En septiembre renace un pueblo

Por Reinaldo Vives

Ante un nuevo 11 de septiembre, es inevitable que los trabajadores y el pueblo hagamos un balance de lo ocurrido; de lo que habíamos logrado y de lo que nos arrebataron; de la brutalidad que nos golpeó y de la decisión con que respondimos. Para algunos, el pasado es nostalgia por lo perdido, y dolor por los costos de resistir y persistir en la lucha. Para nosotros, el pasado contiene lecciones y ejemplos que enriquecen nuestra mirada hacia el futuro; por las cosas que fuimos capaces de hacer, y por las que aprendimos a evitar. 

Para los revolucionarios1973 marca el punto más alto de un largo ciclo de luchas obreras y populares, de múltiples experiencias de organización y de movilizaciones de los más diversos sectores. Desde las luchas de los artesanos contra la invasión de manufacturas inglesas, a mediados del siglo XIX, pasando por la organización obrera en los años posteriores a la Guerra del Pacífico, hasta llegar a los Comandos Comunales y el Poder Popular como tareas inmediatas en 1973, el pueblo chileno hizo un largo y heroico camino. 

En ese largo recorrido, tanto los modelos económicos como las formas políticas de nuestro país se modificaron; por coyunturas internacionales, pero sobre todo por efecto de las luchas del pueblo. En cada periodo de su desarrollo, las organizaciones populares adaptaron sus formas de organización y movilización a las condiciones políticas, las correlaciones de fuerzas y a los acuerdos alcanzados por sus diversas direcciones. Fue un largo ciclo de aprendizajes, de ensayo de variadas fórmulas, muchas de las cuales tienden a olvidarse. 

Tras la ocupación militar de territorios bolivianos, llamada “guerra del Pacífico”, ocurrió la primera industrialización. Extraer salitre del desierto obligaba al traslado de miles de trabajadores con sus familias, y  a proveerlos de los consumos necesarios. Se construyó a lo largo del país muelles y líneas férreas, industrias de ropa y alimentos, herramientas, repuestos y otros insumos industriales, que iban luego por barco y tren hacia el norte. En todos esos lugares, grupos de obreros se reconocían como clase, aprendían a organizarse y luchar por sus derechos. 

Entre los inmigrantes atraídos por las faenas llegaron muchos anarquistas, trayendo con ellos sus experiencias. Ellos sembraron las primeras semillas de rebeldía y organización. Se instalaron a lo largo del país, en industrias, puertos y ferrocarriles e iniciaron la organización del pueblo. Crearon poderosas organizaciones, impulsaron grandes luchas. Por lo mismo, la burguesía respondió con  la habitual violencia, desatando una verdadera carnicería de luchadores populares. 

En marzo de 1902 se produce la huelga de tranviarios de Santiago, con gran participación de las cobradoras; en abril de 1903, huelga de portuarios y marítimos de Valparaíso; la represión deja más de un centenar de muertos. Al mismo tiempo se producían grandes huelgas del carbón, que reprime el ejército y un buque de guerra. En octubre de 1905, la “huelga de la carne” reúne a más de 30 mil personas durante la “semana roja”. Como en otros casos, los muertos suman centenares, sin que haya posibilidad de saber la cifra exacta. 

El 1º de mayo de 1904 se funda en la zona del salitre el Centro Libertario “Luz y Libertad”, que publica el periódico “El Obrero Libre”, primera voz de los anarquistas de la pampa. En 1906 van a huelga los trabajadores del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, apoyados por la Combinación Mancomunal de Obreros. El 6 de febrero, un mitin en la Plaza Colón terminará en masacre concentenares de víctimas; 10 de febrero volverían los trabajadores a sus puestos. En 1907 se producirá la “la huelga grande de Iquique”, conocida hoy como “Masacre de la Escuela Santa María”. Como sabemos, también en este caso la autoridad prefirió la masacre antes de ceder a las demandas obreras. 

La enorme cantidad de muertos en las sucesivas masacres debilitaron la influencia de los anarquistas; su estrategia original, de acción directa contra el Estado, usando todas las formas de lucha a su alcance, fue quedando en el olvido. Aunque seguirán presentes en las luchas populares, otras fuerzas políticas, tendrán el protagonismo en las décadas siguientes,con otras estrategias. 

La Primera Guerra Mundial trajo grandes transformaciones en el mundo y en Chile. Se acaba el ciclo del salitre y se plantea un nuevo ciclo de industrialización para sustituir las importaciones. La oposición conservadora y la creciente movilización de sectores populares afectados por la extensa crisis, obliga a una profunda modificación del Estado. Los militares imponen la Constitución de 1925, pero sólo en el año 39 se creará la CORFO, que impulsará la modernización de la industria local. 

Pero la Gran Guerra había traído también la Revolución Rusa, demostrando que era posible para los trabajadores organizados tomar el Poder político y administrar un gran país, lo que da un impulso nuevo al movimiento popular. Los partidos que asumen el proyecto comunista en nuestro país, el Partido Obrero Socialista, primero, Partido Comunista más tarde, gracias a ese prestigio logran la conducción de organizaciones y luchas populares. Lamentablemente, apegados a las líneas emanadas desde la Unión Soviética, optan por formas de lucha institucional y reformista, esperando que lleguen las “condiciones objetivas” que harían posible una revolución en Chile. 

Durante años esta conducción reformista intentó llegar al gobierno, y fracasó. Participó en los gobiernos de Frente Popular entre los años 1936 y 1941, pero en 1947, terminada la II Guerra Mundial, el imperialismo norteamericano y  la burguesía local exigen poner fuera de la ley al Partido Comunista. Este continúa su actividad, pero se limita a luchar por la conducción de los grandes sindicatos obreros y las centrales sindicales, con una orientación gremial y gradualista. Tan sólo en 1970, tras cuatro tentativas electorales apoyando a Salvador Allende, lograría otra vez su objetivo de llegar a la presidencia. 

Pero para esos años también había triunfado la Revolución Cubana, mostrando que había otra forma de tomar el Poder por el pueblo, y había surgido en Chile una nueva izquierda, revolucionaria, que retomaba estrategias de acción directa, de lucha contra el Estado, mostrando su disposición al uso de la fuerza armada; Esa corriente revolucionaria, sumergida por años ante el avance del reformismo, unifica las variadas tendencias que la componen, logra la conducción y radicalización de diversas luchas populares, de pobladores y pobladoras, estudiantes y jóvenes, mapuche y campesinos pobres, pequeños sindicatos y trabajadores no organizados, los que llamó “pobres del campo y la ciudad”.  

Se constituyó un nuevo sujeto político, que impulsó un programa revolucionario que fue ganando amplios sectores de la clase obrera y el pueblo. Tomando en sus manos sus centros de trabajo, estudio y vivienda, toman por fin en sus manos su propio destino. Se deciden a avanzar más allá de lo que el reformismo creía posible, comenzando a crear gérmenes de Poder Popular y planear el avance hacia el socialismo. La burguesía chilena, una vez más, con el apoyo y el impulso del imperialismo, cortará este camino con la histórica brutalidad que se le conoce. 

En 23 ocasiones a lo largo de la historia los ricos mandaron masacrar al pueblo para reprimir sus luchas, pero cada vez renació su rebeldía, con formas y fuerzas nuevas. Así lo haremos una vez más; recordaremos las enseñanzas del proceso revolucionario interrumpido por las armas en 1973, retomaremos sus objetivos, su independencia, su decisión de lucha. Honraremos a los caídos y daremos continuidad histórica a sus sueños. 

Superaremos el reformismo, que pretende diluir nuestras luchas, viejos progresismos que no son más que máscaras pintadas de la dominación burguesa, nuevos progresismos que crean la ilusión de humanizar un sistema esencialmente inhumano. Los estudiantes salieron a las calles, los trabajadores luchan cada día, las mujeres encontraron su fuerza y su camino, los mapuche resisten a la ocupación de su tierra. 

Avanzaremos a una sociedad de trabajadores, de comunidades populares organizadas, de solidaridad y justicia. 

¡Con todas las fuerzas de la historia, construyendo el futuro!