¿Es compatible el modelo de mercado con los derechos humanos?

Por Victoria Cárdenas

Estamos atravesados por la discusión sobre los “Derechos humanos”, la alta comisionada en esa materia de la ONU Michelle Bachelet (ex presidenta de Chile) hace unas semanas asiste a Venezuela a realizar un «examen en terreno» de la situación sobre la “vulneración” de los derechos humanos en ese país, haciéndose el símil de que una sociedad que plantea un proceso de construcción político social distinto al del mundo, es igual a violaciones de derechos humanos. Estos meses han estado marcados por establecer en el mundo completo que en Venezuela existen vejaciones a los derechos humanos, utilizando todo el lenguaje jurídico y con todos los calificativos que se vengan a la cabeza para terminar de satanizar al pueblo venezolano.

Por otra parte, tenemos a Chile, paralelamente que salía el informe de Bachelet, en nuestro país aparecía en la prensa un informe lapidario, que estuvo más de 6 meses rondando entre diversas autoridades públicas sin que nadie se hiciera cargo de lo que los números de ese papel revelaban, ¿sobre qué versaba? Eran las atrocidades que ya todos sabíamos pero que preferíamos no mirar, en el 100% de los establecimientos del SENAME (Servicio Nacional de Menores) existe algún tipo de vulneración de derechos a niños, niñas o adolescentes, sí, en el 100% de los centros administrados por el Estado (datos oficiales de la Policía de Investigaciones de Chile); y los que son administrados por privados existe en un 88% de los establecimientos, vulneraciones de derechos y garantías a los/as niños/as . Jamás, en todo el informe versa una “violación a los derechos humanos” como lo hemos visto cuando se toca el tema de Venezuela, ni siquiera en los medios de comunicación; niños, niñas y adolescentes no sólo están siendo vejados, vulnerados, humillados, sino que también abusados hasta su muerte.

Ante esta distinción, entre el trato de una situación política/social con la otra, ¿Estamos verdaderamente hablando de «Derechos Humanos»?, cuando se hace esta distinción entre las dos realidades, ¿quiere decir que hay personas más importantes que otras? ¿cuál es el criterio que lleva a distinguir a aquellos que pueden morir y los que «merecen ser salvados»?, Si la pregunta anterior nos lleva efectivamente a responder que existen criterios para distinguir ¿Cómo caben los derechos humanos aquí? ¿es una cuestión de derechos humanos?, o ¿es una cuestión de mercado?

Para poder entender el contexto en el que estamos debemos volver un poco más atrás, desde que las cualidades esenciales del ser humano fueron tratados como «derechos» les entregamos la posibilidad o no que sean reconocidos por un estado o un ordenamiento jurídico, entendiendo que estos conceptos como tales se empezaron a desarrollar como «libertades» o “garantías”. Que mejor para una sociedad donde ponía en el centro el desarrollo de las cosas por sobre las personas que darles esa categoría a los valores esenciales que permite la subsistencia de toda una comunidad, tenemos el preámbulo de la “Declaración universal de Derecho Humanos” que establece como “base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. 

Sin embargo, esto no pretende ser una exposición de derecho catedrático, sino que justamente debemos comenzar por cuestionar el hecho de como al final fue derivando ese “ideal” dentro de un contexto material en el cual se desarrollaron los estados, comprendiendo que los Estados defienden intereses de sectores, por tanto el ordenamiento jurídico, el “pacto social”, los derechos y deberes protegen y esconden esa mano oscura que a simple vista no se ve, pero que surte sus efectos al momento de discutir cuestiones tan esenciales como el derecho a la vida, a la integridad física y psíquica, sobre todo de aquellos sectores de la sociedad que no pueden hacerlo por sí mismos. En nuestro caso (y como en la mayoría del mundo) los estados se han construido como un elemento más del mercado y por tanto dirigidos y liderados por los empresarios.

Se debía al final poner precio, aunque no de manera abierta, sino de forma solapada, para que pudiéramos asimilar la consigna general que se desprenden de los tratados y convenciones que establecen que «los derechos humanos son generales, inherentes a la persona humana, por ende, no se pueden renunciar ni transferir a otra persona ni transarlo en el mercado e inalienables”

Debemos sacar esa venda que nos pusieron cuando los mismos que sostienen el modelo vulnerador de la vida comenzaron a hablar de «Derechos humanos», ¿son compatibles los derechos humanos con el modelo de mercado?, claramente ha quedado en evidencia que no, y es cuestión que hagamos el siguiente ejercicio analítico:

¿por qué tenemos informes sobre «violación de derechos humanos en Venezuela» con autoridades de todos los sectores férreos defensores del mercado tomando ese informe como argumento central de su posición política?, pero no se menciona en el informe ni ninguna autoridad política se refiere a que es una violación grave al derecho a la vida que existan naciones que se nieguen a entregar las medicinas necesarias para que una persona pueda tratar su enfermedad por el solo hecho de intentar desestabilizar a un país, porque Venezuela no está pidiendo que les regalen los medicamentos, sino que poder seguir comprándolos como antes de que EEUU decidiera establecer sanciones a las empresas que comerciaran con ellos. Qué clase de “Defensores de Derechos Humanos” tenemos aquí que deciden cuando a un pueblo puede llegarle comida o no, sin embargo, se va a la casuística, a buscar de qué forma en nombre de los “Derechos Humanos” deslegitimar un proceso, pero lo más complejo de todo es que los que están acusando que no se hace en Venezuela, tampoco lo están haciendo en sus países, como por ejemplo los mandatarios del Grupo de Lima.

Otro ejemplo, veamos los verdaderos campos de concentración de personas en la frontera de México con Estados Unidos, o aquí mismo en Chile, cuando se decreta que se pueden expulsar aquellos padres/madres migrantes, aunque sus hijos sean de nacionalidad chilena.

Y así podemos ejemplificar cómo se toma la decisión directa, de los que dirigen los Estados, en defensa de lo que los empresarios (que son los que verdaderamente mandan) de cuándo se aplican o no los derechos humanos. Así la vida se ha vuelto parte del comercio, un bien transable, un bien disponible; en contraposición a todos los tratados, cartas, convenciones de derechos humanos, que establecen que jamás los derechos humanos podrán tener aquellas características. Algunos dirán que pareciera que estuviéramos haciendo un juzgamiento de «Dios» o de una fuerza supra humana, una equivocación o un accidente. Pero basta mirar un poco más allá, y darse cuenta que son decisiones de plena consciencia.

Estamos hablando de personas de carne y hueso, que deciden quien vive y quien no, con el criterio de si sirven o no para desarrollar su producción y hacerse más ricos, a través de robar lo único que tenemos, nuestras energías y cuerpo para venderlo en sus empresas. Esto si lo vemos dentro del marco global, distinguimos aquellos que son “útiles» o «inútiles» para ese proceso de acumulación.

Por tanto y no perdiéndonos del foco, en Chile el Estado ha decidido no hacerse cargo de los miles de niños que viven en esas condiciones, y sí, para ellos es más importante hablar de Venezuela porque la pugna con ellos es política ideológica, pero no estamos hablando de una cuestión de “Derechos humanos”, bajo una muy breve ejemplificación vimos que lo que buscan los empresarios no es un mayor respeto y promoción de estas garantías, sino que poder desarrollar sus negocios a costa de los derechos humanos.

Ahora, viéndolo desde mi punto de vista,  lo expuesto anteriormente no es que «estemos en contra de los derechos humanos», sino que al revés, defendemos la posibilidad de un sistema verdaderamente humanista, entendido esto como la comprensión del desarrollo y protección real del ser humano en todas las áreas, para eso no se trata solo de buenas intenciones o de discusiones leguleyas, sino que es con un valor absoluto de comprender que un cambio real del modelo es la única forma que nos queda a los/las explotados/as para poder vivir, sin que otros decidan cuando podemos vivir o morir y en qué condiciones debemos desarrollarnos.

Por tanto, llegó el momento también de comprender que la “violación de los derechos humanos” por lo menos en nuestro país, no es cuestión del pasado, sino que es un elemento intrínseco del modelo de mercado, que cuando aquellos que apoyaron la dictadura hoy nos hablan de derechos humanos, es contradictorio en su esencia, porque no podemos apoyar el modelo de mercado y estar a favor de los derechos humanos, ya que es el mismo mercado quien ha tratado al ser humano como un bien disponible, transable y comerciable, quitándole cara, nombre y vida.

Solo como anécdota, he tenido el privilegio de estudiar la carrera de derecho, donde en la formación académica me tocó la posibilidad de compartir con tremendos profesionales que han dedicado su vida a defender los derechos humanos con las herramientas que se han podido tener al alcance, y nunca olvidaré a una de mis profesoras cuando en clases de derechos humanos nos hablaba de la importancia del «Estado de derecho» como garantía mínima que podemos tener para el respeto y promoción de los derechos humanos, nos comentaba en clases la frase que nos quedó a todos los estudiantes «si no hay Estado de derecho, que dios nos ampare»; pero ahora me pregunto, ¿y si es el Estado de derecho quién vulnera los derechos humanos?, ya no cabe dios que nos ampare, sino que me surge aún más la convicción que solo entre los que estamos cotidianamente sufriendo las consecuencias del modelo somos los únicos que podremos realmente ampararnos.