina) lo invitamos al maestro a nuestra segunda muestra (2) y lo homenajeamos a 50 años de esa obra monumental que fue Tire Die. Allí sellamos un pacto para seguir con este gran film anónimo que ya tiene cada año cientos de expresiones en todo el país (3). Nunca olvidaremos su apabullante humildad y su disposición a sumarse a nuestra asociación como uno más.

Este año de lucha en las calles en defensa de nuestro cine y de frenética creación, con cientos de estrenos y rodajes en marcha, fue el mejor homenaje a quien es para nosotros nuestro padre intelectual.

Ahora nos queda superar el dolor de su partida y seguir tratando de hacer honor a su generosidad y su obsesión por la continuidad de la criatura que nos legó: nuestro cine documental.

*Fernando Krichmar es integrante del Grupo de Cine Insurgente de Argentina

 

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